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23/02/2016 07:06 CET | Actualizado 22/02/2017 11:12 CET

Exilios interiores en la Costa da Morte

portadaLa víspera de casi todo es una novela donde es fácil reconocer las obsesiones literarias de Víctor del Árbol, las que han dado forma a su carrera y a su voz narrativa: una historia de exilios interiores, de personajes que tratan de huir de lo que son, sin saber que el pasado siempre nos persigue como un fantasma.

Hace casi una década, Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) visitó la Costa da Morte gallega y, enamorado de la fuerza y la belleza de ese paisaje, supo que ambientaría una novela en esa tierra. Poco se imaginaba que esa historia, La víspera de casi todo (Destino), que acaba de ver la luz, le otorgaría el prestigioso Premio Nadal, considerado por muchos el premio más literario y de mayor prestigio de España, y en cuya nómina figuran grandes nombres de las letras españolas como Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite o Ana María Matute. Una consagración para un autor que desde hace años goza de un enorme prestigio en Francia, con cuatro novelas publicadas -El peso de los muertos, La tristeza del samurái, Respirar por la herida y Un millón de gotas- y una interesante vida, muy alejada del estereotipo de escritor encerrado en sí mismo y apartado del mundo.

La víspera de casi todo es una novela donde es fácil reconocer las obsesiones literarias de Víctor del Árbol, las que han dado forma a su carrera y a su voz narrativa: una historia de exilios interiores, de personajes que tratan de huir de lo que son, sin saber que el pasado siempre nos persigue como un fantasma; una novela sobre el pasado y el dolor que trasciende los géneros y que, si tiene que encuadrase en uno, pertenecería al existencialismo. Gran admirador de la literatura de Albert Camus, el autor de El extranjero está muy presente en los cimientos de este y sus anteriores trabajos. La teoría del absurdo y cómo lo que has sido condiciona lo que eres.

Es la idea que sobrevuela esta historia de personajes al límite que se van a cruzar en una pequeña localidad de la Costa da Morte, un entorno indómito que imprime carácter a la gente que habita en él y donde el anonimato parece estar garantizado. Ahí, el tiempo no importa. Al menos, es lo que piensa Paola, una de las protagonistas, cuando coge su coche y conduce hasta el final del mundo, con el único objetivo de dejar atrás todo lo que ha vivido en los últimos años, la irreparable pérdida de una hija. Como si la fuerza de ese mar bravo pudiera arrancar todo el dolor y transformarla en una mujer nueva. Pero huir de lo que nos atormenta es complicado, como bien saben Germinal y Mauricio. El primero, un policía que carga con un pasado oscuro y con un asesinato que lo atormenta cada noche, mientras el segundo es el personaje a través del cual Víctor del Árbol introduce otro de los temas fundamentales en su narrativa: la recuperación de la memoria histórica, en este caso sobre la dictadura argentina.

Una novela dura, con pasajes desgarradores, por donde se cuela la poesía humanista de Juan Gelman y donde el dolor es motor de acción de la historia. Es un elemento que mueve a los personajes, los obliga a ponerse en pie. Porque el dolor, según opina el autor, hace que nos sintamos vivos. Y donde hay vida, hay luz. Quizás por eso, otro de los lugares emblemáticos de esta novela es un faro. Un punto de luz en medio de la oscuridad a la que tantas veces la vida nos somete.

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