Tenía solo un testículo, tomaba semen de toro y otros secretos sexuales de Adolf Hitler

El dictador nazi tenía una controvertida vida íntima.
Hitler grabando uno de sus discursos tras salir de la cárcel de Landsberg en 1925.
Hitler grabando uno de sus discursos tras salir de la cárcel de Landsberg en 1925.

Adolf Hitler es uno de los personajes más detestables de la historia contemporánea. El dictador nazi aniquiló a millones de personas durante su régimen e instauró uno de los sistemas más crueles de los que se recuerdan en los libros de historia.

Pero más allá de la crueldad de puertas para afuera, en la alcoba el dictador también escondía algunas prácticas perturbadoras y poco comunes que se podían deber, según explican los historiadores, a sus problemas familiares por la relación de maltrato con su padre, Alois Hitler, y de casi obsesión con su madre Klara Pölzl. Además de problemas de salud y peculiaridades físicas congénitas que se debían principalmente a la consanguinidad de su familia.

El documental Los secretos sexuales de Hitler, que se estrena este martes en el Canal Historia revela algunos de estos fetiches sexuales y peculiaridades de la intimidad del dictador nazi.

1. Solo tenía un testículo

Era un hecho sabido por muchos pero se desconocía su causa. Tal y como hizo público un acta médica a cargo del doctor Josef Brinsteiner, Adolf Hitler sufría de criptorquidia en el lado derecho (ausencia del testículo derecho). Esto está asociado, según indican en el documental, con una “espina bífida oculta” que conlleva irregularidades en el aparato genital y no a la pérdida durante la guerra como se venía afirmando anteriormente. Esto es, además, un defecto congénito.

“Durante la I Guerra Mundial recibía bromas en las duchas porque sus genitales estaban infradesarrollados”, recuerda el psiquiatra Robert M. Kaplan en el documental. Esto podría haber motivado su carácter y su afán de dominación en un futuro. De ahí también que durante la II Guerra Mundial, los soldados británicos cantaran “Hitler has only got one ball” (“Hitler sólo tiene un huevo”) con la música de la popular Marcha del coronel Bogey.

“Hitler compensaba la inseguridad que le causaban sus genitales con alardes de fuerza bruta e implacable dominación, y con su afán por conquistar el mundo”, señala en un estudio el psicoanalista Walter Langer, quien analizó al dictador para un proyecto estadounidense durante la guerra.

2. Tenía un agujero anormal en el pene

Otra deformidad que tenían sus genitales es lo que se conoce como hipospadias, es decir, que la apertura de la uretra está en la parte inferior del pene y no en la punta. Este defecto también era motivo de risa entre sus amigos. “Cuando iba de picnic y orinaba detrás de los árboles, siempre se veía que goteaba”, señala Kaplan en el primer episodio.

Por estos motivos y por, tal y como recuerda uno de los expertos consultados en este documental, nunca dejaba que en los exámenes médicos le quitaran la camiseta ni le vieran desnudo.

Adolf Hitler posando en pantalones cortos.
Adolf Hitler posando en pantalones cortos.

3. Tomaba semen de toro

Durante la II Guerra Mundial los problemas de salud de Hitler empezaron a ser más evidentes. Tenía cefaleas, visión doble, mareos e incluso temblores. Por su afán por esconder estos defectos físicos, empezó a sobremedicarse y a depender de las drogas que le suministraba su doctor de cabecera, Theodor Morell. “Le daba 90 medicamentos distintos y una docena de ellos eran drogas duras”, señalan en el documental, que recalcan su adicción al consumo de oxicodona y cocaína.

Este exceso de consumo de drogas redujo su libido por lo que Morell trató de compensarlo con otros fármacos con los que estaba experimentando como el semen de toro y otros componentes intestinales de “animales macho”.

Morell le dijo a la secretaria de Hitler, Christa Schroeder, que le estaba dando “inyecciones de hormonas de testículos de toro para animarle un poco”.

4. Tenía tendencia al incesto

La disfuncionalidad de Hitler tenía su origen en la familia, según señala Kaplan en el documental. Los malos tratos de su padre y una especie de complejo de Edipo con su madre provocaron que tuviera un carácter narcisista, que se vio claramente influido por el incesto dominante de su lugar natal, la región austriaca de Dollersheim. De hecho, se piensa que su padre y su madre eran tío y sobrina y se llevaban cerca de 30 años.

Su caso no iba a ser menos y, al igual que su padre, también se relacionó con su sobrina Geli Raubal, de 17 años. Lejos de ser un amor platónico o de admiración, Kaplan señala que fue “la más importante de su vida”. “Le gustaban las mujeres jóvenes porque eran dóciles e influenciables”, indica Kaplan. Su relación era tan estrecha que el amigo de Hitler, Ernst Hanfstaengl, señaló que mantenían relaciones sexuales.

Adolf Hitler y su sobrina, Geli Raubal, tumbados en el césped en torno a 1930.
Adolf Hitler y su sobrina, Geli Raubal, tumbados en el césped en torno a 1930.

5. Le gustaba el sadomasoquismo

El psicoanálisis de Langer incluye también referencias a las preferencias sexuales de Hitler que, como se intuía por su personalidad, no eran para nada comunes. Según contó Otto Strasser a Langer, uno de los cabecillas nazis que se enfrentó a Hitler, el sexo entre él y Geli no era “convencional” y le gustaba que ella “le orinase encima”.

“El informe de Langer dejó otras prácticas que son básicas en el sadomasoquismo como el ser humillado con los fluidos físicos más desagradable”, señala Kaplan. “Por dentro, era masoquista, y, de cara a la galería, sádico”, añade en el segundo episodio de la entrega. Para Langer, sus prácticas sexuales eran “extremadamente depravadas”.

Según el documental, la relación con su sobrina fue muy criticada dentro del mundo nazi e incluso se utilizaron un dibujo erótico de ella y una carta en la que relataba lo que quería “hacerle” para chantajearle.

6. Tenía cierta filia por las mujeres mayores

La muerte de su madre hundió a Hitler, que trató de llenar el vacío de su amada figura materna con cantidad de mujeres maduras que le sirvieron de “apoyo maternal” y “ayuda emocional”. Según señala el documental, se trataba de forma cercana con ellas y muchas incluso deseaban que Hitler fuese su hijo.

La más reconocida fue Helen Bechstein, quien le ayudó a contactar con la clase alta de Baviera. “Las tenía encandiladas, tenía el poder para encantar a todas esas mujeres”, señala la historiadora y escritora Cate Haste en el documental. Strasser fue más allá y llegó a tachar las relaciones con estas mujeres como “anormalmente íntimas”. Según él, Hitler se sentaba a los pies de Bechstein, cerraba los ojos y se dejaba acariciar mientras le llamaba “lobito”.

Vida de Adolf Hitler