Medio siglo a pie de quiosco junto a 'El País': "Mi padre llegó a vender mil periódicos en un solo día"
Eduardo, Aurora y Mariano, quiosqueros madrileños con varias décadas de experiencia, repasan con 'El HuffPost' los últimos 50 años de su profesión para conmemorar el medio siglo de vida de 'El País'.

Los quioscos son parte de nuestros barrios y de nuestra historia. Han visto pasar gobiernos, mundiales, golpes de Estado, bodas reales y hasta el nacimiento de internet, quien, para muchos, ha supuesto un cambio radical en su negocio. "Empezó la prensa gratuita y luego ya la prensa digital nos remató", nos cuenta Eduardo, quiosquero desde hace más de 20 años.
Entre todos los periódicos que se han colocado cada madrugada sobre sus mostradores El País lleva ya medio siglo formando una parte fundamental de su negocio y también de la rutina diaria de miles de lectores que han convertido la visita al quiosco en un pequeño ritual cotidiano. "En este barrio El País sigue siendo el que más se vende", asegura Aurora dueña de un quiosco.
Para celebrar sus 50 años y conocer más sobre su historia, en El HuffPost nos hemos acercado a varios quioscos madrileños que han vivido toda la historia del periódico desde el lanzamiento de su primer número el 4 de mayo de 1976. Son lugares donde el tiempo no pasa y las costumbres no caducan.
"Mi padre llegó a vender mil periódicos en un solo día"
En la avenida de Herrera Oria, Eduardo atiende el quiosco familiar en la Ciudad de los Periodistas. Este negocio lo abrió su padre en diciembre de 1975, apenas unos meses después de que naciera El País.
Eduardo tenía entonces seis años y no recuerda aquel primer número, pero sí que mantiene en la mente el recuerdo del ritmo frenético de los años dorados de la prensa en papel. "Yo me acuerdo de estar aquí con mi padre un domingo y vender mil periódicos de El País", recuerda.
Aun así, en su quiosco el periódico sigue teniendo mucha vida. Hay clientes de toda la vida, vecinos que continúan bajando cada mañana y hasta algún lector joven que mantiene la tradición. Eduardo habla con cariño de aquellos años en los que había que abrir antes de las seis porque la gente iba directa al metro con el periódico bajo el brazo. "Ahora ya no es igual", admite, aunque sin dramatismos. "Aquí todavía vendo periódicos. No me puedo quejar".
Entre todos los recuerdos, hay uno que le viene rápido a la cabeza: el Mundial de 2010. "Cuando ganamos el Mundial", dice sonriendo, recordando con felicidad cuando España venció a Países Bajos con el gol de Iniesta en la final de Sudáfrica.
El quiosco donde todo el barrio se quedaba a charlar
Más al sur de Madrid, en la esquina del Paseo de las Delicias con Bustamante, en el distrito de Arganzuela, Aurora junto a su marido Carlos, sigue manteniendo vivo uno de los quioscos más antiguos de Madrid.
La historia de este puesto empezó mucho antes que El País. Según cuenta a El HuffPost, los abuelos de su marido vendían periódicos en Atocha con los ejemplares bajo el brazo. Después llegó el puesto fijo y, con él, generaciones enteras de clientes.
Aurora recuerda escuchar a su suegro contar cómo, cuando empezó a venderse El País, los domingos llegaban a despachar cientos de ejemplares. El periódico venía cargado de suplementos y no cabía en el quiosco. "Los subían a casa y luego los bajaban con un carrito", cuenta entre risas.

Pero si algo definía ese lugar en aquella época no eran solo las ventas, sino el ambiente. Su suegra, Susana, era "la animadora del barrio". La gente se quedaba hablando y comentando con ella los titulares junto al mostrador mientras su marido atendía desde dentro. El quiosco era una mezcla entre punto de encuentro, tertulia improvisada y oficina de noticias vecinales.
Ese espíritu todavía resiste. Mientras transcurre la entrevista, varios clientes interrumpen para comprar el periódico y comentar cualquier cosa. Uno de ellos escucha que se habla del aniversario de El País y se mete en la conversación como quien entra en el salón de su casa. Confiesa que "lleva mucho leyéndolo" y además destaca que Aurora es "una gran profesional".
Aurora también conserva un recuerdo muy personal. Su padre compraba El País todos los domingos desde sus primeros años. Y es que en muchas familias españolas, El País ha acabado formando parte de la rutina, igual que el café de por las mañanas.
Mariano y el quiosco que ha visto pasar casi un siglo de historia
En la glorieta de Ruiz Giménez, Mariano despacha periódicos rodeado de revistas, coleccionables y una memoria gigantesca de Madrid. Su quiosco, heredado de sus abuelos, es el más antiguo de la ciudad. Según cuenta a El HuffPost él empezó a trabajar allí siendo un niño.
Habla rápido, enlazando recuerdos como quien rebusca entre montones de periódicos pero recuerda perfectamente cuando comenzó a vender El País. Y se acuerda, sobre todo, del trabajo y movimiento constante de aquellos años. "Había veces que no podía ni mirar las revistas de la cantidad de periódicos que vendía", cuenta.
Siempre se notaban en el quiosco las grandes noticias como: El 23-F, las elecciones, la lotería de Navidad. "En esa época se vendía todo", resume, pero de forma optimista y convencido Mariano deja claro que, bajo su punto de vista, el papel seguirá existiendo a pesar de que "las cosas han cambiado mucho".

Los quioscos también cuentan la historia
Y como bien apunta Mariano, el hábito de comprar la prensa en quioscos ha cambiado. Ya no hay colas interminables esperando el periódico ni clientes cargando suplementos gigantes. Pero en estos tres quioscos sigue habiendo algo que no ha desaparecido y es la sensación de que el periódico forma parte de la vida cotidiana.
Los quiosqueros han visto pasar cinco décadas de El País desde primera fila. Lo han vendido en días históricos y en mañanas normales. Han escuchado discusiones políticas, celebraciones deportivas y comentarios rápidos antes de entrar al trabajo. También han visto cómo el periódico sobrevivía a cambios tecnológicos enormes y cómo sus lectores siguen siendo fieles.
Y mientras Madrid y el mundo en general cambia a toda velocidad, ellos siguen ahí abriendo temprano y atendiendo con una sonrisa. Colocando ejemplares y saludando por el nombre a sus clientes habituales que vuelve cada mañana a por su periódico.
