La enorme casualidad que cambió la vida del niño de 'Adú'

Moustapha Oumarou protagoniza la cinta con más nominaciones a los Goya.
Moustapha Oumarou en un fotograma de 'Adú'.
Moustapha Oumarou en un fotograma de 'Adú'.

En el cartel de la película Adú, una de esas pocas que salvaron su proyección en los cines antes de la pandemia y una de las favoritas para los Goya con 13 nominaciones, resaltan dos rostros inmensamente conocidos en el cine español: el veterano Luis Tosar y Anna Castillo, una de las actrices de moda de los últimos años.

Sin embargo, el protagonista que da nombre a la cinta es otro. Adú es Moustapha Oumarou, un niño de seis años que encarna el drama migratorio de la cinta en su huida de Camerún hacia España pasando por la frontera de Melilla.

Para emprender su viaje, Adú se colará en la bodega de un avión junto a su hermana mayor y se encontrará por el camino con Massar, un joven en su misma situación con el que compartirá peripecias.

La vida de Adú en la cinta está acompañada, en gran parte, por las casualidades. Y esas mismas casualidades también las experimentó en la vida real el actor que lo interpreta. Según contaron en varias entrevistas el director Salvador Calvo y la directora de casting Cendrine Lapuyade, ambos se trasladaron a la República de Benín, una de las localizaciones del rodaje para encontrar un niño que les pudiese dar la autenticidad del personaje. El protagonista tenía que ser africano.

“A los seis años no son capaces de hacer otra cosa que interpretarse a sí mismos y alguien que solo lo parezca no resulta creíble. No vas a encontrar en España a un niño actor que sepa, con naturalidad, andar descalzo, caminar por la selva, comer con las manos, dormirse en un cartón... Un montón de cosas. Un adulto puede, pero un niño no”, cuenta el propio Calvo en una entrevista con El Periódico de Extremadura.

Tras un mes y medio de búsqueda por las escuelas, decidieron ir más al norte, a una región un tanto conflictiva cercana a la frontera con Níger, allí se toparon con Oumarou, tal y como cuenta el equipo en el vídeo del making of. Según recogen medios como Nius, este les dijo: “Oye blancos, ¿vosotros qué hacéis aquí, a qué habéis venido?”. Este desparpajo les dejó claro que ese era el niño que estaban buscando.

La autenticidad de Oumarou traía otros inconvenientes: no tenía idea alguna de interpretación ni tenía idea alguna de qué era el cine. Para ello se ayudaron de la coach y actriz Bella Agossou, beninesa de nacimiento que se trasladó a España en 2002 y que ha participado en cintas como Palmeras en la nieve (2014) o Tengo ganas de ti (2012).

Ella le ayudó con el idioma y enseñó al pequeño Moustapha a interpretar con una serie de códigos para identificar las emociones: código uno, serio; dos, sonreír; tres, triste; cuatro, enfadado. Con estas indicaciones de Agossou y el resto del equipo, Oumarou consiguió interpretar el papel de Adú, aunque para el papel tuvo también que aprender a nadar.

“Sabía leer y escribir, el guion se lo contaba como si fuera un cuento, pero no sabía lo que era un elefante porque en su zona no había, ni un avión. Cada vez que pasaba uno se quedaba paralizado mirando al cielo”, cuenta Calvo en la entrevista de El Periódico de Extremadura.

Las historias reales que inspiraron la cinta

Moustapha tenía toda “la verdad” que buscaba, pero no es el personaje en el que se inspiró Calvo para esta película. Adou fue el nombre de un niño hallado en 2015 una maleta en la frontera de Ceuta con Marruecos y el nombre por el que optó Mediaset para la cinta.

Calvo estaba concienciado con la lucha de los migrantes que llegan en patera a las costas españolas gracias a que su pareja trabajaba de voluntario en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). “Todos los días nos iba contando historias absolutamente alucinantes, espeluznantes, dramáticas y algunas apasionantes”, relata en la web de la organización.

Precisamente de ahí sacó la historia de Adú y Massar. Nassis era un niño de seis años que llegó en patera “con su supuesta madre y dos hermanas”. “Al cabo de unos días descubrieron que no era hijo de esa supuesta madre, sino que era parte de una red de tráfico de órganos”, detalla el director en la página de la CEAR.

La otra dura historia que también se muestra en la película es la de Massar, el joven que acompaña a Adú en su travesía. En su caso, guarda más parecido con la realidad del joven Yean. “Yean iba huyendo de las violaciones de su tío, cruzó todo el desierto del Sáhara solo. Terminó en Libia como esclavo, estuvo durante dos meses allí, y al final se escapó y de ahí llegó a Marruecos, donde prostituyéndose consiguió el dinero para pagar la patera”, señala Calvo. Tal y como él mismo contó en El Cultural, el joven murió de SIDA apenas una semana tras llegar a España.

Más allá de estos nombres concretos, para el director, la historia de la película puede tener mil rostros y sirve para poner “cara y nombre a los fríos números”.

“Donde hay un sueño, hay un camino”, reza el eslogan de la película. El camino de Omarou es estar ahora escolarizado y haber llegado a conocer a Patrice Talon, presidente de su país. El cine, sin duda, le ha dado una oportunidad que no tienen otros.

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