El error más frecuente que se comete al cocinar ajo

Más paciencia, más beneficios.
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Ajo y salud son dos conceptos que van de la mano. Este alimento está lleno de beneficios. Lo decía ya el griego Hipócrates, padre de la medicina moderna, al prescribirlo para tratar problemas respiratorios, digestivos o fatiga.

El tiempo y los estudios científicos han servido para confirmar que el ajo incrementa las defensas y mejora la respuesta del organismo ante posibles ataques de virus y bacterias. Además, sirve para tratar infecciones respiratorias y plantarle cara a la tos. También como prebiótico para alimentar las bacterias “buenas” en su tracto digestivo.

De todas estas propiedades medicinales es responsable la alicina, que no está en el ajo como tal, sino que es el resultado de que dos de sus componentes —la aliina y la alinasa— entren en contacto. Es producto de la reacción que se produce al picar o machacar un diente de ajo crudo (también al masticarlo), pero desaparece si echamos el ajo inmediatamente en la olla o en la sartén.

Ahí está el error, en las prisas. El calor neutraliza la alicina y hace que el ajo pierda todas sus propiedades. Basta un minuto de microondas o 45 de para desactivarlas. Por suerte, un simple cambio en la cocina sirve para conseguir que no sea así y, de paso, ahorrarse el fuerte aliento que deja comer el ajo crudo.

El truco consiste en tener paciencia. Una vez que se ha picado o triturado el ajo, hay que dejarlo al menos 10 minutos de reposo antes de cocinarlo. Incluso si se consume crudo se debería dejar ese tiempo de acción.

Con 10 minutos se genera una elevada cantidad de alicina y no toda desaparece al exponer el ajo al calor. Otra forma de beneficiarse de todas esas propiedades es aumentar la cantidad de ajo que se echa en los platos que pasen por el fuego. La ecuación es simple: más ajo, más alicina, más ventajas.

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