Un estudio apunta que las tortugas hembra saltan de los acantilados para no ser acosadas por los machos
Un fenómeno tan excepcional como letal.

La naturaleza nunca deja de sorprendernos, incluso cuando creemos conocer bien a una especie, siempre puede surgir una investigación nueva que cambia nuestra manera de mirarla. Cada estudio abre una ventana a comportamientos, desafíos y dinámicas ocultas que pasan inadvertidas a simple vista. Es el caso de la tortuga Hermann, protagonista de un hallazgo tan inquietante como revelador sobre su vida en libertad.
Un nuevo trabajo científico alerta de un fenómeno tan excepcional como letal: las hembras de la tortuga Hermann que habitan en la isla de Golem Grad, una pequeña isla del lago de la Gran Prespa, se ven obligadas a caminar hacia los acantilados y, en ocasiones, caer para escapar de la persistente persecución de los machos durante el apareamiento, lo que está provocando un claro declive demográfico.
El estudio, publicado en la revista Ecology Letters, analiza 16 años de seguimiento y concluye que la estructura poblacional por sí sola está impulsando un colapso de la especie. Los autores describen una comunidad densa en la que los machos superan en muchos lugares ampliamente a las hembras. Esa combinación de alta densidad y un sesgo extremo en la proporción sexual ha convertido el cortejo en una persecución continua.
“Un vórtice de extinción”
Los machos empujan, muerden y montan a las hembras, a veces hasta causar hemorragias y heridas genitales severas. Para comprobar el efecto directo de este acoso, el equipo realizó experimentos de campo: encerraron hembras en recintos con una salida que llevaba a una caída corta y segura sobre suelo blando. Mientras las hembras de poblaciones continentales evitaban esa salida, las hembras de la isla terminaron por escaparse y caerse cuando se introdujeron varios machos en estado de intensa excitación reproductiva.
Los investigadores también documentaron casos concretos en la isla, incluido un seguimiento con GPS a una hembra reproductora que terminó muerta en la base de un acantilado con el caparazón partido. Así, constataron que las hembras isleñas presentan peor condición corporal, menos puesta de huevos y tasas de supervivencia menores que las de una población cercana del continente.
Los datos demográficos son preocupantes, ya que los investigadores estiman que, si las tendencias actuales continúan, la última hembra de la isla podría desaparecer para 2083. Jeanine Refsnider, ecóloga evolutiva de la University of Toledo en Ohio y externa al estudio, afirmó que la concentración de machos agresivos “parece estar produciendo un vórtice de extinción” y que es raro observar un proceso así en la naturaleza sin la intervención humana.
La causa del desequilibrio de género extremo sigue siendo un misterio, aunque los científicos barajan hipótesis como un cambio aleatorio en la población o el transporte de tortugas a la isla por parte de humanos en cantidades desiguales en el pasado, ya que hay más de cien machos con números grabados en el caparazón, sin registro claro de quién ni cuándo los marcó. Sea como sea, el estudio subraya que basta con el propio comportamiento social y la estructura de la población para desencadenar el colapso.
