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28/02/2020 15:34 CET | Actualizado 28/02/2020 15:34 CET

#MásMujeres

La historia se vive por muchos, pero se escribe por pocos, de ahí la necesidad de corregir imprecisiones y enmendar injusticias.

igoriss via Getty Images

Conocer la existencia de directoras de cine jamás fue un problema para mí. El cine es un componente sanguíneo en mi familia y, a decir verdad, a finales de los ochenta y principios de los noventa era fácil criarse con películas de Nora Ephron, Penny Marshall, Mimi Leder, Jane Campion o Nancy Meyers. Cineastas mujeres y cinefilia nunca fueron incompatibles. 

Sin embargo, no tardé mucho en advertir que yo iba contracorriente, que la generalidad de mis compañeros pensaba en las mujeres como entes domésticos o casi místicos, y que la mixtura de dirección cinematográfica y mujer se presentaba punto menos que esotérico. 

No obstante, para mí no era así, jamás lo fue. Agnès Varda, Pilar Miró, Cecilia Bartolomé o Leni Riefenstahl formaban parte de mi universo cinematográfico cuando esos nombres remitían a una realidad alternativa. Pronto entendí que otras muchas mujeres participaban en la escritura de guiones, en el montaje, en tantas y tantas novelas que daban lugar a argumentos para películas. Pero cuanto mayor era mi avidez por desvelar todos aquellos misterios, y más amplias mis sospechas de que existía algún interés subyacente en querer ocultarlos, más parco era el conocimiento e interés de mis coetáneos (y coetáneas) con respecto a ellas. No fueron pocas las discusiones acaloradas que mantuve con tirios y troyanos respecto al papel de la mujer en la sociedad en general, y en el cine en particular, pero de todas aquellas confrontaciones lo único que se hacía evidente era la implacabilidad de su cerrazón. En mi adolescencia entendí que, para mis semejantes, encontrar una mujer directora era menos plausible que poder levitar.

Por fortuna, las futuras generaciones no pensarán así. No podrán porque la cultura y la educación habrán conformado en ellos un conocimiento lo suficientemente extenso y profundo como para comprender que la vida va más allá de las ideas preconcebidas. Los estereotipos terminarán por ceder, del mismo modo que lo hicieron en la conducción, la medicina o el acceso al mercado laboral.

La historia se vive por muchos, pero se escribe por pocos, de ahí la necesidad de corregir imprecisiones y enmendar injusticias.

Precisamente, esta semana se ha hecho pública la iniciativa #MásMujeres, una colección de cintas realizadas por directoras para que las nuevas generaciones puedan tener acceso al trabajo de distintas cineastas. Lo más relevante de esta colección es, desde mi punto de vista, que permitirá que los jóvenes desarrollen un punto de vista crítico con respecto a la representación de la mujer en el cine. A través de un acuerdo entre Aulafilm, una plataforma de cine para centros educativos, y CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales, se ha propuesto este proyecto para poner en conocimiento de los jóvenes las barreras que encuentran las mujeres a la hora de afrontar una carrera audiovisual, al tiempo que despertar el interés en toda una generación de jóvenes que verán natural, y no enigmático, el acceso de la mujer a la profesión cinematográfica. 

En virtud de ello, a partir de marzo Aulafilm propondrá una serie de nueve películas españolas, tanto de ficción como documental, dirigidas por mujeres, entre las que se encuentran Estiu 1993 (Carla Simón, 2017), Júlia Ist (Elena Martín, 2017), María (y los demás) (Nely Reguera, 2016), Flores de otro mundo (Icíar Bollaín, 1999), La novia (Paula Ortiz, 2015), La propera pell (Isa Campo e Isaki Lacuesta, 2016), Las Sinsombrero (Tania Balló, Serrana Torres, Manuel Jiménez Núñez, 2014); Boxing for Freedom (Silvia Venegas y J. A. Moreno, 2015) Las maestras de la República (Pilar Pérez Solano, 2013). Temas diferentes, enfoques variados y aproximación a la realidad desde muy distintos puntos de vista, como debe ser.

Este catálogo, que mensualmente se irá ampliando, será accesible tanto de manera online como en salas, y también contará con recursos pedagógicos que aporta CIMA como apoyo a la labor docente. 

Los estereotipos terminarán por ceder, del mismo modo que lo hicieron en la conducción, la medicina o el acceso al mercado laboral.

Como profesora, uno de los mayores retos a los que me enfrento año tras año es a hacer que los estudiantes comprendan que la historia se vive por muchos, pero se escribe por pocos, de ahí la necesidad de corregir imprecisiones y enmendar injusticias. Por eso he convertido en batalla personal recuperar para ellos a las directoras que también conformaron nuestro patrimonio cinematográfico, sin las cuales la historia del cine tendría bastante poco de cine y mucho menos de historia.

Por suerte, insisto, proyectos como este contribuyen a perfilar unas nuevas generaciones con mayor acceso a la información y, sobre todo, menor sesgo que escore su percepción del mundo desde la infancia. 

Porque paso a paso, entre todos, conseguiremos un futuro en el que al fin haya espacio para #másmujeres.

 

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