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24/10/2015 09:59 CEST | Actualizado 24/10/2016 11:12 CEST

'Regresión' y la responsabilidad social del cine

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Vaya por delante el hecho de que no soy cineasta y que los conceptos del cine que manejo son los básicos que puede tener cualquier persona normal que lee sobre el tema y asiste asiduamente a ver películas; pero como pedagoga que trabaja con la ciencias sociales y como agente de igualdad experta en comunicación y su impacto en las sociedades, me voy a tomar el trabajo de hacer una breve crítica de la última película de Alejandro Amenábar, Regresión.

Se trata de una historia que narra cómo una joven denuncia lo que en principio describe como una violación por parte de su padre, y que termina en un ritual satánico donde hasta su abuela estaría metida, construyéndose una narrativa confusa, basada en la mentira, que sin duda juega con las emociones de quien la esta viendo.

Desde luego sabemos que jugar con esas emociones es parte de la intencionalidad del cine. Pero ¿cabe acaso hacerlo a costa de la ética, incluso reforzando estereotipos que promueven las desigualdades y la violencia machista?

Obviamente, no puedo recomendarla, sencillamente porque no creo que seguir manteniendo la idea de que las mujeres somos unas mentirosas compulsivas, capaces de destrozar vidas y familias enteras, de llegar a generar fenómenos tan particulares como la histeria colectiva, sean coherentes con una comunicación en pro de la igualdad que entiendo que el cine también debería tener, y más aún si se financia con nuestro dinero.

Me sigo preguntando qué pretende el señor Amenábar, cuando al finalizar la película, pone en los rótulos que esa historia que nos cuenta fue un fenómeno que asoló a una región de los Estados Unidos, y que casos como ese se dieron en repetidas ocasiones.

¿Acaso pretende decir que un grupo amplio de mujeres o chicas en la edad de Ángela, aburridísimas por sus vidas y preocupadas por su futuro, se dedicaron a denunciar falsamente a sus padres, vecinos, a los amigos de sus padres y hasta al apuntador, porque veían en ello una posibilidad de dar un giro a su vida?

Al final va a tener razón un querido amigo y estupendo cineasta cuando afirma que en este país el dinero para realizar se lo llevan los cuatro directores de culto, quitando la posibilidad a maravillosas directoras y directores.

Pues de ser así, ¡menuda irresponsabilidad! Ya bastante nos cuesta que quienes se apoyan en el discurso de las denuncias falsas reconozcan los datos que aportan las instituciones del Estado, tanto en lo que reconoce la ley como violencia de género como en las denuncias por agresiones sexuales.

El cine, la televisión, la música y la literatura nos permiten construir un ideario que nos ayuda a relacionarnos con el resto de la sociedad. Si la publicidad nos cosifica, si la música en sus letras nos denigra y el cine sigue vendiendo una imagen errónea (mentirosas, malas malísimas, dependientes, superficiales, tontas y otras tantas lindezas fuera de lugar) de nosotras, será mucho más difícil conseguir que en esta sociedad logremos percibirnos como iguales. Y eso, señor Amenábar, también es parte de su responsabilidad como creador y como comunicador.

Al final va a tener razón un querido amigo y estupendo cineasta cuando afirma que en este país el dinero para realizar se lo llevan los cuatro directores de culto, quitando la posibilidad a maravillosas directoras y directores, que sin perder la capacidad creativa, saben lo que tienen en sus manos y lo que pueden llegar a generar.

Afortunadamente me puedo quitar este mal gusto con la satisfacción de haber visto una película que sí recomiendo: Requisitos para ser una persona normal, de Leticia Dolera. Y no solo porque cumple los cuatro puntos del test de Bechdel, sino porque siendo una película fresca, es realista y muestra historias de mujeres de verdad.

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