BLOGS
19/11/2015 20:24 CET | Actualizado 18/11/2016 11:12 CET

Nadal noquea a Murray en la Copa Masters

Murray, noqueado, solo pudo ver cómo el tenista español le pasaba por encima y no tenía antídoto para taponar las grietas de su juego. Asustado, tembloroso, quizás con la mente en otro sitio.

Nadal está definitivamente de vuelta. O eso dicen los números y las sensaciones. Su contundente victoria (6-4, 6-1) sobre el número 2 del mundo, el británico Andy Murray, despejó cualquier enigma. El balear venía de derrotar al temible Wawrinka con una facilidad pasmosa y ayer se impuso con una comodidad inusual -teniendo en cuenta el toro que tenía enfrente y la superficie en la que se jugaba el partido: la menos propicia para su juego- a un Murray perezoso, intermitente.

El primer set se mantuvo igualado por la inconsistencia de ambos tenistas. Murray rompía el servicio de Rafa y éste le devolvía el golpe a las primeras de cambio. Juegos de tanteo que decían poco de cómo sería el choque. Así se llegó al décimo, el que iba a suponer el punto de inflexión para ambos. Nadal quebraba y se hacía con el primer set. Un revés insuperable para Murray, un contratiempo inesperado que dejó una cicatriz en el escocés el resto de la contienda.

Rafa Nadal derrotó a Murray y ya mira hacia las semifinales de la Copa de Maestros. FOTO: Javier Marcos

Sacando bien, restando mejor y subiendo a la red con más frecuencia de la habitual, el manacorí se puso 3-0 en el segundo parcial y encarriló el partido. Murray, noqueado, solo pudo ver cómo el tenista español le pasaba por encima y no tenía antídoto para taponar las grietas de su juego. Asustado, tembloroso, quizás con la mente en otro sitio (se especuló antes del inicio del torneo con que no participaría debido a la inminente final de Copa Davis que disputará Gran Bretaña). En casi nada se pareció este Murray al que derrotó al balear en la final del Masters de Madrid allá por el mes de mayo.

Aunque a la finalización del duelo el británico afirmó que nada tenía que ver esta desilusión con que su mente estuviera en otro lado. "Siempre juego para ganar, esta derrota no tiene nada que ver con la final de la Davis. Rafa golpeó la bola extremadamente bien. Cada vez está más cerca de su mejor nivel". No obstante, su actitud en la pista le delató. El número 2 del mundo transmitió una imagen de desidia e intermitencia impropia de un tenista de su calibre. Si no abandonó el partido cuando estaba descabalgado, sí que dio esa impresión.

El resto del choque solo sirvió para incrementar la autoestima de Nadal y ascender un peldaño más en su escalada a la élite del tenis. El viernes, en este excelente marco que es el O2 de Londres, espera su compatriota y amigo David Ferrer.