Bárbara Lennie: "Tomé trabajar con Almodóvar como un privilegio y con una decisión muy clara de que ese universo tan medido no me avasallara por completo"
La actriz y Leonardo Sbaraglia responden a preguntas sobre 'Amarga Navidad', la cinta de Pedro Almodóvar, que ambos protagonizan.
Cada uno protagonista en su universo, hasta el punto de no coincidir en escena ni rodaje. Así ha sido el papel de Elsa (Bárbara Lennie) y el de Raúl (Leonardo Sbaraglia) en el último filme de Almodóvar, Amarga Navidad. Un nuevo ejercicio de autoficción y metacine del manchego en el que el personaje de Sbaraglia encarna a un director en el que se refleja el propio Almodóvar, que se encuentra creando una película de la que su alter ego es el personaje de Elsa.
En ella se abordan los conflictos éticos y personales que se les plantea a ambos a la hora de "vampirizar" historias de su entorno. Algo que, Sbaraglia, quien califica a su personaje en la ficción como un "Almodóvar no amable", define como "un intento de volver a la humanidad al margen de que podamos pensar en hacer obras de arte y que el arte es inspirador para millones de personas".
Ambos alter ego del propio cineasta manchego responden a las preguntas de una mesa redonda en la que estuvo presente El HuffPost sobre esta nueva película, sobre su experiencia con el cineasta —en ambos casos, por segunda ocasión y pasando de reparto a protagonista— y sobre la filmografía de Almodóvar.
En este Amarga Navidad, Bárbara interpretas a una versión del ficticio Raúl, y Leonardo interpreta a una “versión de Almodóvar”, siendo consciente de eso, ¿cómo se trabaja eso?
Leonardo Sbaraglia: Nosotros no trabajamos juntos. Si tuvimos la necesidad de encontrarnos, nos conocíamos poco, nos encontramos y charlamos un poco de dónde estaba cada uno en el medio de este proceso tan maravilloso y tan original, ¿no? De estar trabajando con Pedro. Creo que nos hizo bien un poco para entender más o menos por dónde estaba trabajando cada quien. ero las directivas estaban tan claras y tan concretas de parte de Pedro, que tampoco teníamos que ponernos de acuerdo en nada en particular.
Se ha comparado este Amarga Navidad con Dolor y gloria y con otras películas del manchego, ¿cómo encajáis esta película en la filmografía de Almodóvar?
Bárbara Lennie: Creo que la hermana evidente es Dolor y gloria. Es como una vuelta a su mundo más íntimo, a su ficción, autoficción. Pero es verdad que revisando un montón de películas suyas, que lo hice imagino que tú también [Leonardo], o verlas por primera vez porque no las había visto todas. Realmente hay una sensación de que todas pueden ser una gran película larga, donde van fluctuando un poco los temas, fluctuando las mujeres y los hombres que están en ellas, pero todos de alguna manera son un trasunto de otra.
Hay semillas de películas que hará 10 años después, que ya están de sus primeras, hay libros que salen en la película tres, que después serán la película que hará. Eso es muy bonito, porque es un universo que se ha ido desarrollando a lo largo de los años y de repente entras a formar parte de eso, de esa historia larga de muchísimos años. De repente tu cuerpo y tu alma también están ahí. A mí me parece que es emocionante. Si te gusta el cine, lo es.
Leonardo Sbaraglia: Es cierto, porque también me tocó revisar un montón de pelis de él y te das cuenta que hay frases que tú tienes que estudiar, que las dijo Marisa Paredes quizás hace 30 años. Es muy loco, es muy interesante. Pero al mismo tiempo, a mí me pasa que yo no puedo ser objetivo, no puedo tomar perspectiva ni de dónde estoy parado, quiero decir. De hecho, todavía esto no me lo termino de creer, estar ya presentando una película y que esté gustando, que esté funcionando. Creo que ahí está qué es lo que le pasa a la gente, qué es lo que le pasa al público.
La sensación, por lo que voy recibiendo, es que es una película que en principio llega. A mí me sorprende de la manera tan contundente que está llegando al espectador. Desde el guion, la sentía una película más encriptada, que podía llegar a ser más conceptual, abstracta. Sin embargo, creo que el genio de Pedro ha logrado una vez más poder traducir cosas tan íntimas en expresión, en emoción, en poesía.
Desde fuera, Pedro Almodóvar tiene un universo cinematográfico muy claro: unos colores, un lenguaje... ¿Cómo es vivir desde dentro escenas que están medidas hasta el último detalle?
Bárbara Lennie: Siendo consciente de que eres una pieza más de su universo, una pieza muy importante, porque al final a Pedro le interesa y le gusta mucho el trabajo con los actores. Pero es un director de cine que no le gustan las esferas de cine, como que el armatoste o la artificiosidad de un rodaje no le gusta nada y a veces ni siquiera le interesa ni lo entiende muy bien. Y fíjate que ha hecho películas.
Es verdad que los actores somos para él una pieza muy importante, porque al final somos los que portamos la voz y sonamos, que le importa mucho cómo suena su película. Lo tomé como un privilegio, como una gran responsabilidad también, porque creo que uno siente esa responsabilidad cuando entra a formar parte de un proyecto con Pedro.
También con una decisión muy clara de que todo eso tan medido y tan pensado y tan de su universo no me comiera tampoco, no me avasallara por completo, porque al final él me está llamando porque quiere algo de mí también. Entonces, más allá de ser una pieza, hay un acuerdo que tiene que ver con lo creativo y con un intercambio creativo que tiene que preservarse. Me lo tomé como muy en serio el intento de disfrute, el intento de mantener cierta tranquilidad, cierta calma, una gran apertura y una gran entrega.
Hablábamos de que uno tiene que empoderarse en una película de Pedro, que hay que estar fuerte, hay que brillar, y más cuando hacemos un personaje que de alguna manera es él, no siendo él. Y él es una personalidad muy poderosa y muy fuerte.
Leonardo Sbaraglia: En mi caso, cuando decía “¿por qué me está ofreciendo esto a mí?”. Y es esto que dice Bárbara, de que uno se tiene que empoderar, uno tiene que saber que por algo te está llamando, porque algo quiere de ti, algo quiere a cambio. Sin embargo, uno dice “¿por qué me está llamando? Con la cantidad de actores que hay en el mundo, yo ni siquiera soy español”.
En ese sentido, creo que para mí, quizás como argentino, me costó todavía un poco más, a pesar de que es de mis directores favoritos de toda mi vida y que más me ha inspirado y, por los cuales, seguramente me he tenido ganas de venir a vivir a España y he vivido aquí ocho años y no se me dio en ese momento, al mismo tiempo es un sueño.
No se termina del todo de creer, pero me parece que la principal autoexigencia está en uno, además de que él es tremendamente exigente y preciso con lo que quiere. Volvió a ser una experiencia muy fortificante y muy enriquecedora.
Hablas de volver porque los dos habéis trabajado con él. Bárbara, en La piel que habito, y Leonardo, en Dolor y gloria. Ambos salisteis poco en estas películas, de reparto a protagonistas, ¿cambia la experiencia de trabajar con Almodóvar?
Bárbara Lennie: La gente me sigue parando por la calle en los bares diciéndome “Hola, soy Vicente”, que es como “tio, déjame en paz”. Realmente en esa película fui muy poco. Igual fui un día y medio, que él quiso volver a repetir todas esas últimas secuencias y rodamos otro día y dije “buah, qué bien”. Pero no recuerdo ni siquiera mucho, fue una experiencia bastante arrolladora, muy nerviosa. Ha cambiado muchísimo.
Ahora me llama muchos años después para hacer la mujer de la película. Por supuesto, que no tiene nada que ver la experiencia, ni mi acercamiento, ni creo que los momentos vitales de los dos, ni de dónde estamos a muchos niveles. Hemos cambiado un montón y ha pasado todo, mucha vida.
¿No te has quedado con la idea de que no te llamase otra vez?
Bárbara Lennie: No, pero siempre ha venido a verme al teatro, siempre está por ahí. Pero en el rodaje, Elena Anaya me dijo “tú vas a hacer un personaje muy pequeño, pero luego vas a hacer toda la promo, yo en la película anterior, salía nada en una boda y me hice la promo entera”. Y nunca pasó nada, no me llamaron nunca, ni para el estreno.
Dije “pues claramente nunca más en la vida”. Y hace algunos años volví a pensar “me gustaría que ocurriese”. Igual no tenía mi número (risas).
Leonardo Sbaraglia: En mi caso, era una escena, era todo un personaje muy importante dentro de la historia, como parte que pertenecía al corazón de la historia. Ahí lo tenía más fácil porque era un color mucho más accesible para mí, una cosa más tierna, más luminosa, más emocional.
En este caso me tocó hacer un personaje más frío, donde Pedro se pone a él mismo en un retrato no amable, como me decía una periodista ayer, un poco el villano. Es un personaje con el cual cuesta empatizar y que no lo quieres. Pero al mismo tiempo creo que él se pone ahí, obviamente, para reflexionar sobre la propia relación que él tiene con su obra, con su arte, con sus herramientas, con la gente que lo acompaña en ese viaje, con la gente que él pudo haber lastimado probablemente sin darse cuenta.
Porque, como él dice en un momento, cuando el personaje de Aitana, me dice a mí “no, porque hiciste esto y aquello” y la cara como de estupor, como si él (Raúl) de pronto, no tuviera los elementos para darse cuenta o para poder mirar al otro y decir “ah, sí, te está lastimando esto que estoy haciendo, pero mi película es más importante”. Entonces, ¿qué es más importante?
Ahí está creo que la reflexión de la película, como un intento de volver a la humanidad, de volver a registrar la humanidad al margen de que podamos pensar en hacer obras de arte y que el arte es inspirador para millones de personas y lo importante que eso es, pero que también son importantes las personas que nos rodean, y ahí está creo que la gran pregunta, la gran incógnita y el gran planteo que hace la película tan valiente.