Adiós al elitismo: el reguetón se vuelve clásico con el perreo sinfónico de Yandel
El puertorriqueño ha llenado dos noches consecutivas el Movistar Arena con su 'Sinfónico', donde repasa algunos de sus éxitos de reguetón 'old school' junto a Wisin y temas de su nuevo trabajo.

Se ha hablado largo y tendido de Lux, de cómo Rosalía ha puesto en el foco la música clásica con composiciones como Berghain, La Yugular o Reliquia. Sin embargo, el boom de lo clásico ya había traspasado una barrera que parecía casi inquebrantable: el reguetón.
Sinfónico, el último disco de Yandel, repasa a golpe de orquesta los clásicos del reguetonero que ha forjado buena parte de sus éxitos junto a la que ha sido durante 22 años su dupla, Wisin. Bajo premisas como "el dúo de la historia", "los extraterrestres" o "los líderes" cosecharon algunos de los himnos de ese reguetón old school que sigue triunfando en discotecas, bodas y verbenas.
Sus oyentes, tal y como se dejó ver este lunes en el Movistar Arena, se mantienen fieles aunque ahora su vida no sea la de los adolescentes o jóvenes millenials que llenaban las pistas de baile y el perreo tenga cada vez menos hueco en la vida adulta.
Al llegar al auditorio, el despliegue como si de un recital de música clásica se tratase no está solo en los atriles sobre el escenario, también en cada uno de los asientos de la grada y las sillas de la pista, donde se ha colocado un folleto, un programa en el que se detallan los componentes de la orquesta y una biografía de Llandel Veguilla Malavé, quien hace solo dos semanas cumplió 49 años.
Parecería que todo iba a ser más formal, pero nadie puede huir del reguetón, por mucho que se peque de elitista o de snob. Parafraseando a King África, "todos somos muy dignos hasta que pasa la primera charanga" o, en este caso, hasta que suena un hit del que ya es por muchos calificado como "reguetón antiguo".
El perreo a sones del reguetón old school con las cuerdas y los vientos de la Camerata Antonio Solé llenaron el recinto madrileño en un lunes lluvioso y por segundo día consecutivo, después de un sold out este domingo. Bastaron solo los primeros acordes de El puño de tito a unas puntuales 21h de la noche para que absolutamente nadie se sentase en su asiento y un estruendo invadiera el recinto y el perreo dominase entre sus asistentes.
Ellos con looks de leather —como el del propio Yandel, que mostró en la segunda parte un top de malla imitando tatuajes sobre su piel— y gorras New Era o estilo béisbol. Ellas, minifaldas, tacones, encajes y botas de cowboy.

Aunque tras esta primera intro, Yandel enfrentó algunos problemas técnicos con su DJ (nada perceptible a oído del público), esto no hizo más que tuviera que alargar una de las pocas charlas con el público en la que recordó que hace unos años visitó España por primera vez gracias a una emisora de radio y comprobó el éxito que tenía su música.
No hicieron falta muchas más palabras para que Yandel empezara una metralleta de éxitos como Nunca me olvides, Abusadora o Te siento. Esta abriría paso a la que podría ser la más coreada de la noche con ese "hola, ¿qué tal? Soy el chico de las poesías" que da comienzo a Noche de sexo y que el propio Yandel invitó a dedicar a su "jevo" o "jeva". A esto le seguirían otros éxitos como El teléfono, con un arreglo dramático de cuerdas, Rakata, Pam pam pam o Ay mi Dios.
"Esto es un sueño hecho realidad", dijo en más de una ocasión el artista, que tuvo durante los 120 minutos de concierto al público madrileño absolutamente entregado, como si el tiempo no hubiera pasado y como si las canciones de reguetón formasen parte de una discoteca propia de Los Bridgerton.
Los gráficos, lejos de acompañar al despliegue musical y técnico sobre el escenario, mostraban al más puro estilo 2000 desde un collage de banderas latinoamericanas, a escenas de los videoclips de las canciones distorsionadas o las propias grabaciones del artista y el público en directo. Todo, con efectos al estilo retro, que chocaba con casi un continuo de destellos y humo en el frontal del escenario.
Una orquesta local bien acompañada de colaboraciones y hasta un cuadro flamenco
La noche también tuvo lugar para colaboraciones. Como él mismo avisó antes de presentar a Saiko "nunca viajo solo". El granadino subió al escenario a cantar Reina, la canción que tiene con él y con Mora. Pero esta no fue la única visita, también se subieron a cantar con él su hermano Gadiel, con quien interpretó Platiko y La Pared, y Dei V, quien visitará el recinto madrileño el próximo 6 de marzo.
A lo largo de su repertorio, además de las colaboraciones Yandel se desfogó al ritmo del perreo con sones de clarinetes, flautas, oboes, violines, contrabajos y violas tanto con temas clásicos como el "viaje a 2005" que fue Noche de entierro o Mayor que yo, pero también presentó sus canciones nuevas de su trabajo Infinito como Scarface.
En un impás de la noche, después de un potente estruendo en el que tanto Yandel como su DJ pidieron "ruido" para los asistentes de Venezuela, Colombia, Puerto Rico o Cuba, con una acogida del público atronadora, el escenario se fue a negro y lejos del reguetón, apareció un cuadro flamenco.
Belén López fue la bailaora encargada de bailar unas bulerías interpretadas por Rafita de Madrid y Juanarito al cante, Carlos Jiménez al toque y El chispas, al cajón. Un momento en el que Yandel aprovechó para tomar aire y coger fuerza para el último bloque para el que sumó a nada menos que siete bailarines y bailarinas.
Allí sonaron baladas más lentas como Lloro por ti, Como es que se hace o Estoy enamorado, en la que Yandel no dudó de dedicársela a su "chula", con la que tiene dos hijos. Tras esto, volvió el perreo más clásico con temas como Te suelto el pelo, Dembow o Sácala.

Pero también para colaboraciones, aunque no en directo sino en vídeo con un casi irreconocible y joven Bad Bunny en Explícale. Todo ello acompañado por un entregado cuerpo de baile, que sacó los pasos prohibidos para el bloque de hits junto a Wisin como Me estás tentando, Háblame de él o Moviendo caderas.
Con un público sin parar de perrear, sin vergüenza ni pudor tras 120 minutos de concierto, el "¿queréis una más?" de Yandel llenó el estadio, que pudo bailar una canción más: ese hit que es Yandel 150, grabada junto a Daddy Yankee y Feid.
Con este acercamiento de Yandel a la música clásica que comenzó a gestarse en 2024 con su colaboración a la Orquesta Sinfónica y Coral de la Universidad Internacional de Florida (FIU), Yandel ha decidido apostar por orquestas locales allá donde va. "Es una manera de inspirar a los jóvenes. Son talento local y saben llevar la música al otro lado", señaló.
Lejos del elitismo y el esnobismo con el que se mira desde cierto sectores al reguetón, los músicos de la Camerata, bajo la batuta del director mexicano Javier Mendoza no podían evitar sumarse a los movimientos de torso llamados por el perreo. El reguetón, ese que a finales de los 90 acuñaría Daddy Yankee, ha cumplido más de 30 años. Ya es para algunos "clásico" y, en un momento, en el que el trap, el hiperpop y los ajustes con autotune y saturación va más allá de lo que lo hacían en los 2000, la vuelta a lo orgánico también ha tocado las bases del género urbano por excelencia y del que Yandel ha dejado claro que sigue siendo parte de "la historia".
