Mikel Herrán, arqueólogo: "La ultraderecha apela a estos ideales de Pelayo, de la Reconquista y de Fernando III y los retuerce"
El doctor en arqueología y youtuber especializado en divulgación histórica presenta su libro 'Sobrevivir en el Medievo. Crónica de un viajero por Spania'.

La RAE define el Medievo o la Edad Media como la "edad histórica que comprende desde el siglo V de la era cristiana hasta fines del siglo XV" y, en el imaginario popular, esto suele ir de la mano de caballeros feudales, imponentes armaduras y cota de malla y un filtro gris o marrón que transmite la supuesta suciedad y mugre que había en cualquier lugar.
El arqueólogo y youtuber divulgador de historia Mikel Herrán se ha encargado de desmitificar algunas de estas creencias como la violencia explícita que dominaba cualquier relación social, la suciedad y el oscurantismo que durante años ha imperado en el discurso sobre el Medievo.
Después de Sodomitas, vagas y maleantes, en su libro Sobrevivir en el Medievo. Crónica de un viajero por Spania (Planeta), Herrán se convierte en un "viajero del tiempo" que transita por la Spania de la época. Una realidad que sorprendentemente, tiene más en común con la actualidad de lo que pensamos. Herrán recorre Castilla, Aragón, Navarra y Ál-Andalus, pero también este "primer destino turístico" que fue el Camino de Santiago con el objetivo de desmontar mitos —los generados por el cine y la fantasía y los que se han manipulado políticamente—, dar a conocer aspectos menos conocidos de la vida medieval como su gastronomía y su ocio e incluso dar a conocer a personajes históricos desconocidos.
Desmitificas eso de que en la Edad Media la gente no se lavaba, era muy inculta o que fue una época “oscura”, ¿de dónde vienen estas falsas creencias?
Las ideas que tenemos sobre la Edad Media vienen en gran parte del Renacimiento. Cuando empiezan a recuperar estos ideales estéticos de la Antigua Roma, de inspirarse en el arte romano, en la arquitectura romana... Tienen que explicar que lo que ha habido entre medias, cuando esos valores se perdieron, tiene que ser algo malo. Empiezan a referirse a eso como el medium tempus, el medium aevo o el medio tempestas, que es como la “tempestad media” que da una imagen supertenebrosa.
Por otro lado, cuando empieza a estudiarse la Edad Media hay un periodo en el que no hay tantas fuentes escritas, que son los siglos VII, VIII, IX. Son tres siglos, no los mil años que dura la Edad Media, y se empieza a referirse a ellos como la Edad Oscura, porque se refiere a que hay como un apagón en las fuentes, en unas fuentes concretas.
Eso se mezcla con lo de tempestad media en un totum revolutum de esta edad. No era simplemente que se perdieron los valores estéticos de la Antigua Roma, sino que eran los ignorantes, no se lavaban... Pero también la idea de la violencia proviene de que muchos escritos se basan en crónicas reales, es decir, reyes describiendo sus gestas, sus guerras, porque se ponía bastante peso en ser un buen guerrero dentro de los nobles. Pero no quiere decir que estuviesen todo el día guerreando.
El tema de la suciedad también va un poco asociado a la idea de que la ciudad romana era perfecta cuando, realmente, se habla de los callejones tortuosos medievales, algo que solo es real en ciertas partes.
Los callejones tortuosos de la Edad Media que, en muchos casos, son de la Edad Moderna porque había un perímetro amurallado y, a medida que el espacio se va limitando, la gente va construyendo y se van modificando las calles. Pero depende mucho de en qué zona de la ciudad estemos. Todos estos tópicos son cosas posteriores.
Se viene a la cabeza la imagen de las calles de las juderías, pero de esta época también son las plazas mayores, ¿no?
Claro, las murallas, por ejemplo, se construyen teniendo en cuenta que va a haber mucho espacio. La muralla de Salamanca era una cosa enorme, que no se rellena hasta pasada la Edad Media. Entre medias había huertos, al igual que en Barcelona, por ejemplo, donde también había una muralla exterior y entre medias había parroquias, había viñas... Había distintos espacios verdes, que no eran parques como lo entenderíamos hoy porque tenían una función de subsistencia también, pero que no es esta cosa hacinada, mugrienta que tenemos en mente.
Obviamente, depende del barrio en el que estuvieses. Había barrios empedrados y había barrios en los que las calles eran de tierra y cuando llovía se convertía un poco en un lodazal.
Pero dependía de cómo te movieses y de la planificación urbana y de cómo hubiese sido el crecimiento de ese barrio, que en muchos casos es un crecimiento abrupto, rapidísimo, que no da tiempo a poner cloacas y eso luego tiene sus consecuencias. Pero no hay un único modelo de ciudad medieval, que eso también es importante.
¿Y cuánto se ha manipulado ideológicamente la Edad Media y figuras como Don Pelayo, fenómenos como Al-Ándalus y esta violencia con la que supuestamente se llevaban a cabo conversiones?
Nosotros en España tenemos la suerte o la desgracia de que, como en muchos países europeos, el concepto de nación nace en esta época, aunque es posterior. En el caso de España, está la idea de que se fragua contra el Islam, contra una religión concreta.
Eso se basa en que había reyes que, obviamente, usaban el argumentario de que eran infieles para justificar una guerra. Eso es un discurso de poder que se utiliza, es propaganda. Lo que vemos en el terreno es que hay tensiones entre los distintos grupos religiosos, pero también hay coexistencia, hay intercambio, empiezan a vestirse los unos como los otros.
Tenemos ejemplos que muestran que no es que el Al-Ándalus fuese una cultura musulmana 100% integrista, ni que los reinos cristianos fuesen 100% integristas. Encontramos que en comunidades cristianas de Córdoba empiezan a vestirse como musulmanes, empiezan a hablar en árabe, el obispo de Córdoba dice que no come cerdo o que se ha hecho la circuncisión. Esto es algo que impacta a los cristianos de más allá de los Pirineos. También encontramos que mucha gente se convierte al Islam de forma muy temprana.
Vienen unos contingentes bereberes árabes que conquistan la península desde el norte de África, que se asientan con sus familias, muchos también se casan con gente local, y también mucha gente local se convierte rapidísimo. Es decir, en el cementerio, en la Maqbara de Pamplona, de Plaza del Castillo, se han encontrado gente navarra, vasca, que se entierra por un rito musulmán en los primeros años después de la conquista. Pamplona estuvo bajo dominio islámico 80 años, es decir, muy poco tiempo en comparación con Córdoba o Granada, pero ahí vemos que los cristianos se convierten al Islam.
Pensamos en el cristianismo como algo supermarcado, pero al principio cuando llega al Islam tampoco se tiene muy claro lo que es, porque hablan del mismo Dios, hablan de los mismos profetas, hablan de Jesús como un profeta... Estamos en un periodo en el que la naturaleza de Cristo se ha determinado recientemente y sigue habiendo muchos debates sobre la relación entre el elemento humano y divino en Cristo. Se piensa que es una secta más, se habla al principio de secta ismaelita, como dentro del cristianismo eran los nestorianos. Esta idea del choque de civilizaciones es posterior.
También vemos casos en los que un cristiano es juzgado por ir a comprar a la carnicería musulmana y técnicamente eso era dar dinero a las mezquitas y era ilegal. Tenemos que los obispos llaman a músicos judíos y a músicos musulmanes para cantar en misa, porque no tienen coro. Tenemos que el Año Nuevo y la Navidad cristiana se celebran en Córdoba.
Es decir, sin hablar de una convivencia pacífica puramente, porque también hay obviamente denuncias contra los musulmanes, contra los judíos, contra los cristianos; hay episodios como el de los mártires de Córdoba o ataques a las juderías. Pero, teniendo en cuenta eso, el día a día está mucho más mediado por el entender que compartimos una tierra y podemos entendernos y coexistir con sus tensiones y sus paces.
¿Se ha utilizado ese relato manipulado para extender el discurso del odio por parte de la ultraderecha?
Sí, es indudable. De hecho, ahora que estamos en campaña para las elecciones en Andalucía, Vox lo ha dicho claramente. Ha utilizado el “nosotros somos de Fernando III” o de “la Reconquista”, de “echar a los moros” porque están adoptando un discurso anti-inmigración, con morofobia a tope y apelan a esto.
Apelan a estos ideales de Pelayo, de la Reconquista y Fernando III... Cogen ciertas figuras, las retuercen, usan todos estos espacios, como Covadonga, asociados a una versión de la historia concreta, y eso les da peso, es decir, la idea de hablar de Pelayo al hablar de las elecciones andaluzas les legitima. Piensan que si alguien lo decía hace 1300 años es la idea de que “algo hay”, si los musulmanes eran algo que no integraba con España, que España no existía hace 1300 años, ahora tampoco.
Luego es irónico porque, por ejemplo Fernando III el Santo, que recupera Sevilla entre otras plazas, da por terminada la Reconquista. Él dice “se ha restaurado”, porque él entendía el restaurar que toda la península está bajo reyes cristianos separados. Es decir, Portugal es un reino, la corona de Aragón es otro, la corona de Castilla es otro y Navarra es otro, pero dice que queda todo bajo autoridad cristiana. Señala que esos reinos están “bajo tutela”, es decir, ya le están pagando, son vasallos suyos, son reyes cristianos. Lo que importaba que las autoridades máximas fuesen cristianas, pero él considera que él no tiene que meterse en el reino nazarí ni conquistarlo ni nada, porque ya está, porque le están pagando, para qué quiere más.
Luego su hijo Alfonso X tiene otra idea. Pero esta idea de la Reconquista no es así, había gente a la gente a la que le interesaba utilizarlo, como los reyes, pero era algo que cambiaba a lo largo de los siglos. El tema de tener a vasallos musulmanes no era un problema, porque tampoco se entendía, no había un entendimiento de la nación y la pureza racial, que es lo que ahora parece que abogan algunos.
Importaba el dinero. Por ejemplo, a los judíos se les lanzaba mucha mierda, pero como pagaban un impuesto especial a la corona, al rey le convenía protegerlos. Tenemos casos de guerra civil en Castilla en los que dicen que el rey está protegiendo a los judíos, pero cuando esa persona llega al trono él mismo protege a los judíos. Obviamente es por interés.
Repasas en el libro también las revueltas entre burgueses, como la trucha voladora de Zamora, en la que llegaron a quemar iglesias. ¿Por qué se ha pasado por alto con lo que supone históricamente en otras épocas las quemas de iglesias?
En Zamora es un episodio bastante conocido, aunque siempre estaba la cosa de si es un mito. Pero tenemos evidencias arqueológicas de que hubo una revuelta, de que se incendió la iglesia en Zamora. Arqueológicamente se ha podido comprobar que hay un nivel de incendio que se corresponde a la segunda mitad del siglo XII, es decir la fecha que se supone que es. Pero luego también tenemos como otros relatos de otras revueltas urbanas en Santiago, en Salamanca... Todo esto ha acabado condensado en el caso de Zamora en el episodio de la trucha, pero sí hay revueltas urbanas que acaban en episodios verdaderamente violentos contra los estatutos de poder.
Nosotros pensamos que en la Edad Media eso era sagrado, que tú te tienes que servir al señor, tienes que rezar en la iglesia y ¿qué hay más sacrílego que quemar la hostia en sí, la sagrada forma? La parte que ya no es tanto la institución de la iglesia ni los nobles, sino lo más puro, lo divino, sale volando para no cometer un sacrilegio como tal.
Pensamos que eso la lucha social es de ahora, pero la gente creía que se merecía una mejor calidad de vida y que había abusos. Incluso aunque estuviese justificado el sistema por medio divino, la gente también se rebelaba contra esa justificación.

¿Había muchas diferencias entre cómo se vivía en Castilla, en Aragón, en León, en los distintos reinos?
Había bastantes diferencias a nivel logístico y a nivel político, sobre todo. Pero también la gran diferencia era con dónde vivieses. Es decir, no tanto el reino, sino si vivías en una gran urbe o si vivías en el campo. Al final, estamos en una sociedad que está muy fragmentada y en la que tus derechos y tus privilegios cambiaban mucho según el reino, pero también según dónde. No tenías las mismas condiciones de vida en Palencia que en Burgos. Tu vida no dependía solo del campo, sino, por ejemplo, si vivías en una ciudad que estaba volcada al mar, dependías mucho más del comercio o si en Santiago dependías mucho más de los peregrinos. Eso era más diferencial que puramente del reino de Castilla versus el reino de León o la corona aragonesa versus Navarra. Al final, la mayoría de gente vivía del campo y sus vidas son también muy desconocidas, las conocemos a través de la arqueología, sobre todo, de las fuentes escritas también, pero no tenemos a lo mejor tanto nivel de detalle.
No era lo mismo la vida de los que vivían en la corona de Castilla en el norte, con las más divididas que, a medida que se conquista y se repueblan las zonas más al sur, ya empezamos a ver grandes propiedades con grandes señores, donde tienen muchos más privilegios para explotar a los campesinos básicamente.
También hay cosas que vienen de la Edad Media que no se pensarían en un primer momento como esa receta del melón con jamón, que cuentas que tiene su origen en el siglo XV.
Eso lo descubrí investigando para este libro. Es verdad que ellos la dieta consideraban como una cosa de la vida. En nuestra época, quienes se dedican a la gastronomía buscan equilibrar los gustos en boca y en ellos era una cosa de equilibrar las cualidades según la teoría de los humores, que es una cosa médica. Si comías mucha fruta era malo porque te ibas a enfermar y lo que necesitas es compensarlo con otro alimento.
El jamón era una medida, no solo igualar el dulce con el salado que eso para ellos no importaba, sino para que los humores del cuerpo estuviesen en equilibrio. Entonces, si vas a comer fruta, mejor hazlo con jamón o especiando. Eso es algo que nosotros hemos perdido, el ponerle sal a la fruta o ponerle distintas especias, que eso es algo que sí se hacía en la Edad Media y a día de hoy se hace en América Latina.
En México, por ejemplo, le ponen picante a las frutas, que es algo que nosotros no hacemos. Eso en la Edad Media sí que les gustaba hacerlo a la gente que se podía permitir las especias, que eran caras.
Dedicas varios capítulos al Camino de Santiago, ¿era ya España entonces un destino turístico como hoy?
Hombre, como hoy yo creo que no lo hemos visto nunca, que es una cosa loca. Pero sí que claro, en la Edad Media no se viajaba por placer. O sea, es muy raro. De hecho, los primeros libros de viaje que tenemos, del siglo XIII o XIV, son los primeros en los que se viaja por disfrute, pero son secundarios. El viaje se hace por X tareas: porque tienen que hacer comercio, porque tienen que hacer una peregrinación o lo que sea. A partir de ahí van a apareciendo anotaciones o elementos como “aquí se come genial”, “aquí es la mejor música que he escuchado”. Es decir, elementos de ocio. Pero no hay una división clara, digamos.
Estos aspectos prototurísticos empiezan a aparecer y los encontramos también en el Camino de Santiago, en los siglos XII o XIII, donde se habla de que si vas aproveches para hacer estas otras visitas, visites estas ermitas, etc. Siempre muy vinculado a lo religioso porque un peregrino no dejaba de hacerlo porque tenía un pecado muy grande que quería purgar, un viaje a Santiago era caro.
Además, estabas dejando tus quehaceres detrás. Es decir, no había nómadas digitales en esta época, tú tenías que volver a las tierras y trabajarlas. Los campesinos que hacían el Camino de Santiago, que los hay aunque no conocemos tanto de su viaje, lo hacen rápido. Ellos querían ir y volver.
Luego hay nobles como Guillermo de Normandía que iban con su séquito, que se hace un señor viaje, lo hace tranquilo, muere durante el viaje, etc. Eso es importante, había distintas formas de viajar según tu clase social, igual que ahora. También dependía de qué lugar de Europa o del Mediterráneo procedías, había guías de viaje que les llevaban allí desde su zona. Pero no esa idea de viajar por ocio, no existía. Sí que desconectaban, pero era una desconexión mística.
¿Algo así como los viajes al sudeste asiático para “reencontrarte contigo mismo”, de esa época?
Sí, como la gente que se va a Tailandia a encontrarse consigo misma. Es más ese tipo de viaje para perderte y encontrarte con lo divino, con lo espiritual. Es decir, sí se desconectaba de lo material, pero no era tanto por disfrute, había gente que encontraba el disfrute de forma tangencial.

Recoges la historia de dos amantes judíos que engañaron a sus parejas y se convirtieron al cristianismo para divorciarse. Hay numerosas leyendas de mestizaje de una mujer cristiana que se va con un árabe o viceversa, ¿era tan común como se piensa?
La historia de los judíos que los dos se convierten para poder divorciarse y poder juntarse la conocemos porque salió mal. De hecho, la conocemos porque están tan extrañados que escriben a Solomon y Ben Adret, que es un rabino de Barcelona, para que les diga qué hacer con ellos.
Pero tenemos historias de parejas que se casan con alguien de otra religión para convertirse o que se convierte su padre y ellos se convierten por ende, y luego su padre vuelve a convertirse, revierte al cristianismo, y la hija dice “oye, no, yo me quedo aquí porque yo prefiero ser musulmana, porque también estoy casada con un musulmán”. Existe eso de que les ofrecían mantener la religión o cambiarla. Eso es algo que nosotros pensaríamos que no es posible. Había una cierta elasticidad en las circunstancias que consideraban que no era normal. Las conversiones eran muy bien recibidas por la comunidad acogida, porque demostraba que tu religión era la verdadera. Si tú te convertías al islam, los musulmanes te recogían con brazos abiertos, si tú te convertías al cristianismo, lo mismo. Era la comunidad de origen la que te rechazaba. En esos testimonios en los que se les da a elegir, lo hacen sabiendo que renuncian a esa familia. Es decir, si tu padre se ha convertido al cristianismo, tú ya no vas a tener trato con él.
Los renegados aparecen muchísimo en las fuentes, pero había una renuncia social también. Es decir, una vez te convertías, tenías que vivir con esa comunidad y crear tus lazos con esa comunidad.
Los matrimonios mixtos, que aparecen sobre todo a principios de la presencia de Al-Ándalus. Allí los matrimonios mixtos son muy frecuentes, siempre que el marido fuese musulmán se permitía casarte con una cristiana, pero no se permitía al revés, por temas de jerarquía, principalmente. No había problema con esos matrimonios, pero luego, por ejemplo, había una sospecha sobre los hijos porque a lo mejor por una mujer cristiana con los valores eran un poco distintos. Esa ambigüedad llevaba a sospecha.
¿Qué personaje o historia has descubierto a la hora de escribir este libro que desconocieses?
Diría que las historias de los primeros gitanos en España, que no conocía tan en profundidad. La Península Ibérica es de los últimos sitios de Europa al que llegan al final de la Edad Media. Me parece superinteresante porque inicialmente hay una fascinación con ellos, se crea toda una mitología, que en su origen se les llama Condes de Egipto Menor, Duques de Egipto Menor, entonces ellos usan como unos títulos de nobleza que les permiten también ser itinerantes y excusarse en que van a Santiago. Eso les permite que mantengan su estilo de vida, como se puede ver en los documentos de Tomás de Egipto Menor, uno de los primeros gitanos de los que se tiene constancia en la Península, que pidió al rey de Aragón que les dejara pasar con su familia y su séquito para ir a Santiago. Lo siguiente que sabemos de él es que le han robado unos perros.
Sin embargo, a medida que se va dando cuenta el noble o el rey de turno, que este es su modo de vida y de que eso no casa con el modo de vida feudal, se cambia. Me parece muy llamativo esta ambivalencia que tenemos a lo nuevo. Esa fascinación, el aprovecharse de él, pero luego conforme va pasando el tiempo ves que ya empiezan a pagar a los gitanos para que no pasen por su ciudad.
En Madrid tenemos constancia de eso a finales del siglo XV, que pagan una cantidad de maravedíes para que no se asienten ahí un tiempo determinado. En esas esas pocas décadas se pasa de ser recibidos por reyes, como pasó con los reyes de Navarra en Olite con un gran banquete, primero a una ambivalencia y luego un rechazo. Ves cómo eso no ha cambiado concretamente en el caso del pueblo gitano. Poder datar tan bien el punto de partida duele mucho porque puedes ver cómo las cosas podían haber sido distintas, cómo las intenciones que hay no son malas, pero se entienden como malas. Todo porque no encajan en un sistema que dice que tienes que asentarte y servir a un señor. Eso me remueve mucho y me impactó bastante. Se pasa en unas pocas décadas de una fascinación de unos nobles que inicialmente rechazan al cristianismo a ni querer que pasen por ahí, a verdaderos parias. Dice mucho de nosotros como especie.
Bromeas con que los campesinos se preocupaban al marchar al Camino de Santiago porque les “okuparan” las tierras, ¿existía ese problema o ese discurso?
Los inquiokupas (risas). Más que te okupasen la casa, que no había empresas de alarmas ni nada, no sabías si ibas a volver, a quién se las iban a dejar, no era tanto que te okupen, como qué va a pasar con las viñas que quedan desatendidas. Muchos aprovechaban para hacer estos viajes en los meses de invierno que había menos trabajo en la tierra, que habían sembrado y no había que tocarla. Pero se podía alargar el viaje, te podías perder... No era tanto por los desconocidos, si no por situaciones como “mi primo que lleva nosecuanto tiempo diciendo que el tío le dejó a él mis viñas, aprovecha la situación”. Eran conflictos puramente familiares, era la incertidumbre del propio viaje de no saber cuándo ni cómo ibas a volver. Muchos hacían un testamento y se las dejaban a un convento mientras ellos no estaban. No era lo que se dice ahora, que el problema de la okupación tampoco es un problema ahora.
Los mercaderes muchas veces mandaban barcos sin saber si iban a volver: podía haber piratas, temporales, etc. Con eso empiezan a aparecer las aseguradoras, pero muchos modos de vida era una apuesta “a ver qué pasa”. No había solo menos garantías, sino menos acceso a la información.
Sabemos muy poco del día a día de los campesinos. Mencionas aquí también el ocio que tenían, ¿es un mito eso de que trabajaban únicamente y era lo único que hacían de sol a sol?
La vida campesina no estaba por escrito porque esa gente no podía escribir su vida. Al final, no tenemos tantas fuentes escritas porque las tenemos de quién sabía leer y escribir. Para esa gente ve a los campesinos como herramientas de trabajo. Conocemos muchas fiestas que hacían porque se denunciaban. Por ejemplo, se conoce la fiesta del Obispillo, que se celebraba hasta hace bien poco y ha sobrevivido en algunas zonas. En el norte de Francia las Fiestas de Locos, muchas fiestas que parodiaban fiestas sacras y que eran fiestas totalmente paganas o las fiestas carnavalescas.
Muchas veces por los calendarios de los meses, lo que representa que hacen cada mes, se piensa que solo estaban haciendo eso. En diciembre parece que era la única fiesta porque era la matanza del cerdo, pero no era así. Había muchas celebraciones y muchos días festivos. Parece que hemos inventado los días festivos y no, lo que pasa es que para ellos era un día para ir a la iglesia, honrar a Dios o celebrar en público. Eran momentos de socialización también.

¿Qué daño ha hecho el cine en la percepción que tenemos de la Edad Media?
Depende mucho de la década de la que hablemos. Todo el cine de los años 50 era en Technicolor. Esto de que es todo marrón, el filtro sucio, etc, es algo de los últimos 30 años y es porque toman como episodios violentos, fantasías como de Conan, etc. Y eso va asociado a la mugre, suciedad, al cuero tachonado este que no existía.
La cultura visual en general ha dado unas estampas que se han fijado en las mismas historias y es lo que hemos recordado. Puedes ser arqueólogo o historiador y explicar cómo era la vida de la Edad Media, pero la gente recuerda las referencias visuales que están creadas desde la ficción pura y dura. Muchas veces lo que han tomado son los cantares de gesta, eso es una forma, una historia de una gente intentando darse importancia. Pensamos que la Edad Media era todo eso: caballeros pegándose y violencia. Ese es el gran problema del cine.
Y los dientes perfectos, que es lo que más critican los historiadores del cine.
Los dientes perfectos porque los actores no se van a poner un postizo. Todos perfectos y blanqueados. A ver, tenían mejor salud dental de lo que podíamos pensar, porque no tenían tantas caries al tomar menos azúcar, pero sí tenemos que perdían dientes por accidentes, por coces, porque se les infectaba una muela y se la tenían que quitar... Perdían dientes, el lavado se hacía con lentisco, palillos para quitarse la mierda, pero no había la salud dental como ahora.
Con esta forma de contar la historia, ¿has recibido muchas críticas por parte de historiadores o compañeros más "rancios"?
Me consta que sí, pero no me lo dicen a la cara. En su inmensa mayoría, lo que he percibido es lo contrario, que les gusta lo que hago, que valoran que haya otras formas de contar la historia. Yo defiendo que la divulgación es posible porque hay investigación que se ha hecho en centros públicos. Sin los investigadores no soy nada. Ellos están interesados en que lleguen a más gente y yo estoy encantadísimo de ayudar. Pero sin lo que ellos hacen no soy nada, pero también he sido investigador y sé que cuando sabes las cosas con tantísimo detalle y lo ves simplificado, dices ay.
Yo he prejuzgado a la academia, cuando empecé en temas de redes estaba haciendo mi doctorado y decía “por favor, que no me descubran, que me van a echar” y luego mi director de tesis me dijo que por qué no se lo había contado, recibí halagos de muchos profesores. En ese sentido, superagradecido. Aunque me travista y tal, mucha gente dice que le encanta que lo cuente así. Hay muchas formas de contar historia, la mía no es para todos, el tío que está leyendo muy serio es para una gente, pero no para mí. Cualquier forma debería ser bienvenida siempre que se haga con rigor y con respeto.
Todos partimos de un sesgo, yo mismo también, pero mi trabajo es tratar de aminorarlo y tratar de leer las fuentes despojándome de ese sesgo y cuando escribo y comunico transmitirlo de la mejor forma posible y mostrar la metodología, cómo se ha llegado a esto, qué preguntas se están haciendo y que la gente sepa por qué digo lo que digo. No créeme, sino este es el camino que he recorrido, acompáñame o acompáñame en parte y duda y pregúntame.
Es superimportante hacer ese recorrido para que la gente sepa cuestionarse y poder divulgar. Si te digo solamente “esto es así” no estamos haciendo nada. La gente se cree que la historia es relatar lo que ya se ha relatado. Entonces, ¿por qué sigue habiendo catedráticos e investigadores? Si las fuentes son las que son y la historia es la que es y en tal año hubo tal conquista y esto fue así. No, es un trabajo de cuestionamiento continuo. La historia que contamos ahora no es la misma de la de hace 30 años ni será la misma en 20. Eso es bueno, que avance nuestro conocimiento y nuevas preguntas.
