Rafael Rodríguez García, psiquiatra: "La depresión y la ansiedad en personas con problemas de tiroides podrían compartir una misma raíz genética"
"No es que la tiroides enferme a tu cerebro, sino que comparten la misma raíz inmunogenética".

La relación entre las enfermedades de la tiroides y los trastornos de salud mental ha sido objeto de estudio durante décadas. Aunque tradicionalmente se pensaba que el déficit de hormonas tiroideas era el responsable directo de síntomas como la ansiedad o la depresión, nuevas investigaciones apuntan a una explicación diferente.
Así lo sostiene el psiquiatra Rafael Rodríguez García, quien asegura que la clave podría encontrarse en la genética y el funcionamiento del sistema inmunitario. "Si tienes un hipotiroidismo o una enfermedad de Hashimoto, es muy probable que hayas pasado por la consulta de un psiquiatra o de un psicólogo", afirma el especialista.
Una relación que va más allá de las hormonas
Durante años, la hipótesis predominante fue que la falta de hormonas tiroideas afectaba directamente al cerebro, favoreciendo la aparición de trastornos del estado de ánimo. Sin embargo, según explica Rodríguez García, los estudios más recientes cuestionan que esa sea la explicación principal. "Los análisis clínicos han desmentido este mito", señala.

El psiquiatra aclara que existe cierta asociación entre las alteraciones hormonales y los síntomas de ansiedad o depresión, pero considera que esa relación es insuficiente para explicar la elevada frecuencia con la que ambas enfermedades aparecen juntas. "La asociación con las hormonas tiroideas es modesta en cuanto a los síntomas de depresión y ansiedad. No explica esa comorbilidad tan masiva que existe en personas con problemas de tiroides y también problemas psiquiátricos", afirma.
La genética, el posible vínculo común
Según Rodríguez García, la respuesta podría encontrarse en determinados genes relacionados con el sistema inmunitario, especialmente en el denominado complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). Este conjunto de genes desempeña un papel fundamental en la respuesta inmunológica del organismo, ya que ayuda a las defensas a reconocer qué deben atacar y participa en la regulación de los procesos inflamatorios.
"Está en tu ADN y se le llama complejo mayor de histocompatibilidad. Es el mapa que le dice a tus defensas a quién atacar y cómo modular esa inflamación", explica. De acuerdo con esta hipótesis, algunas variantes genéticas aumentarían simultáneamente la predisposición a desarrollar enfermedades autoinmunes de la tiroides, como la tiroiditis de Hashimoto, y trastornos relacionados con el estado de ánimo.

El sistema inmune, la tiroides y el cerebro
El especialista sostiene que no sería la alteración de la glándula tiroides la que provoca directamente la depresión, sino que ambas patologías compartirían un origen biológico común. "No es que la tiroides enferme a tu cerebro, sino que comparten la misma raíz inmunogenética", resume.
En este sentido, explica que el mismo sistema inmunitario que desencadena el ataque autoinmune contra la tiroides también podría influir sobre circuitos cerebrales implicados en la regulación del estado de ánimo y la ansiedad. "Tu propio sistema inmune, que afecta a la tiroides, también va a afectar al mismo tiempo a las vías que tienen que ver con el estado de ánimo y los estados de ansiedad", añade.
Qué dice la investigación
Rodríguez García hace referencia a estudios basados en la denominada aleatorización mendeliana, una metodología genética utilizada para analizar posibles relaciones de causalidad entre distintos factores biológicos y enfermedades.

Según explica, este tipo de investigaciones sugiere que cuando las hormonas tiroideas se encuentran dentro de valores normales —incluso si la hormona estimulante de la tiroides (TSH) presenta cifras limítrofes o "borderline"—, estas alteraciones no serían la causa directa de una depresión.
No obstante, los especialistas recuerdan que la depresión y la ansiedad son trastornos complejos y multifactoriales, en los que intervienen factores genéticos, biológicos, psicológicos y ambientales. Además, cuando existe un hipotiroidismo no tratado o mal controlado, sí pueden aparecer síntomas como cansancio, lentitud mental o alteraciones del estado de ánimo que mejoran con el tratamiento adecuado.
