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Peaky Blinders, la serie que la extrema derecha nunca entendió: el pueblo gitano, la decrepitud de los Shelby y el antifascismo

Peaky Blinders, la serie que la extrema derecha nunca entendió: el pueblo gitano, la decrepitud de los Shelby y el antifascismo

Este viernes se estrenó la película que pone fin a una de las sagas que ha marcado a toda una generación, un camino por Birmingham que comenzó en 1919 y que cuenta la historia y la caída de Thomas Shelby. "Una vez casi tuve todo, pero 'casi' no cuenta"...

Steven Knight, guionista de Peaky Blinders, junto a un mural de Tommy Shelby, el protagonista.
Steven Knight, guionista de Peaky Blinders, junto a un mural de Tommy Shelby, el protagonista.Getty Images

El humo industrial, los residuos, el estiércol, la pobreza, la desesperación, el hedonismo, la chispa de numerosas revoluciones y huelgas y una profunda crisis abrazan las calles de Birmingham, una de las ciudades de Inglaterra que agrupa entre sus precarias viviendas a los hombres recién llegados de Francia tras la Primera Guerra Mundial, con sus respectivos traumas. Entre tanto, una mafia de nómadas y gitanos sale adelante: sobornos, apuestas, venta de alcohol y tabaco y cuales quieran que sean las formas y tácticas para poder mantener la estructura de la banda del crimen organizado. El cabecilla, Thomas Shelby —interpretado por Cillian Murphy—, es un soldado condecorado por su labor cavando túneles en tierras galas, mientras resonaban las bombas sobre su cabeza y la de sus hermanos que manchaban sus manos con sangre y barro.

Corría 2013 cuando las primeras líneas empezaron a dibujar una historia que traslada al espectador a 1919 y que ha llegado a su fin —al menos en lo que respecta a su protagonista— este viernes después de seis temporadas. Se trata de una de las obras que ha marcado a generaciones enteras y perfilado una estética inconfundible para propios y extraños gracias a Steven Knight, el guionista y autor del clan Shelby. Las boinas con cuchillas de afeitar, el pelo rapado por los laterales, los trajes clásicos de los años veinte, el Garrison y el ambiente industrial de la época generan la atmósfera del mundo inconfundible de la mafia gitana.

Desde El HuffPost no venimos a destripar la historia, ni siquiera a hacer grandes spoilers de la serie (alguno caerá, pero no de la película) que se ha convertido en punta de lanza de Netflix ―aunque tuvo sus primeras andaduras en la BBC―. Venimos a hacer un análisis de una serie que ha sido apropiada, en muchos casos, por la extrema derecha; como aquella campaña de Vox en la que Macarena Olona hacía un paralelismo entre los dirigentes y la banda del crimen organizado e incluso se ha visto a Santiago Abascal y su séquito portando boinas al puro estilo de Birmingham.  

Tommy Shelby, el auge y la decrepitud de la ambición 

  Tommas Shelby, protagonista de Peaky Blinders

Peaky Blinders padece de la condena de otras series y cintas que siguen el mismo patrón, como Breaking Bad El lobo de Wall Street. Es decir, el desarrollo del origen humilde de los protagonistas, el auge hasta el "éxito" y la perversión y decrepitud por la ambición, el poder y un ego descontrolado que hace que todos y cada uno de ellos pierdan aquello por lo que siempre habían luchado. Que la corrupción del alma y la oscuridad que inundan cada escena se apropie hasta llegar al más trágico de los finales. Sin embargo, esa destrucción del hombre que llevan a cabo todas las tramas parece no ser percibido por un porcentaje del público.

En los últimos años, hombres de extrema derecha, incels, brokers, criptobros, gymbros y todos los colectivos terminados en 'bros' han hecho apología de Tommy Shelby y la vida de gánster, al igual que lo hicieron con la venta de droga de Walter White o la vida de lujuria y descontrol de Jordan Belfort en Wall Street, sin tener en cuenta que todas las obras narran la propia destrucción de sus protagonistas; carismáticos, sí, pero condenados a un sistema que elimina cualquier apéndice de humanidad de aquellos que se adentran en él. Drogas, alcohol, ambición, poder, corrupción, ilegalidad, lujuria, ira, odio, desesperanza... Un cóctel que, como dijo el maestro Yoda, lleva inevitablemente al lado oscuro.

Tommy Shelby es la encarnación de todo eso. Una mente brillante con una astucia envidiable para los negocios y la política que termina por consumir cada parte de su vida. La serie emplea mil recursos para mostrar esa caída: tiene el síndrome de Harry Potter, cuando cada temporada es más oscura que el anterior; el rostro de Tommy cada vez es más decrépito, el número de personas que mantiene a su lado es cada vez menor e incluso las muertes que encadena en cada periodo de la serie hace que el protagonista empiece a padecer enfermedades, desequilibrios mentales y hasta que su pistola apunte más a su sesera que al resto de enemigos que afronta. Un delirio que se va agrandando con cada minuto de rodaje y que ha provocado que hasta el propio Shelby se replantee su existencia.

El pueblo gitano y la conciencia de clase

"Sé que todos queréis que diga que voy a cambiar, que este negocio va a cambiar, pero he aprendido una cosa. Esos cabrones son peores que nosotros: políticos, jueces de mierda, lores y damas... Son peores que nosotros. Y jamás nos recibirán en sus palacios. No les importa lo legales que lleguemos a ser, sino lo que somos. La mierda que somos y la mierda de donde venimos", expresa con rabia Tommy Shelby en uno de los puntos álgidos de la serie con una sinceridad muy inusual a lo largo de las temporadas. El clan Shelby proviene del gitanismo, de ganarse las perras como se puede, de estafar a polizontes, robar gasolina de los coches, hacer el truco de la tiza en las carreras, viajar con carretas para sobrevivir al invierno, aprovechar la primavera y jugarse el cuello por un trozo de pan. 

La cultura gitana forma parte de la serie, al igual que la judía o la italiana que conforman las principales bandas de las mafias en Inglaterra. A lo largo de los episodios la espiritualidad juega un papel fundamental que se va incrementando. Junto a los Peaky Blinders, la familia Lee también manifiesta el desarrollo de los personajes y pone en contexto las tradiciones gitanas: desde el movimiento nómada, la cercanía con los caballos, la magia negra, el romaní —la lengua del pueblo gitano— y, en general, una vía de escape de una vida que consume tanto a Tommy como al resto de la familia Shelby. Además, la tradición gitana también supone una forma concreta de lidiar con el duelo de la pérdida y marca una enorme diferencia y rechazo con los fascistas, aunque de ello hablaremos más adelante. 

La historia de Peaky Blinders es la de un conjunto de pueblos reprimidos históricamente por la alta nobleza y burguesía inglesa y que encontraron su manera de 'ser alguien' en el crimen organizado. No sólo sucede con los de Birmingham, también con italianos, judíos y otras bandas de gitanos. Es el ejemplo de la familia Changretta que tiene su origen en la costa Siciliana y que emigró a diferentes lugares; el más reconocible es Nueva York, pero también Birmingham. Toda esta diversidad de tradiciones, culturas, orígenes, principios e ideologías, o lo que se conoce hoy como multiculturalismo, lo plasma la frase que le traslada Polly Gray a Grace en la primera temporada: "Tú te pensabas que gitanos, italianos, anarquistas, comunistas... Éramos todos la misma escoria, hasta que conociste a Tommy". 

Las mujeres o la voz de la cordura que nunca se escuchó

Helen McCrory como Polly Shelby en 'Peaky Blinders
  Helen McCrory como Polly Shelby en 'Peaky Blinders'BBC

Durante todo el delirio de la trama que se va incrementando con cada mala decisión y la avaricia de poder y riqueza de la familia, siempre hay un faro de esperanza, una voz de la razón que invita a Tommy Shelby a no tomar el camino de la siguiente catástrofe o incluso a abandonar esta vida de mierda. Sin embargo y sumido en su ambición, el protagonista rechaza cada una de las oportunidades. Ese faro son las mujeres de la serie que, además, plasman el arduo avance feminista y señalan la decrepitud que se va a acumulando. "¡No necesitamos más a los putos hombres! ¡Son ellos los que nos han llevado a esto! Son ellos los que pelean como gallos...", exclamaba Polly Grey, la tía de los hermanos Shelby y pieza clave de la familia. 

Lizzie también es otro de los personajes clave en este sentido. Prostituta que logró desvincularse de ese mundo por sus cercanías a la familia Shelby, ha sido de las que más ha sufrido el deterioro de Tommy hasta tal punto de que él mismo lo reconoció. "No merece lo que soy, ni en lo que me convertiré. La verdad es que pertenezco a esta mesa con escoria como ustedes", expresaba el protagonista en una cena con fascistas. Grace, Jessie Eden, May Carleton e incluso en algún momento Linda Shelby tratan de sembrar algo de cordura en un mundo lunático, evidentemente sin éxito.

La decadencia de Tommy se refleja hasta tal punto que, poco a poco, va perdiendo cada uno de esos faros: las personas que le ayudaban a mantener los pies en la tierra y que ha ido dejando atrás. Ahora, en la película estrenada el viernes, Aida Shelby será el próximo faro que guiará al protagonista. La hermana de los Shelby se convertirá en uno de los pilares de la historia, sosteniendo a Tommy en un momento crucial de su caída.

"Yo no mato perros, mato fascistas de mierda" 

El antifascismo es otro de los puntos clave de la historia, esencialmente en las últimas temporadas. Después de haber analizado el anarquismo, comunismo e independentismo irlandés que se concentraba en Inglaterra, Tommy por primera vez deja los negocios y la ambición a un lado para centrarse en una convicción clara: frenar el auge de la extrema derecha representado por la Unión Británica de Fascistas liderada por Oswald Mosley en los años 30. Ya no es el corredor de apuestas que empezó en Birmingham y que fue ascendiendo poco a poco en el entramado criminal que tejía la sociedad inglesa, ahora es un político del Partido Laboralista (además de todo lo demás) con voz propia en el parlamento que teje los hilos del poder.

Ante el auge de la extrema derecha que va ganando popularidad en la población, los Shelby deciden infiltrarse, con apoyo de Churchill, dentro de la organización que mantiene lazos con otros movimientos fascistas de toda Europa, esencialmente el alemán (nazi) que tiene un protagonismo clave en la cinta estrenada el viernes. "Yo no mato perros, mato fascistas de mierda", exclama Arthur Shelby, hermano mayor de la familia, ante muchos de los momentos críticos que atraviesan durante la infiltración. "Siempre he odiado a los fascistas", concluye. 

El punto llega hasta el alcance de acuerdos con los judíos para intentar sabotear los delirios de poder de Mosley, como un atentado finalmente fallido. En el desenlace de la última temporada, fueron los propios fascistas los que trataron de manipular a Tommy para acabar con él. 

La lucha de Tommy Shelby contra el fascismo deja de ser solo una maniobra estratégica y se convierte en el reflejo más claro de su evolución moral. Después de recorrer todos los caminos posibles del crimen organizado y la política, su enfrentamiento con Mosley y con la maquinaria ultraderechista europea expone tanto la fragilidad como la firmeza de sus convicciones. Lo que antes era ambición ahora es supervivencia —propia y colectiva— en un momento en el que la sombra del totalitarismo se cierne sobre toda Europa. Así, el protagonista se sitúa en el centro de un conflicto que trasciende a los Shelby y que define el pulso histórico de la cinta, cerrando un ciclo en el que su batalla personal se funde con la batalla ideológica de una época convulsa. 

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Soy redactor de la sección de Política en El HuffPost España. En ella, informo acerca de la actualidad política que afecta a nuestro país, la realidad social a la que se enfrenta la ciudadanía o los eventos judiciales... entre otras muchas cosas. Tratamos todos los días de ofrecer a nuestros lectores la herramienta más importante de todas en democracia: estar informado.

 

Sobre qué temas escribo

Me dedico a escribir sobre la actualidad política en España y cómo esta impacta en la vida de la gente... Aunque, si soy sincero, cada semana se convierte en una especie de “elige tu propia aventura”, un cocido madrileño como los de antaño en los que no sabías lo que te podrías llegar a encontrar.

 

Bajo mi firma pueden encontrarse artículos sobre migración y la dramática situación humanitaria en el Mediterráneo y el Atlántico, la crisis de vivienda que golpea especialmente a mi generación o tragedias que han marcado a todo el país, como los incendios o la erupción del volcán de La Palma. También abordo temas de la actualidad política y judicial, como el procesamiento del fiscal general del Estado, de la pareja de Isabel Díaz Ayuso o de Begoña Gómez, al igual que la cobertura del Congreso Nacional del PP donde Esperanza Aguirre dijo que éramos “su medio favorito”, ¿os lo creéis? Además, he escrito sobre la muerte del papa Francisco, la despedida de Luka Modrić del Real Madrid, el genocidio en Gaza, desahucios... Hasta uno de Opinión. A este paso tardo menos en decir sobre qué no escribo.

 

Aun así, siempre trato de sacar un hueco para una de mis pasiones: la música. Concretamente, el rap. Que no os sorprenda ver alguna entrevista de vez en cuando.

 

Mi trayectoria

Al igual que la mayor parte de mi familia, nací en el kilómetro cero, en Madrid, así que soy un gato más. Estudié Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y me gradué con un TFG acerca de la labor del periodismo español durante el 15M. Antes de El HuffPost pasé por las redacciones de El Confidencial, ElDiario.es y Redacción Médica. También he sido cajero, reponedor, monitor de tiempo libre... Un joven más de 26 años, vaya.

 


 

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