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19/10/2015 07:05 CEST | Actualizado 18/10/2016 11:12 CEST

Los 7 pecados capitales en la capital

Señor, confieso que he pecado; es más, confieso que peco constantemente, sin control, y lo que es peor, sin remordimientos. Cuando se vive en una gran ciudad, la tentación se cruza con nosotros en cada esquina. Quizás se llaman pecados CAPITALES porque Madrid es una ciudad hecha para pecar.

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Señor, confieso que he pecado; es más, confieso que peco constantemente, sin control, y lo que es peor, sin remordimientos.

No es que contravenga los mandatos divinos por debilidad moral (que algo me patina), es que la voluntad, cuando se vive en una gran ciudad, se vuelve vulnerable, y la tentación se cruza con nosotros en cada esquina.

Y puestos a confesar, he de decir que no peco con un vulgar pecado, sino que peco a lo grande: me salto los 7 pecados capitales, y más de una vez al día.

Estoy condenada, sin paso previo por el purgatorio, a convivir con las almas más corruptas que vagan por el averno, ese que siempre me he imaginado que queda justo debajo de la línea 9 del Metro de Madrid.

Todo el que viva en una gran ciudad me comprenderá. Y quizás no se llaman pecados CAPITALES por su peso sino porque Madrid es una ciudad hecha para pecar.

Ira

Confieso que:

  • He gritado al taxista que se me ha cruzado en el camino (o sea, que grito constantemente).
  • He insultado al conductor del autobús que no ha abierto la puerta a medio metro de la parada.
  • He tenido una no-amigable "conversación" con el community manager de la EMT, descargando mi ira por el "fantástico" servicio con el que de vez en cuando nos sorprenden a golpe de tweet (también con el de mi empresa de telefonía, el de la aerolínea de turno, etc, etc, etc.
  • He querido lanzar los huevos a la anciana que se intenta colar en el supermercado o al de "¿te importa si paso? Es que sólo llevo esto?". Claro, pasa. Si sólo llevo media hora en la cola después de 12 horas en la oficina, más dos horas de camino.
  • He tenido tentaciones de rayar el coche al que me ha quitado el sitio para aparcar (sólo tentaciones).
  • Habría empujado a esos paseantes que van por la calle caminando y ocupando toda la acera a paso lento (momento Día de la Bestia).

Pereza

Confieso que:

  • Hago uso premeditado y continuado de las escaleras mecánicas, ascensores y todo aquello que me eleve sin esfuerzo, aunque sólo sea un piso.
  • Hago uso de la comida a domicilio y la compra por Internet con tal de no tener que cocinar o ir al supermercado a exponerme a la anciana anteriormente mencionada.
  • He tenido una colada tendida tres días de la fatiga que me daba pensar en recogerla.
  • He acumulado papel en casa como si tuviera síndrome de Diógenes, por no bajar hasta el contenedor de reciclaje.
  • He buscado monedas por debajo de los cojines del sofá para no tener que ir al cajero.
  • He llevado (y llevo) el coche sucio hasta tal punto que ya ni los pájaros se sienten motivado a compartir conmigo sus restos. Los autolavados de coche siempre hacen que nos tengamos que desviar del camino. Dan pereza, mucha.
  • He utilizado el abono transportes para una parada de autobús.

Avaricia

Confieso que:

  • He hecho el mal aparcando mi coche con más holgura de la necesaria en alguna ocasión y pecando doblemente, por pereza, no lo he colocado bien.
  • A veces he pensado que mi bolso merecía ir sentado cómodamente en el autobús (solo lo he pensado, así que aquí he pecado de pensamiento).
  • He visto un sitio libre en el metro y he corrido hacia él como si me fuera la vida en ello, no manteniendo contacto visual con ancianos y madres con niños para no tener remordimientos (si hay que sufrir viajando por el subsuelo, que por lo menos sea sentado).
  • He dado golpes a la máquina vending de bebidas con la esperanza de que cayeran dos latas en vez de una (golpes, en el caso de bebidas, y patadas, en el caso de comida).

Envidia

Confieso que:

  • Miro con mucha envidia, muchísima, los áticos que dan al Retiro, los palacetes del Paseo de la Castellana, y a quien vive en el centro y tiene una plaza de garaje en su propio edificio (esto se puede unir con la pereza).
  • Miro con envidia, mucha, a la gente que va cargada con mil bolsas por Serrano.
  • Envidio a quienes corren por el Retiro con sus pulmones dentro y no detrás de ellos, como es mi caso.
  • Envidio a quienes pueden ir a trabajar caminando y no tienen que enfrentarse cada mañana a todos aquellos cafres que conducen coches inversamente proporcionales en tamaño a sus carencias (entre ellas, la falta de educación).

Soberbia

Confieso que:

  • Soy madrileña. Traduzco soberbia en chulería, que queda más camuflado. Lo que viene siendo un uso poético del lenguaje para adaptarlo a mi conciencia.
  • Cuando salgo de Madrid, como buena madrileña tiro más de este pecado, con la típica frase que empieza: "Pues esto en Madrid...". Entonces me callo y pienso que qué bien se está a otro ritmo de vez en cuando.
  • El cielo de Madrid, las cañas, el agua, el metro, los museos, la gente... todo es mejor en Madrid para nosotros.

Lujuria

Entendida como abundancia de cosas que estimulan los sentidos, confieso que:

  • He ido al supermercado a comprar limones y he venido con cuatro bolsas llenas de cosas.
  • He ido a Ikea a comprar una silla y he salido sin la silla pero con velas para iluminar Madrid, plantas para reforestar el Amazonas, utensilios de cocina para montar un restaurante y cajas para embalar los pedidos de Amazon de un mes.
  • He salido de las rebajas con cosas de nueva colección.

Gula

En una ciudad como Madrid, puedes comer sea la hora que sea. Hay un bar por cada 150 habitantes y "chinos" dónde comprar cualquier cosa para saciar la gula; debemos tocar a dos por cabeza.

Puedes desayunar, brunchear, tomar el aperitivo, comer, merendar, cenar y recenar. Puedes parar en una gasolinera y arrasar el mostrador de chocolatinas creadas para la compra compulsiva y las voluntades débiles. Y confieso que he pecado de todas esas formas.

Ahora, con esta moda del foodporn o fotografías de comida, la vida es imposible.

Y ahora decidme, ¿es culpa mía, o de Madrid, que yo haga estas cosas?

Post publicado anteriormente en el blog de la autora.

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