Belén, granjera y contable, sobre las placas solares: "Llegué a pagar más de 3.000 euros al mes y ahora la factura suele situarse entre 500 y 600 euros"
"Las instalaciones se hicieron con subvención, es una buena inversión", asegura.
Ante el encarecimiento sostenido de la electricidad en los últimos años, cada vez más profesionales del sector primario buscan fórmulas para reducir su dependencia energética y ganar estabilidad económica. La instalación de placas solares se ha convertido en una de las soluciones más atractivas, especialmente en explotaciones ganaderas, donde el consumo eléctrico es elevado y constante.
En este contexto, la experiencia de Belén Piñeiro, contable y gestora en la SAT Carboeiro de Guntín (Lugo), es un ejemplo claro de cómo la apuesta por el autoconsumo puede marcar un antes y un después en la factura de la luz. La granjera ha convertido la energía solar en una herramienta clave para contener los costes energéticos de sus explotaciones ganaderas, logrando reducir de forma notable un gasto que llegó a comprometer la viabilidad económica del día a día.
Piñeiro gestiona una granja con alrededor 500 vacas y además cuenta con una nave avícola desde la que salen 30.000 pavos al año. Ante la subida del precio de la luz, agravada por la guerra entre Ucrania y Rusia, tomó la decisión de invertir en placas solares. "Todas las instalaciones se hicieron con subvención, por lo que es una buena inversión", señala en declaraciones recogidas por Campo Galego.
Una alternativa más económica
La intervención se ejecutó en ambas fincas: en la granja de vacas se montó una instalación de 45 kW con 108 paneles (un coste aproximado de 40.400 euros), y en la nave de pavos se instalaron 92 paneles que suman 38 kW (coste sin IVA de 45.650 euros), con ayudas que cubrieron parte relevante de la inversión. Los promotores del proyecto recibieron asesoramiento técnico y la tramitación de las subvenciones por parte de la empresa instaladora.
Piñeiro aporta datos concretos sobre la diferencia práctica: con las placas funcionando la factura de la granja de vacas fue de 2.400 euros en mayo, mientras que en junio, cuando la instalación no estuvo operativa, la factura se disparó a 3.400 euros. "Estoy muy contenta, porque llegué a pagar más de 3.000 euros al mes y ahora la factura suele situarse entre 500 y 600 euros", afirma completamente orgullosa por su inversión en energía fotovoltaica.
El ejemplo de Piñeiro encaja en un contexto más amplio: la fuerte subida de los precios energéticos en 2021–2023 puso a muchos sectores ante la necesidad de reducir su dependencia de la red eléctrica convencional y buscar soluciones de autoconsumo y almacenamiento. La fotovoltaica ha emergido como una alternativa para estabilizar costes en explotaciones intensivas en energía.
Para Piñeiro, la inversión está dando resultado ya que, además del recorte de la factura, la mayor previsibilidad en el gasto eléctrico mejora la viabilidad de la explotación y reduce la vulnerabilidad ante subidas bruscas de la tarifa. Su experiencia sirve ahora de referencia para otras granjas que valoran la transición hacia modelos de producción más sostenibles y resilientes.