Delcy Rodríguez y María Corina Machado: el pulso venezolano por el favor de Trump
La presidenta encargada se adelanta con una llamada directa a la Casa Blanca en la víspera del encuentro con la líder opositora, en una jornada clave para definir quién marca el paso de la nueva etapa venezolana.
Washington concentra este jueves dos movimientos clave de la política venezolana, protagonizados por Delcy Rodríguez y María Corina Machado, que compiten en planos distintos por la interlocución con la Casa Blanca tras la captura de Nicolás Maduro. La secuencia de las últimas horas no es casual y ayuda a entender cómo Estados Unidos empieza a ordenar sus prioridades en el nuevo escenario abierto en Caracas.
Rodríguez se ha adelantado. La presidenta encargada de Venezuela ha hablado directamente con Donald Trump en una conversación que el mandatario estadounidense ha calificado de “excelente” y “larga”, y en la que, según sus propias palabras, abordaron “petróleo, minerales, comercio y seguridad”. “Es una persona fantástica. Es alguien con quien hemos trabajado muy bien”, ha afirmado Trump desde el Despacho Oval, subrayando además que el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene contacto directo con ella. Es el primer intercambio conocido entre ambos líderes desde el cambio de poder en Venezuela.
La dirigente venezolana ha confirmado la llamada y ha descrito el tono como “cortés”, desarrollado “en un marco de respeto mutuo”, con una “agenda de trabajo bilateral en beneficio” de ambos países y “asuntos pendientes” entre gobiernos. Rodríguez ha encajado el contacto dentro del relato de un “nuevo momento político” para Venezuela, que el Ejecutivo vincula al proceso de excarcelaciones anunciado en los últimos días.
Según las cifras oficiales, ya se han producido más de 400 liberaciones de personas privadas de libertad. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos verifican un número sensiblemente menor y reclaman que se hagan públicas las listas completas. Entre los liberados figuran varios periodistas y comunicadores, pero siguen detenidos nombres relevantes del entorno opositor, como Juan Pablo Guanipa, aliado directo de Machado, un dato que añade tensión al pulso político que se libra ahora en Washington.
Mientras Rodríguez ha activado el canal directo con Trump y con el Departamento de Estado, Machado llega este jueves a la Casa Blanca para su primer encuentro con el presidente estadounidense. El almuerzo se celebrará a puerta cerrada y sin acceso para la prensa, y se produce después de que la oposición venezolana haya quedado al margen del diseño inicial de la transición, avalado por Washington con Rodríguez al frente del Gobierno encargado.
Machado acude acompañada de su equipo y de una red de apoyos republicanos en Florida, en un intento de recuperar protagonismo tras semanas de exclusión del proceso. En los últimos días, otros referentes de la oposición han intensificado su presencia en Washington y en los medios estadounidenses, mientras la líder opositora ha buscado acercar posiciones incluso con gestos simbólicos, como su propuesta de compartir el Premio Nobel de la Paz con Trump, una posibilidad que el Comité Nobel ha descartado por normativa.
En paralelo, el Gobierno interino venezolano avanza con discreción en la reapertura de canales diplomáticos formales con Estados Unidos, cerrados desde 2019. Equipos de ambas partes trabajan ya sobre el terreno para normalizar relaciones y fijar una agenda en la que la Casa Blanca sitúa el petróleo y la seguridad como prioridades estratégicas. Reuters ha descrito este movimiento como un giro diplomático relevante tras meses de sanciones, tensiones y escalada militar.
Según fuentes citadas por The New York Times, el entorno de Trump había identificado incluso antes de la operación que depuso a Maduro a Rodríguez como la figura mejor posicionada para pilotar una transición funcional y abordar la reconstrucción del sector petrolero. Informes del equipo de seguridad nacional y de la CIA expresaron, en cambio, reservas sobre el liderazgo de Machado, al considerar que su perfil podía generar inestabilidad interna.
Así, en un mismo día y en una misma ciudad, Washington escucha a dos Venezuelas distintas. Una habla de gestión, recursos y normalización diplomática. La otra apela a la legitimidad política y al capital moral. El pulso por el favor de Trump está en marcha y el orden de los movimientos empieza a marcar quién lleva la delantera.