Cómo nace 'Salvar al rey', el documental-dinamita de HBO

Cómo nace 'Salvar al rey', el documental-dinamita de HBO

"Cuando lo ves todo junto, pasito a paso, te espantas bastante y sientes un grito interior que dice, ¡Viva la República!".

'Salvar al rey', de HBOMax.HBO MAX

Sinceridad, ante todo: me dispuse a ver Salvar al rey, el documental de tres episodios que emite HBO con los prejuicios, audiovisuales en este caso, que tengo. ¿Por qué? Pues porque detrás estaba una productora como Mandarina Producciones, (empresa filial de Mediaset España). Lo realiza Campanilla films, que es un gajo de esa productora. Mandarina produjo Salsa Rosa, que a mi juicio era zafio, produjo Enemigos íntimos, que también lo era, y otros tantos programas para Mediaset que no eran precisamente el tipo de televisión que yo destacaría como edificante. Al frente de Salvar al rey está, Santi Acosta, veterano presentador de este tipo de formatos. Lo que me chirriaba era la marca que lo amparaba, HBO, que pese a no ser ya tan incontestable como en aquellos tiempos en los que su lema era “Esto no es televisión, es HBO”, sigue siendo una firma prestigiosa.

Al principio, esa puesta en escena un poco de true crime, ese ambiente siniestro, con luz tenue, en el que se desarrollan las entrevistas, ese mundo un poco sórdido que pretende mostrar el tipo de realización, me echó para atrás y me apresuré a demostrarme que tenía razón. ¿Ves?, tal y como pensabas, amarillo total. Pero de pronto la pantalla me lanzó un dardo y luego otro, y luego una ráfaga de metralleta, y un cañonazo, y una bomba, y otra y otra, y ya enseguida un B 52 cargándose mi mirada tendenciosa. Y me la fui envainando.

Así que aquí va mi diagnóstico: los tres episodios de Salvar al rey son brutales. Es dinamita. No hacen concesiones y son el resultado de una investigación minuciosa y combativa. El documental es pormenorizado, sangrante, te pone de un pésimo humor a poco que tengas un mínimo de decencia personal, te escandaliza, te mantiene alerta, te hace preguntarte cosas, te cuenta una parte de la historia de la monarquía, la transición, el periodismo abracadabrante, que ahora los más descreídos nos dicen que sabíamos, pero que no.

Se oyen por PRIMERA VEZ los audios famosísimos de Bárbara Rey con Juan Carlos I, que ponen de manifiesto su conocida relación íntima. Sale Queca Campillo, una mujer cuya existencia desconocía, que también fue amante del rey durante una pila de años. Salen otras amantes con nombres y apellidos, sale gente de los bajos fondos del Estado, exagentes del CSID contando cosas alucinantes. Pero lo que importa es el relato en su totalidad y la cara de pazguato que se te queda después. No quiero hacer spoiler, recomiendo que lo veáis.

Tras verlo decidí que tenía que saber cómo sale esta historia, cómo nace, por qué a Santi Acosta se le ocurre ponerse, cómo ha sido posible ese acercamiento a la más oscuro, a lo más desconocido, cómo se ha llegado a los audios famosos, si los asuntos que se cuentan no son constitutivos de delito, etc. Así que llamé a varios de los guionistas (rendida a vuestros pies desde aquí: Gracia Solera, Hilario Portales, Marta Trigo, Juan Carmona, Diego Alfaro) y después llamé al propio Acosta para preguntarle. No nos conocemos personalmente. Estuvimos charlando una hora y respondió a casi todas las preguntas. Allá va, que esto es tan interesante como el documental.

Tenía que saber cómo sale esta historia, cómo nace, por qué a Santi Acosta se le ocurre ponerse, cómo ha sido posible ese acercamiento a la más oscuro, a lo más desconocido, cómo se ha llegado a los audios famosos

Acosta, antes de presentar los citados programas de los que hablaba, y que siempre he denostado, como ya sabemos, se dedicaba según me explicó, al periodismo de investigación. Hizo documentales para Antena 3 como Trata de blancas, Prostitución infantil, Tráfico de inmigrantes, Tráfico de órganos, Laboratorios de drogas. Cómo y por qué dejó esa parte de su oficio para meterse en las procelosas aguas de la tele trash es un asunto para otra ocasión. En la actualidad trabaja para Kometa Producciones, de Álvaro García Pelayo, conocido por su agencia, que dota desde hace años de contenidos televisivos del mundo del corazón. Su hermana, Paloma García Pelayo es una de las periodistas más serias que conozco de la televisión rosa. Y ahí y por eso empieza la historia.

Más de dos años atrás, García Pelayo revisa un armario de la casa familiar y encuentra, entre la ropa de cama, unas fotos del rey Juan Carlos desnudo que en su día varios fotógrafos le habían hecho por turnos desde un acantilado y que nunca vieron la luz. Las imágenes estuvieron guardadas en la caja fuerte de un banco hasta 1989, año en el que se sacaron de allí y se guardaron en casa.

Álvaro se lo comenta a Santi, se las muestra, empiezan a charlar sobre ese asunto, “cuántas cosas más habrá que no se han dicho, ni se han visto”, comentan. Una cosa los lleva a la otra y tras dos años de buceo por la historia, la lectura de 45 libros sobre el tema, y cientos de entrevistas después, tenemos Salvar al rey.

“Me leí sin exagerar 45 libros, y ahí viene la primera sorpresa, porque, aunque no nos lo creamos casi todo estaba publicado, lo que pasa es que apenas tenían repercusión”, me cuenta el director. Por cierto, aprovecho el momento para decir que estoy hartita de todos los estadistas que, tras ver el documental dicen que ya lo sabían todo, que estaba todo publicado. Qué listos sois todos, queridos.

Y qué raro además que estuvierais al tanto de todo. Porque lo cierto es que la tele hacía caso omiso a las truculencias reales de cualquier signo, los medios impresos lanzaban titulares de vez en cuando, pero sin la fuerza audiovisual, todo se diluía pronto. Funcionaba por supuesto ese pacto de silencio, esa complicidad entre monarquía, medios de comunicación, sistema empresarial y sistema político, que tanto daño ha hecho, así que supuestamente el rey Juan Carlos campaba a sus anchas y se tiraba a mujeres tras llamarlas ochenta veces, hacía negocios oscuros, defraudaba a Hacienda, destruía documentos… Y la Casa Real ponía en marcha su maquinaria para organizarlo todo, para esconderlo, para negarlo, para disimularlo. Todo eso queda retratado en el documental. Se cuenta la historia de las fotos del rey desnudo, pero seguimos sin verla. Tampoco es necesario, la verdad.

“Tras ver las fotos me puse en marcha. Me leí los libros, empecé a llamar a todos los periodistas que han investigado, que publicaron los libros que no tuvieron repercusión, pequeños libros que no llegaron lejos, como el de José García Abad, La soledad del rey, por ejemplo, a periodistas amigos, etc. Empezamos a hacer entrevistas…”, dice Acosta.

Vale, hasta ahí todo normal. Pero llega la pregunta difícil. ¿Y cómo os llegan, cómo llegáis a los audios de Bárbara Rey, probablemente las grabaciones más comentadas, más perseguidas, más esperadas, más comentadas de la historia de España, con permiso de Villarejo?

Y la respuesta, cautelosa: “Digamos que las conseguimos, nos llegaron, no te puedo decir más. Hay muchos audios más, claro, pero como afectaban a la intimidad más absoluta y no tenían valor periodístico, emitimos en el documental solo las partes que considerábamos importantes para el relato. Por supuesto un departamento jurídico formado por tres despachos, lo estudió todo a fondo, no solo en la legislación española si no en la de cualquier otro país donde se fuera a emitir la serie de HBO. Los audios están dentro del derecho a la información, porque revelan la existencia de un chantaje”, aclara.

Y ¿cómo es que no se habían emitido antes, ¿cómo es que os llegan a vosotros?, insisto yo, aún perpleja tras haberlas escuchado por fin. “Quizá este era el momento adecuado. Tuvimos suerte y la fuente adecuada, en un momento político diferente donde la opinión pública puede recibir esto sin problemas”, responde contenido Acosta, sin que yo pueda pillarlo en un renuncio.

El caso es que, con todo ese bagaje, el periodista arma un dossier curradísimo, y junto a su equipo elaboran un teaser con el tipo de imágenes que querían tener, y a través de sus contactos con Campanilla Films llegan a HBO. “Yo tenía claro que esto era un producto para una plataforma, HBO lo ve, decide que esto es un Original y decide invertir en ello” ¿Y cuánto ha costado?, le presunto yo como quien no quiere la cosa. Pero Santi es rápido: “No lo sé, no lo he querido saber para no tener que responderte a esa pregunta”. Iba a llamar a HBO para preguntar, pero tengo tan claro que tampoco me lo van a decir, que para qué molestarlos…

Y sí, contactaron con Bárbara Rey para invitarla, pero declinó participar.

Más preguntas. ¿Por qué hay tanta gente insólita que nunca antes había contado, ni participado en estos temas, ni respondido, ni explicado, ni destapado, que ahora sí ha querido estar en esta pieza audiovisual?

“Pues no lo sé, quizá han visto que era el momento adecuado, por el interés del tema, por la confianza… conozco a muchos de ellos de mis trabajos anteriores”, aclara el director, con el que ha trabajado un equipo de 45 personas, elegidas con lupa por él. Gente buena de verdad, me dice. Como su segunda, Nuria López Escribano, fundamental también en la construcción de este relato. Para hacerlo, contrastaron todas las informaciones al menos por tres fuentes, descartaron algunas que, pese a su verosimilitud no pasaban el filtro, y desterraron las que destilaban demasiada bilis, demasiado odio al monarca.  Cuando lo acabaron, Acosta tuvo la sensación de que iba a ser un cañonazo, aunque estaba tan metido que no se esperaba la respuesta grata que ha habido.

Contrastaron todas las informaciones al menos por tres fuentes, descartaron algunas que, pese a su verosimilitud no pasaban el filtro, y desterraron las que destilaban demasiada bilis

Respuesta que no me extraña, claro. Porque el caso es que cuando los oyes hablar a todos; cuando escuchas por fin los audios tremebundos de Bárbara Rey con el monarca, con EL MONARCA; cuando descubres a Queca Campillo, una groupie, amiga y amante del rey durante 20 años, fotógrafa de prensa y amiga de paparazzis y de Rosa Villacastín entre todos, que un día decidió grabarse un diario contando sus andanzas con el rey, entre otras cosas ((¡¿pero dónde estaba esta mujer hasta hoy, por favor?!); cuando escuchas a periodistas que escribieron, investigaron, predicaron en un desierto durante años; cuando flipas con la versión rocambolesca de su historia del propio Mario Conde, y sus trapicheos con el rey, que ya ni te acordabas; cuando lo ves todo junto, pasito a paso, te espantas bastante y sientes un grito interior que dice, ¡Viva la República!, sea con quien sea, pero ya. Y si la reina Letizia, que se ha revelado como la mejor de toda esa fauna, la incólume de verdad,  tiene que volver a ser periodista, que vuelva. Como si tiene que presentar Supervivientes.

Letizia, por cierto, que ayer aguantó estoica en el funeral de Isabel II la presencia prescindible de Juan Carlos I, que se podía haber quedado en Abu Dabi, pero que se fue a Londres con un par para decirnos que él no tiene nada de qué avergonzarse. Yo le recomendaría que viera el docu, que igual hay cositas de las que no se acuerda.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Periodista, ha trabajado para diarios como Levante y televisiones como Canal 9 y TVE. Es colaboradora de radios como Cadena Ser o RNE. Cubells ha publicado varios libros sobre el mundo de la televisión y también, en colaboración con Marce Rodríguez, el libro Mis padres no lo saben.