Trump pierde los papeles al escuchar como un trabajador de Ford le grita "protector de pedófilos"
El presidente de los Estados Unidos, durante su visita a la planta de ensamblaje de la fábrica de coches en Detroit, responde con una peineta y repitiendo: "que te jodan".

Hay líneas que un presidente, por pura dignidad institucional, no debería cruzar. Pero Donald Trump ha vuelto a demostrar que el protocolo le estorba. Lo que se había planeado como un baño de masas en una fábrica de Ford en Michigan para sacar pecho por la industria nacional ha acabado en un espectáculo bochornoso: el presidente de los Estados Unidos respondiendo a un operario con una peineta y un "que te jodan".
La escena, que ya corre como la pólvora en redes tras ser publicada por TMZ, retrata a un mandatario incapaz de gestionar la crítica. Mientras recorría una pasarela elevada, un empleado de la planta, TJ Sabula, le lanzó el dardo que más le escuece: "¡Protector de pedófilos!". En lugar de mantener la compostura que se le presupone a su cargo, Trump bajó al barro: se giró hacia el trabajador, levantó el dedo corazón y le dedicó un insulto que se lee perfectamente en sus labios.
Lo más preocupante no ha sido solo el arrebato de Trump, sino la desfachatez de su equipo al justificarlo. En lugar de pedir disculpas o apelar a la templanza, su portavoz, Steven Cheung, ha defendido la actitud del presidente asegurando que fue una respuesta "apropiada" ante un "lunático fuera de sí". Una declaración que confirma que, para esta administración, la mala educación se ha convertido en política oficial de comunicación.
El trabajador de Ford, a la calle
El incidente ya se ha cobrado su primera pieza: TJ Sabula ha sido suspendido de su puesto en Ford mientras se investiga lo ocurrido. El "hombre común" paga el pato, mientras el presidente sigue su gira electoral hacia 2026 como si nada. Sin embargo, la incomodidad de los anfitriones era evidente. Bill Ford, presidente ejecutivo de la marca, no sabía dónde meterse: calificó lo ocurrido de "lamentable" y admitió estar "avergonzado" por un momento que, en apenas seis segundos, arruinó una visita de una hora.
Este estallido de ira no es casualidad. Trump encara la campaña especialmente tenso tras las filtraciones de 2025, que volvieron a poner el foco en su relación con Jeffrey Epstein y sugirieron que sabía mucho más de lo que admitía. Esa sombra le persigue y, por lo visto en Michigan, le hace perder los estribos a la mínima.
Al final, entre selfis y aplausos de sus incondicionales, lo que queda es la imagen de un presidente que se pone al nivel de un patio de colegio. Una cosa es ser un político sin filtros y otra, muy distinta, es no estar a la altura del respeto que exige el cargo que ocupa.
