Robert Lambert, historiador ambiental, sobre por qué cada vez más pájaros atacan a personas en las calles: "El problema es el comportamiento humano"
“Hemos creado estas oportunidades y estos conflictos”, asegura.
Hasta hace no tanto, los encuentros tensos entre personas y aves eran casi anécdotas de verano: una gaviota demasiado rápida que se llevaba unas patatas fritas en la playa o algún ave especialmente protectora que espantaba a quien se acercaba demasiado a su nido. Sin embargo, en los últimos años estos episodios han dejado de ser casos aislados para convertirse en algo más habitual en calles, parques y zonas residenciales.
Cada vez más especies parecen perder el miedo a los humanos y adaptarse a una convivencia mucho más directa con nosotros en entornos urbanos. Según el historiador ambiental Robert Lambert, este cambio no responde tanto a una mayor agresividad de las aves como a las transformaciones que hemos provocado en su entorno. La expansión urbana y la disponibilidad constante de comida han llevado a muchas especies a adaptarse a vivir junto a los humanos.
En estos nuevos entornos han aprendido a aprovechar recursos humanos y a reaccionar con mayor intensidad cuando perciben amenazas o compiten por espacio y alimento. “El problema es el comportamiento humano. Hemos creado estas oportunidades y estos conflictos”, asegura Robert en declaraciones recogidas por Daily Mail, explicando por qué aves que antes tenían su propio espacio ahora son nuestras vecinas.
No es agresividad, es defensa
"Subestimamos lo inteligentes y adaptables que han demostrado ser algunas especies", reconoce el experto. "Se han adaptado a lo derrochadores que somos con la comida, a lo frívolos que somos al proteger nuestros recursos”, añade. La comida abandonada en calles, parques o terrazas, e incluso la costumbre de alimentar pájaros, ha favorecido que especies como cuervos y gaviotas pierdan el miedo a los humanos y se vuelvan más atrevidas.
En lo que a ataques se refiere, Robert recuerda que la mayoría de los encuentros tensos se producen durante la época de cría, cuando las aves protegen sus nidos y a sus polluelos. La presencia de perros, a los que identifican como posibles depredadores, también incrementa las posibilidades de que reaccionen de forma defensiva. En estos casos, las aves no actúan por agresividad, sino como una respuesta instintiva de protección ante lo que perciben como una amenaza cercana.
Lejos de tratarse de aves más violentas por naturaleza, Robert considera que estos incidentes son la consecuencia de una convivencia cada vez más estrecha entre humanos y fauna silvestre. Por ello, recomienda evitar alimentar a las aves, respetar las zonas de nidificación y mantener la distancia cuando muestran comportamientos de defensa. En definitiva, insiste en que la clave no está en cambiar a las aves, sino en ajustar nuestras conductas para reducir los conflictos en un entorno que ya compartimos.