Elisa Rodríguez, directora de la Oficina Española de Patentes: "La fregona no la inventó ni un riojano ni un catalán: fueron dos mujeres llamadas Julia"
Un debate entre antecedentes históricos y reconocimiento legal.

En el mundo de las patentes, donde cada invención queda ligada a un reconocimiento jurídico concreto, la historia y el derecho no siempre avanzan en paralelo. Algunos objetos, que actualmente son de uso cotidiano, combinan antecedentes y desarrollos previos con resoluciones judiciales que fijan de forma clara su autoría legal. Un equilibrio que, en ocasiones, da lugar a interpretaciones distintas sobre quién inventó realmente qué.
En ese contexto, la directora de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), Elisa Rodríguez, ha aprovechado una entrevista en SER Catalunya para poner en valor el peso histórico de la inventiva catalana y repasar algunas patentes que han pasado a formar parte de la historia. Así, reivindica una mirada más justa y completa sobre quién innova y quién ha sido reconocido por ello.
En dicha conversación, Elisa subrayó que Cataluña ha sido cuna de inventos tan reconocibles como el Chupa-Chups, las pastillas Juanola, el Cacaolat o la aceitera antigoteo, y defendió que esa capacidad de creación sigue muy viva en el ecosistema de patentes. Aunque la parte más llamativa de la intervención llegó cuando se refirió a la fregona. “No la inventó ni un riojano ni un catalán: fueron dos mujeres llamadas Julia”, asegura.
La decisión de la Justicia
Elisa alude a un modelo de utilidad registrado en 1953 por Julia Montoussé y Julia Rodríguez-Maribona, que ya describía un sistema compuesto por un cubo, un palo y un elemento textil para fregar. Pero lo cierto es que este tipo de registros no tienen el mismo alcance jurídico que una patente de invención, y es ahí donde entra la versión respaldada por los tribunales acerca de este invento doméstico.
Según diversas resoluciones judiciales, entre ellas una sentencia del Juzgado de lo Mercantil nº1 de Zaragoza de 2008, el invento de la fregona queda atribuido a Manuel Jalón Corominas en virtud de su patente nº 298240. De esta forma, se desestima otras atribuciones y se establece que no debe asignarse públicamente a terceros al considerar que su desarrollo constituye un objeto nuevo y diferenciado respecto a posibles registros anteriores, como los modelos de utilidad previamente existentes.
De este modo, la polémica en torno a la fregona no se sitúa tanto en la existencia de antecedentes, sino en su interpretación. Mientras algunas voces ponen el foco en desarrollos previos desde una perspectiva histórica, las resoluciones judiciales son concluyentes al reconocer a Manuel Jalón Corominas como inventor a todos los efectos legales en virtud de su patente. Una diferencia de enfoque, entre historia y derecho, que explica por qué actualmente un objeto cotidiano sigue generando debate.
