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Carla Gracia, autora de 'El jardín dormido': "Nos pasamos la vida comparándonos y eso te va a hacer infeliz siempre. No tenemos que ser útiles, tenemos que existir"

Carla Gracia, autora de 'El jardín dormido': "Nos pasamos la vida comparándonos y eso te va a hacer infeliz siempre. No tenemos que ser útiles, tenemos que existir"

Hablamos con la escritora Carla Gracia, que regresa con un 'healing fiction' marcado por las segundas oportunidades, los cambios de vida y el poder de flores y plantas.

Carla Gracia, autora de 'El jardín dormido'
Carla Gracia, autora de 'El jardín dormido'Espasa

Carla Gracia (Barcelona, 1980), tenía una carrera en el mundo de la comunicación que pudo haber llegado más alto. Pero un día, tras una entrevista en Londres, se dio cuenta de que eso no era para ella. Carla lo dejó todo y se marchó a un pueblo para dedicarse a cultivar un huerto. Confiesa que fue el año más feliz de su vida. 

Pero como suele pasar, terminó regresando a la rueda. Se casó, tuvo dos hijos y retomó su vida profesional en la universidad al tiempo que se lanzó a la escritura. Un día, uno de sus hijos sufrió un brote psicótico y fue diagnosticado con autismo. Su vida cambió, se dio cuenta nuevamente de lo que de verdad importaba y ya no hubo marcha atrás.  

Escribió Perfectamente imperfecta, un libro muy autobiográfico sobre lo que le estaba pasando y, poco después, tras la transformación que experimentó con lo que parecían unas simples clases de pintura para relajarse con dos horas por semana, surgió El jardín dormido. En esta novela, publicada por Espasa, una mujer llamada Iris sufre un desengaño que le lleva a cambiar Inglaterra por la aventura de despertar un misterioso jardín en l'Empordà.  

Por ello hablamos con la autora en una entrevista en la que tocamos el tema de las redes sociales, de los cambios de vida, del poder de las plantas y las flores, de nuestra desconexión con la naturaleza y de la importancia de no compararnos con los demás y llevar nuestro propio camino. 

Carla Gracia con su libro 'El jardín dormido'
  Carla Gracia con su libro 'El jardín dormido'Espasa

¿Cómo surgió El jardín dormido?

Fue como por un montón de casualidades. A veces ya sabes lo que vas a escribir, pero otras es como si la novela te encontrara a ti, como me pasó con El jardín dormido. Yo tenía en barbecho una novela muy personal y bastante autobiográfica, Perfectamente imperfecta, sobre mi hijo con autismo. Se la di a mi madre, al padre de mis hijos, a la psicóloga, a la psiquiatra... para que la leyeran antes y no hacer daño a nadie. Yo estaba muy triste, estaba como en invierno, con mucho duelo dentro, y me reservé los lunes por la tarde para mí porque no podía más. Y me fui al centro cívico de mi pueblo a ver qué tenían los lunes de seis a ocho de la tarde.

La actividad que tenían era pintura, que nunca se me ha dado especialmente bien, pero le dije a la profesora que me dejara unos rotuladores y que haría arteterapia. O sea, poder llorar, tener un momento para mí misma, para no tener que estar pendiente de nadie y tener que hacer que todo el mundo esté bien. Simplemente quería estar conmigo misma. Al principio fue eso, estar yo. Y luego, poco a poco, empecé a ver lo que estaba dibujando. Y cada semana la profesora me proponía una planta distinta para dibujar.

¿Siempre fueron plantas?

También proponía otras cosas, pero a mí lo que más me interesaban eran las plantas. Y me proponía plantas que no eran tan evidentes, como por ejemplo una ortiga. Y al tener que pintar una ortiga pensaba en qué propiedades tenía. Y empecé a ver las plantas de otro modo. Y a mirarme a mí, a mi hijo, a mi realidad, también en las luces y en las sombras. Y fue como si cada semana plantara una planta en mi jardín, era como mi momento. Y a partir de aquí empezó a surgir la protagonista de la novela, Iris, una persona que necesitaba también ese jardín.

Porque como ella, en un momento de mi vida, yo hacía lo que se tenía que hacer, y trabajaba en el mundo de la comunicación. Lo de escribir muy bien, pero para los fines de semana. Entre semana, un trabajo que me diera para comer. Un día salió un puesto en J.P. Morgan, en Londres, en un banco. Y fui ahí a hacer la última entrevista para entrar. La sede estaba en un edificio victoriano, precioso, al estilo del del padre de Mary Poppins, pero también era oscuro y gris, y cuando entré, la sensación era que me iba a asfixiar.

"Lo dejé todo y me fui a vivir a un pueblo pequeño con mi gata. Hice mi primer huerto y ese año fue el más feliz de mi vida"

En la entrevista me preguntaron qué libros tenía en mi biblioteca y si tenía libros de economía. Y no tenía ninguno, la verdad. Entonces empecé a pensar que ese no era mi sitio y que me iba a ahogar. Dejé esa opción y esa misma tarde me fui a andar por las librerías de Londres. Y cuando volví dejé el trabajo que tenía en Barcelona, la pareja que tenía, porque no entendía lo que quería hacer, y me fui a vivir a un pueblo pequeño con mi gata, Amor. Hice mi primer huerto y ese año fue el más feliz de mi vida.

Mi madre me decía que nos fuéramos de vacaciones, y yo pensaba, '¿pero qué vacaciones? Si no necesito ir a ninguna parte'. No tenía dinero. No podía ir a una cafetería a tomar un café. Pasaba con lo mínimo, pero era muy feliz.

Posteriormente volví a entrar en la rueda... pareja, hijos... Y necesitaba más dinero y volví al trabajo. Conseguí una plaza en una universidad y, cuando ya tenía la casa y todo, mi hijo tiene un brote psicótico, le diagnostican de autismo y tengo que dejarlo todo de nuevo. Al principio fue muy doloroso, sobre todo por él. Fue una sensación de que se te rompe la vida, pero al mismo tiempo recordé que podía tener otra opción.

¿Cuántos años tenías cuando te fuiste a hacer el huerto?

29 o 30, que es como ese momento en que ya quieres asentarte o no. Y pasados los 40 tuve que dejar de trabajar para estar para mi hijo, ir de psicólogo en psicólogo, de psiquiatra en psiquiatra, al neurólogo... Y solo tenía ratitos en los que podía coger el móvil y escribir. Podía estar a trocitos conmigo y a trocitos con mi hijo. Y a partir de aquí es como una segunda vida, que es lo que le he dado a Iris, una segunda vida para pensar qué quiere hacer y no deja que nos guíe lo que creemos que los demás esperan de nosotros. Porque puede que parezca todo perfecto, pero por dentro puede estar vacío.

¿Por qué un healing fiction? ¿Qué tiene este género literario?

Pues la verdad es que no sabía lo que era un healing fiction cuando presenté el libro en la editorial. Fue Rosa, la editora, quien me dijo que le encantaba y que era un healing fiction perfecto. Le di las gracias por decirme lo que era y que esperaba que fuera bueno. Pero sí que es cierto que es un libro que a mí me ha curado. Me ha dado un refugio, un espacio donde tenerme a mí misma y donde poder llorar, pero al mismo tiempo ilusionarme.

Después de lo que le pasó, mi hijo me dijo: 'Mamá, es que soy una inversión inútil'"

Yo creo que en el healing fiction hay una parte de observación importante que es muy asiática, de contemplación. Yo a veces salía del psiquiatra y me sentaba en un banco y tenía un árbol delante de mí. Y me quedaba mirándolo todo el rato y pensando 'mira, pero si es primavera'. No me había dado cuenta. Porque a veces vamos tan apresurados y tenemos que estar siempre dando resultados, que no nos damos cuenta de que la vida pasa.

El otro día mi hijo, que ahora ya tiene 10 años, y tenía seis cuando pasó todo, me dijo: 'Mamá, es que soy una inversión inútil'. Hasta un niño pequeño con autismo se ha dado cuenta de que en este mundo lo que cuenta son los resultados. '¿Qué notas sacas?' '¿Qué va a hacer de mayor?' Y entonces dice: 'Soy inútil'. Y yo le dije que no tenemos que ser útiles, tenemos que existir. Y además, ¿útiles para quién? Es decir, más allá de los resultados, eres útil. A mí me has descubierto que puedo ser imperfecta, que puedo ser yo misma. Porque voy por la calle con él y no podemos ser una familia perfecta para nada. Porque siempre es muy raro todo.

¿Y qué familia es perfecta?

Exacto, pero muchas lo parecen. Y se esfuerzan para que lo parezca. Pues la nuestra no puede serlo, y eso me ha dado un peso increíble. Así que también le decía a mi hijo 'no sé si serás útil o no, pero lo que tienes es que vivir tu vida y eres útil en cuanto a que me inspiras, en cuanto a lo que me aportas, a mí y a tanta gente que te quiere'. Y nos olvidamos de eso.

Y volviendo a lo del healing fiction, creo que esta literatura viene a recoger esa ansia de no ser tan exigente con la vida, de vivir un tiempo más humano, de vivir tanto hacia adentro como hacia afuera. Y yo creo que esto sí que nos puede servir de inspiración porque también aquí nos hemos olvidado.

La periodista y escritora Carla Gracia en la Quinta de los Molinos de Madrid
  La periodista y escritora Carla Gracia en la Quinta de los Molinos de MadridEspasa

¿Qué o quién te ha inspirado, además de su propia vivencia, para crear esta novela?

Yo soy muy fan de las novelas victorianas, del gótico, del romanticismo y de Jane Austen. Ella nos dice que tenemos que ser dueñas de nuestro destino. También de las hermanas Brontë y de George Sand, que es un romanticismo más radical. Nos dicen que no necesitamos al otro para hacer nuestra vida, que caminemos por nosotros mismos, en nuestras sombras. Y es eso en lo que se arraiga El jardín dormido.

Tengo influencia también de Mercè Rodoreda, que para mí es un gran referente, sobre todo con Mirall Trencat, o de Margarit Torras, que hace mucho hincapié en la naturaleza como reflejo de uno mismo. Y todo esto me ha ayudado muchísimo en ‘El jardín dormido’ en cómo refleja el crecimiento interior de Iris en las plantas. Y eso me liberaba también, porque a veces los libros te dicen cómo aprender a vivir con tu vida o que seas más positivo y es como... ¿Podemos descansar un poco, por favor?

La protagonista realiza un cambio de vida enorme. ¿Buscabas que el lector se pueda plantear hacerlo también?

Espero que sí, porque hay otras posibilidades de vida. Durante el tiempo que pasé viviendo sola en la montaña, viviendo con muy poco, tenía en la pared dos frases que había pintado yo. Una era, 'puedes ser, hacer y tener lo que quieras. Haz que tu vida sea sagrada'. No sé si hay otra vida, pero sé seguro que tengo esta, así que voy a hacer que valga la pena, pero para mí, no para los demás. Pero al final tengo que vivir yo cada día. Y la otra era, 'todo el tiempo que estás fuera no estás dentro'. Y a veces nos perdemos fuera. 

Y con las redes sociales es terrible. Estamos todo el día comparándonos, todo el día buscando algo que no somos y que tampoco nos complace, en realidad. Entonces sí, me encantaría que quien lo lea piense qué quiere hacer con su vida y que sienta que puede hacerlo. Es verdad que hay situaciones más duras. Si tienes hijos y no tienes pareja, tienes que sostenerlos económicamente tú. Hay situaciones que son un poco más complicadas y que requieren una estrategia previa. Pero cambiar, se puede cambiar siempre, tenemos opción de cambiar. No necesitamos tanto. Si te metes en la rueda necesitas más y más. 

"La felicidad es comparativa. Si tú eres el más rico de tu pueblo eres más feliz que si eres más rico, pero eres el pobre de tu barrio"

Una vez hice una entrevista a una mujer del CSIC que hizo un trabajo maravilloso sobre la felicidad que luego lo han ido ampliando con Harvard con otro estudio sobre qué nos hace felices. Y decía algo muy sabio: que la felicidad es comparativa. Si tú eres el más rico de tu pueblo eres más feliz que si eres más rico, pero eres el pobre de tu barrio. Y antes, que en la época de Jane Austen a lo mejor conocías 200 personas en toda tu vida, pues todavía, pero ahora que nos comparamos con todo el mundo... Por ejemplo mi hijo quiere ser youtuber y se compara con los demás. Y parece que si no tienes cinco millones de seguidores en Youtube, no eres nadie. Esto te va a hacer infeliz siempre.

Yo durante estos tres años no estuve en las redes sociales. Lo dejé todo. Y la vida seguía. Y de hecho, me hacía más feliz pasar por la calle y fijarme en que había un tilo y que iba a coger tila. Y alucinaba con que nadie lo cogiera porque se estaba desperdiciando.

La vida es mucho más sencilla. No hace falta hacer tantas grandes cosas. ¿De quién esperamos que nos diga que lo estamos haciendo muy bien? Nunca nos lo dicen, nunca hacemos lo suficiente, y lo que hacemos dura dos días. Por ejemplo yo salí en la portada en La Vanguardia. Y me levanté y tenía como 30 mensajes de gente que normalmente no me dice nada. Y me hace feliz y está bien que me escriban y que el libro venda, pero si dentro de una semana mi hijo tiene una crisis, esta gente no estará. ¿Quién estará? Mi madre, mi suegra, mis hijos, mis amigos más cercanos...

Y por otro lado hay cosas que no queremos hacer, que nos dan pereza, pero el problema es cuando llega un momento en que sientes que tu vida no tiene sentido, que no estás aportando nada, que está vacía. Que te vas a dormir y dices y te preguntas qué es lo que has hecho. En ese momento tienes que tocar tierra, en si siempre te estás comparando con los demás y en si te llena lo que haces. Y si no te llena, necesitas cambiar.

Carla Gracia es la autora de la novela 'El jardín dormido'
  Carla Gracia es la autora de la novela 'El jardín dormido'Espasa

Qué peligroso es compararse con los demás...

Sí. Mi situación normalmente es peor y eso también te libera, porque ya no me comparo. Mi vida es distinta y ya está. Hay gente que te dice que tienes suerte, pues sí, la tengo en unas cosas y en otras no. Yo abogo por los secundarios en las películas. Ser secundario está muy bien. Hacer cosas que te gusten, que estén bien. Si necesitas decir algo, decirlo. Y si eso implica estar en un primer plano, lo haces. Pero estar en un primer plano por estar en un primer plano, es difícil de sostener. Ser el mejor, el que gana más, el que tiene mejores hijos... Porque es que no es solo tener hijos. Es tener hijos y que sean perfectos porque sí no, no eres nadie en este mundo. Y no hace falta, podemos ser nosotros mismos sin tantas etiquetas y vivir nuestra vida.

¿Crees que éramos más felices antes de las redes sociales?

Estoy prácticamente convencida de que sí. De hecho, muchos estudios señalan que los jóvenes que nacen y crecen con ellas viven con muchísima presión, más sensación de aislamiento, de estar solos, de depresión, de competencia, trastornos alimentarios, trastornos de ansiedad... Aunque es verdad que dan muchas cosas, como enterarnos de muchas otras cosas que pasan por el mundo o dar voz a personas que antes no la podían tener. Pero es que las estamos mal, y eso a los sistemas les va bien porque quieren que nos enganchemos, que estemos dedicando dos, tres horas, cuatro horas al día a las redes sociales en lugar de salir a tomar un café con un amigo o ir a dar una vuelta.

O ir un curso de pintura, como hiciste tú, o tener el placer de no hacer nada, que de vez en cuando tampoco está mal...

Exacto. Parece que siempre tenemos que hacer algo. En mi caso yo necesitaba dos horas para mí, pero también puedes estar un rato sin hacer nada. Pero es que ahora ya no tenemos ni silencio. El huerto antes nos daba silencio. Ahora no tenemos momentos en el día en los que podamos estar en silencio.

¿Cómo nos ayudan las plantas y las flores en nuestra vida?

Lo hacen en muchos sentidos. Nos hemos distanciado mucho del mundo. Vivíamos en el asfalto, pero ahora ya casi casi ni eso, vivimos en lo digital y no lo hacemos en la tierra. Decimos que vamos a proteger el medio ambiente como si fuera algo externo a nosotros, pero es que somos naturaleza.

Cuando puse mi primer huerto, que fue un fracaso absoluto, porque tenía lechugas que tardaban un mes y medio en crecer y crecían mal, me frustraba por haber dedicado tanto tiempo a algo que no funcionaba. Pues un payés me dijo que las había plantado en luna decreciente y por eso salían tan mal. Claro, yo esto de los ciclos no lo sabía. Y lo cierto es que nos hemos desconectado, por lo que las plantas, además de ser bonitas y espectaculares, nos ayudan a recordar quiénes somos y tienen unas propiedades maravillosas.

Yo me quedé prendada de la pasiflora, porque por todo lo que vivía con mi hijo tenía que tomar un montón de pastillas de valeriana con pasiflora. Y la valeriana la tenía más o menos ubicada, pero de la pasiflora no tenía ni idea. Y es una planta que es maravillosa porque tarda mucho en brotar, pero cuando lo hace, está 30 segundos solo, o un minuto. No tienes tiempo de ir a buscar el móvil y hacerle una foto. Y te está diciendo, 'tú paciente, y luego disfruta de la vida', te está dando un mensaje precioso.

"Las plantas, además de ser bonitas, nos ayudan a recordar quiénes somos y tienen unas propiedades maravillosas"

El elóboro, el acónito, la datura, son plantas tóxicas que se han utilizado siempre. Tanto para matar, en su momento, como también para purificar el alma. Cuando estamos tan llenos de angustias, de dolor, de ira, o de exceso de comida, un poquito de esas plantas nos ayuda a purificar el alma.

Y es un conocimiento que se perdió. Se sigue utilizando en la medicina, pero no lo conocemos y lo vemos en pastillas. Además hemos perdido un poco la utilización también en la comida. La canela, que abre el alma, o cuando pones un poco de tomillo que ayuda a digerir. Al alejarnos de la naturaleza nos volvemos más dependientes, como ocurrió durante el gran apagón o el confinamiento, que teníamos que ir a buscarlo todo. Yo pensaba que si tienes un huerto no tienes tanta sensación de angustia porque sabes que allí como mínimo tu familia va a comer.

Así que nos hemos desconectado. Y creo que tendríamos que hacer ese replanteamiento porque no sirve proteger el medioambiente solo desde las leyes. No te comerías un gato o un perro porque los tienes en casa. Pues si cuidas las plantas y estás acostumbrada a cuidarlas, vas a querer cuidar el medioambiente porque forma parte de ti.

Imagino que te gustará mucho la iniciativa Mother Nature, de Kate Middleton, con la que pretende acercar y honrar la naturaleza...

Sí, es bonita. Hay personas que han pasado por procesos muy dolorosos, de enfermedades, de sensación de que se acaba tu vida, como le ha pasado a ella, o lo que viví con mi hijo, que me daba igual el mundo y solo quería que mejorara. Y cuando eso ocurre, te aferras a lo que realmente vale la pena y una de esas cosas es la tierra. Y eso nos hace olvidarnos de los momentos en los que nos ahogamos en nuestros pensamientos y en nuestras obsesiones.

¿Qué recomendarías para males del cuerpo y alma? ¿Qué plantas nos ayudan?

Depende de lo que necesites. Si lo que quieres es pedir deseos y quieres un amor, amistades o un nuevo trabajo, el diente de león es maravilloso. Se pueden comer directamente las hojas, lo puedes echar en la ensalada y es muy depurativo. Sientes que dejas atrás cosas y puedes pedir nuevos deseos. Está la mimosa que es esplendorosa y tiene un olor a miel que es como te abraza y te dice que todo es posible, que pidas y se te dará de algún modo.

Y luego hay otras que hacen falta, por ejemplo, en momentos de dificultad, cuando tienes que resistir. Y ahí entra la peonía y su leyenda. Cuentan que la emperatriz de China quería que florecieran todas las flores a la vez, pero la peonia se negó a florecer cuando no tocaba. Y es como permitirte el proceso de estar mal cuando estás mal y de estar bien cuando estás bien y resistir. Me parece maravillosa.

"España es un país en el que la naturaleza nos brota por todas partes. Tenemos mucha suerte"

Está la menta, que nos ayuda a depurarnos si has tenido un mal día. A mí me encanta la salvia porque nos salva, nos da fuerza y calidez. No puedo olvidar todas las que tengan una flor similar a la margarita, como la caléndula o la rudbeckia, que dan consuelo y nos van muy bien para cicatrizar el alma y la piel. Hay muchísimas y las tenemos allí a mano porque casi todas excepto la ave del paraíso, que no es propia de aquí. Estamos en un país en el que la naturaleza nos brota por todas partes. Tenemos mucha suerte.

Es un país plagado de naturaleza, sí, pero ¿crees que tenemos suficientes parques y jardines en las ciudades?

Eso no. En Barcelona nos falta un montón. Tenemos la Ciutadella, que es como minúscula y muy insegura. En Madrid, El Retiro es un espacio precioso y grande en el que te puedes perder, un poco como Hyde Park o Central Park. En cambio en Barcelona no tenemos eso. Es cierto que tenemos el mar, que nos regenera, y las montañas de Collserola, pero en la ciudad nos faltan zonas verdes, tener parques cerca y bosques. Yo al final me he ido de Barcelona y vivo en un pueblo con mis hijos. Allí puedo enseñarles cosas que en la ciudad sería imposible. En Barcelona te das cuenta que es Navidad por las luces.

Pero entiendo que ha mejorado con las superilles (supermanzanas), ¿no?

Sí, porque sobre todo ha mejorado que la ciudad no sea un sitio de paso, sino que haya espacios donde puedes conversar y hacer comunidad. En Estados Unidos no hay plazas, quedas en el centro comercial. Pero es que incluso en ciudades de Francia cada vez más hay más tendencia a los centros comerciales. Así que sí, las superilles han ayudado. Lo que pasa es que hay muy poca vegetación y poca cultura. Por ejemplo, ahora en la primavera tenemos que talar todos los tilos porque dan alergia. Pues podríamos buscar alternativas o enseñar o poner carteles de qué árboles es ese, qué propiedades tiene, ¿no?

¿Qué modelo deberíamos seguir para las ciudades españolas?

Eso no lo tengo claro, pero sí que me gusta mucho el modelo de los huertos urbanos. O que en las escuelas haya huertos. Mi hijo tiene y me vino con dos lechugas enormes. Y está superfeliz de comerse su propia lechuga. Creo que puede ayudar el coger un espacio en la ciudad y no pensar en una plaza de asfalto, sino en que podríamos poner un huerto o un jardín. Entiendo que supone más mantenimiento, pero es que es salud física y mental.

Esas cosas cambian la vida de un barrio. Además, los jardines también son lugares donde puedes conectar con otras personas, conoces a tus vecinos, los niños interactúan. En Londres, que mira que es una ciudad enorme, la mayoría de edificios son bajitos. Eso ayuda a ver el cielo, y siempre hay placitas con trocitos de hierba, de cuatro árboles, y da como un poco de pulmón.

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Redactor de LIFE en El HuffPost España. Licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. En segundo de carrera debuté en el mundo profesional con unas prácticas en las que aprendí cómo funcionan los medios locales y una radio. Continué en ABC.es, Cuatro y CNN+, Europa Press y después llegó Bekia, medio lifestyle en el que coordiné, escribí y entrevisté hasta que di el salto a El HuffPost.


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