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09/04/2016 09:53 CEST | Actualizado 09/04/2016 09:55 CEST

Johan Cruyff: genial inventor del futbolés

cruyffJohan Cruyff (descanse en paz), además de ser un jugador de fútbol excepcional, se inventó una lengua que ha hecho tanta fortuna como sus geniales innovaciones futbolísticas. Una de sus características básicas es la dislocación o trastocamiento general de las más elementales normas de concordancia de género.

Este artículo también está disponible en catalán

La mayor parte de universidades europeas son incapaces de dilucidar si el futbolés es actualmente un dialecto o ha alcanzado ya el estatus de lengua. De todos modos, las universidades de Tubinga y Heidelberg se decantan por considerarlo preferentemente una lengua franca.

Sea como sea, no puede negarse que esta variante practicada habitualmente en numerosos entornos futbolísticos causa estragos (la propia adaptación de la palabra "entorno" fue invento suyo). Se considera que su máximo exponente, así como su más preclaro impulsor, es Johan Cruyff (descanse en paz); en esto hay un acuerdo unánime. No es extraño, si se tiene en cuenta que viene de un estratega que, en paralelo, edificó una incontestable y elemental filosofía: si un contrario es difícil de marcar, pues no lo marques; si no quieres que te hagan gol, ten tú siempre la pelota, no dejes que la tenga el equipo contrario.

Una de las características básicas del futbolés es la dislocación o trastocamiento general de las más elementales normas de concordancia de género. En consecuencia no es extraño que se refieran a un viril futbolista como "la jugador", o al balón como "el peloto", o incluso "el pelota"; cabe decir que esta última expresión es bien correcta, el único problema que presenta es que no se ajusta a lo que se pretende decir.

Estas innovaciones se critican menos (si es que alguna vez se censuran), a pesar de que van mucho más lejos que sensatas y lógicas expresiones como "la ingeniera" o "la primera ministra", propuestas hace ya unos cuantos años por alocadas feministas que, todo hay que decirlo, finalmente, y una vez pasado el impacto y el susto inicial, se han implantado con éxito.

El futbolés es un habla rica en cuñas; por ejemplo, "en un momento dado", popularizada por el mismo Cruyff. Otra de sus características notables es que tiene una capacidad de esponja para absorber y hacer suyas todas las innovaciones, por peregrinas o agramaticales que sean.

Por poco que se escuche la radio o se vea la tele, es fácil darse cuenta de que hay una poda general e indiscriminada de artículos determinados. Es habitual que los medios se refieran a "Moncloa" o a "Zarzuela", así, sin anteponerles el artículo; también es común escuchar frases como "deberán declarar ante fiscalía anticorrupción", o "Aguirre ha llegado a las diez a plaza Castilla". Esta es la mía, habrá pensado el futbolés, y esta temporada se ha propuesto llevar este rasgo hasta el paroxismo y, en consecuencia, no paras de escuchar frases como "entra en pista" (para informar de que un jugador salta al campo), "sube por banda derecha", "chuta con pierna izquierda" o --en una frase inusualmente larga-- "es una norma [la del fuera de juego] que ocasiona tantos problemas que FIFA tendrá que cambiar".

Podría parecer que esta supresión radical de artículos se debe a una celosa aplicación del principio de economía, pero lo desmienten otras expresiones. Muchos locutores (no lo he escuchado de boca de una locutora) hinchan las mejillas y alargan frases perfectamente comprensibles. Por ejemplo, prefieren decir "chuta entre los tres palos" que decir simplemente "chuta a portería", o "ha ensayado el disparo desde la larga distancia" (cosa que sugiere que los jugadores van equipados con prismáticos) que "ha ensayado el disparo desde lejos".

Esta negación del principio de economía los hermana con colegas de la prensa y otros medios de comunicación que no se atreven a decir, por ejemplo, que "el recuento de votos se alargará", sino que se ven en la obligación de añadir un sintagma más y decir "el recuento de votos se alargará en el tiempo", a imitación de la clase política más zafia y analfabeta. Una tarde pude escuchar cómo un locutor profesional espetaba esta redundante antieconomía: "Las negociaciones pueden alargarse siete u ocho meses en el tiempo". ¿No querías tiempo? Pues toma, dos tazas.

En este momento, el fútbol se enfrenta a una potente amenaza, a un auténtico peligro. En efecto, llevado al extremo por Neymar, este pintoresco lenguaje puede morir si deviene absolutamente incomprensible y, por tanto, pierde la única razón de existir de una lengua. Lo que de momento no ha logrado ninguna tautología, la más usada, sudada y popular de las cuales es la inefable y ciertísima "fútbol es fútbol", quizás el neymarés lo consiga.

Tampoco han conseguido acabar con él otras simplezas también frecuentes: "Siempre he soñado pertenecer a este club", o la variante "desde pequeño soñaba con jugar en este club". O versiones más elípticas y sintéticas: "Es un sueño hecho realidad».

Hay que confiar, sin embargo, en que el futbolés no morirá nunca. Es difícil imaginar, si se tiene en cuenta que Cruyff fue capaz de creaciones lingüísticas absolutamente poéticas como, por ejemplo, "poner la gallina de piel", metáfora que define precisa y perfectamente, tanto las filigranas y regates que hacía con el balón, como el casi perenne baño María de embobamiento, beatitud y embeleso en que vive la audiencia de un triunfante Barça desde el primer día que el inventor del futbolés desembarcó en el Camp Nou.

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