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La isla donde todavía se habla español perdida por España en una guerra con Estados Unidos sin un solo disparo

La isla donde todavía se habla español perdida por España en una guerra con Estados Unidos sin un solo disparo 

Formó parte del Imperio español durante más de 230 años.

La isla donde todavía se habla español perdida por España en una guerra con Estados Unidos sin un solo disparo 

Formó parte del Imperio español durante más de 230 años.

La isla donde todavía se habla español perdida por España en una guerra con Estados Unidos sin un solo disparo 

Formó parte del Imperio español durante más de 230 años.

Bahía de Umatac en Guam, alrededor de 1965. (Foto de Archivo Photos/Getty Images)Getty Images

En el corazón del Pacífico occidental existe una isla que aún conserva rastros del idioma y la cultura española, pese a que España la perdió hace más de un siglo y sin necesidad de disparar una sola bala. Se trata de Guam, una joya geoestratégica que formó parte del Imperio español durante más de 230 años y que fue arrebatada en 1898 por Estados Unidos.

La historia de Guam bajo dominio español comienza en 1521, cuando Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona, llegó por primera vez a la isla. Sin embargo, no fue hasta 1668, con la llegada del misionero Diego Luis de San Vitores, cuando la colonización efectiva comenzó. Durante más de dos siglos, Guam fue un punto de parada crucial en la ruta del Galeón de Manila, conectando Filipinas con México y, a través de él, con España.

Los españoles llevaron la religión católica, el idioma y un sistema de gobierno colonial que transformó la vida de los chamorro, los habitantes indígenas de la isla. Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, Guam quedó relegada como una pequeña y aislada estación de paso, con escasos recursos y muy poca presencia militar.

Sin saber que estaba en guerra

En junio de 1898, en plena Guerra Hispano-Estadounidense, una pequeña flota estadounidense comandada por el capitán Henry Glass llegó a Guam. Al acercarse a la costa, dispararon unos cañonazos como señal de su llegada.

Los oficiales españoles, completamente desinformados de la situación entre ambos países, pensaron que se trataba de una salva de honor y respondieron sin ninguna intención defensiva. Cuando los estadounidenses desembarcaron y notificaron formalmente que estaban en guerra, los españoles no ofrecieron resistencia alguna. 

Una fortaleza militar estadounidense

La cesión oficial de Guam se concretó con el Tratado de París en diciembre de 1898, junto con Filipinas y Puerto Rico. Desde entonces, la isla ha estado bajo control estadounidense. Primero como base naval, luego como territorio no incorporado a través de la Ley Orgánica de Guam (1950). Sus habitantes se convirtieron en ciudadanos estadounidenses, aunque sin derecho a voto presidencial y sin representación en el Congreso.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Guam fue ocupada por Japón, pero en 1944 Estados Unidos la recuperó tras una sangrienta batalla. Desde entonces, se ha convertido en una de las principales plataformas militares del país en el Pacífico.

La huella cultural española

Aunque el idioma español ha quedado reducido a apellidos, topónimos y expresiones locales, su huella cultural sigue viva. Sin embargo, lo que realmente mantiene a Guam en el centro de las decisiones geopolíticas es su ubicación estratégica a menos de 3.000 kilómetros de las costas chinas y a poco más de 2.000 de Corea del Norte.

Actualmente, Guam alberga la Base Naval de Guam y la Base Aérea Andersen, esenciales para la proyección de poder estadounidense en Asia-Pacífico. Pero no todo son ventajas, ya que la isla ha sido blanco de amenazas norcoreanas y sufre tensiones internas por el impacto de la presencia militar en el medioambiente y la vida local.

En el corazón del Pacífico occidental existe una isla que aún conserva rastros del idioma y la cultura española, pese a que España la perdió hace más de un siglo y sin necesidad de disparar una sola bala. Se trata de Guam, una joya geoestratégica que formó parte del Imperio español durante más de 230 años y que fue arrebatada en 1898 por Estados Unidos.

La historia de Guam bajo dominio español comienza en 1521, cuando Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona, llegó por primera vez a la isla. Sin embargo, no fue hasta 1668, con la llegada del misionero Diego Luis de San Vitores, cuando la colonización efectiva comenzó. Durante más de dos siglos, Guam fue un punto de parada crucial en la ruta del Galeón de Manila, conectando Filipinas con México y, a través de él, con España.

Los españoles llevaron la religión católica, el idioma y un sistema de gobierno colonial que transformó la vida de los chamorro, los habitantes indígenas de la isla. Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, Guam quedó relegada como una pequeña y aislada estación de paso, con escasos recursos y muy poca presencia militar.

Sin saber que estaba en guerra

En junio de 1898, en plena Guerra Hispano-Estadounidense, una pequeña flota estadounidense comandada por el capitán Henry Glass llegó a Guam. Al acercarse a la costa, dispararon unos cañonazos como señal de su llegada.

Los oficiales españoles, completamente desinformados de la situación entre ambos países, pensaron que se trataba de una salva de honor y respondieron sin ninguna intención defensiva. Cuando los estadounidenses desembarcaron y notificaron formalmente que estaban en guerra, los españoles no ofrecieron resistencia alguna. 

Una fortaleza militar estadounidense

La cesión oficial de Guam se concretó con el Tratado de París en diciembre de 1898, junto con Filipinas y Puerto Rico. Desde entonces, la isla ha estado bajo control estadounidense. Primero como base naval, luego como territorio no incorporado a través de la Ley Orgánica de Guam (1950). Sus habitantes se convirtieron en ciudadanos estadounidenses, aunque sin derecho a voto presidencial y sin representación en el Congreso.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Guam fue ocupada por Japón, pero en 1944 Estados Unidos la recuperó tras una sangrienta batalla. Desde entonces, se ha convertido en una de las principales plataformas militares del país en el Pacífico.

La huella cultural española

Aunque el idioma español ha quedado reducido a apellidos, topónimos y expresiones locales, su huella cultural sigue viva. Sin embargo, lo que realmente mantiene a Guam en el centro de las decisiones geopolíticas es su ubicación estratégica a menos de 3.000 kilómetros de las costas chinas y a poco más de 2.000 de Corea del Norte.

Actualmente, Guam alberga la Base Naval de Guam y la Base Aérea Andersen, esenciales para la proyección de poder estadounidense en Asia-Pacífico. Pero no todo son ventajas, ya que la isla ha sido blanco de amenazas norcoreanas y sufre tensiones internas por el impacto de la presencia militar en el medioambiente y la vida local.

En el corazón del Pacífico occidental existe una isla que aún conserva rastros del idioma y la cultura española, pese a que España la perdió hace más de un siglo y sin necesidad de disparar una sola bala. Se trata de Guam, una joya geoestratégica que formó parte del Imperio español durante más de 230 años y que fue arrebatada en 1898 por Estados Unidos.

La historia de Guam bajo dominio español comienza en 1521, cuando Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona, llegó por primera vez a la isla. Sin embargo, no fue hasta 1668, con la llegada del misionero Diego Luis de San Vitores, cuando la colonización efectiva comenzó. Durante más de dos siglos, Guam fue un punto de parada crucial en la ruta del Galeón de Manila, conectando Filipinas con México y, a través de él, con España.

Los españoles llevaron la religión católica, el idioma y un sistema de gobierno colonial que transformó la vida de los chamorro, los habitantes indígenas de la isla. Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, Guam quedó relegada como una pequeña y aislada estación de paso, con escasos recursos y muy poca presencia militar.

Sin saber que estaba en guerra

En junio de 1898, en plena Guerra Hispano-Estadounidense, una pequeña flota estadounidense comandada por el capitán Henry Glass llegó a Guam. Al acercarse a la costa, dispararon unos cañonazos como señal de su llegada.

Los oficiales españoles, completamente desinformados de la situación entre ambos países, pensaron que se trataba de una salva de honor y respondieron sin ninguna intención defensiva. Cuando los estadounidenses desembarcaron y notificaron formalmente que estaban en guerra, los españoles no ofrecieron resistencia alguna. 

Una fortaleza militar estadounidense

La cesión oficial de Guam se concretó con el Tratado de París en diciembre de 1898, junto con Filipinas y Puerto Rico. Desde entonces, la isla ha estado bajo control estadounidense. Primero como base naval, luego como territorio no incorporado a través de la Ley Orgánica de Guam (1950). Sus habitantes se convirtieron en ciudadanos estadounidenses, aunque sin derecho a voto presidencial y sin representación en el Congreso.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Guam fue ocupada por Japón, pero en 1944 Estados Unidos la recuperó tras una sangrienta batalla. Desde entonces, se ha convertido en una de las principales plataformas militares del país en el Pacífico.

La huella cultural española

Aunque el idioma español ha quedado reducido a apellidos, topónimos y expresiones locales, su huella cultural sigue viva. Sin embargo, lo que realmente mantiene a Guam en el centro de las decisiones geopolíticas es su ubicación estratégica a menos de 3.000 kilómetros de las costas chinas y a poco más de 2.000 de Corea del Norte.

Actualmente, Guam alberga la Base Naval de Guam y la Base Aérea Andersen, esenciales para la proyección de poder estadounidense en Asia-Pacífico. Pero no todo son ventajas, ya que la isla ha sido blanco de amenazas norcoreanas y sufre tensiones internas por el impacto de la presencia militar en el medioambiente y la vida local.

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Soy redactora en El HuffPost España, donde te cuento las historias más curiosas y te intento ayudar a encontrar esos detalles que marcan la diferencia en la vida cotidiana.

 

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Mi trayectoria

Soy madrileña, pero con raíces en Castilla-La Mancha. Estudié Periodismo en la Universidad Ceu San Pablo, aunque siempre digo que mi verdadera escuela ha sido El HuffPost, el lugar donde escribí mis primeras líneas como periodista. Empecé como becaria y ahora colaboro en este medio que me ha visto crecer.


Mi pasión por el periodismo nació en la infancia, cuando dibujaba las portadas de los medios deportivos y soñaba con convertirme en una de aquellas reporteras que veía en la televisión.

 


 

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