Juan Sanguino: "Hoy los actores son más prudentes y se manifiestan por cosas generales, pero no van a criticar políticas concretas del Gobierno como ocurrió en 2003"
El periodista y guionista dedica la última temporada de 'Delirios de España' a la gala de los Goya de 2003, la del 'No a la guerra', y lleva el podcast a los teatros.
En 2023 Juan Sanguino estrenó la primera temporada del podcast Delirios de España, un espacio en el que el periodista y escritor recuerda y analiza algunos de los fenómenos mediáticos de la cultura pop española, como el concierto homenaje a Miguel Ángel Blanco, el político vasco que fue secuestrado y asesinado por ETA en julio de 1997, las famosas corridas de toros solo para mujeres organizadas por el torero Jesulín de Ubrique, el episodio histórico que firmó Marta Sánchez cuando fue enviada a animar a las tropas españolas en el Golfo Pérsico, la historia de ascenso y defenestración pública de Mar Flores tras la portada de Interviu con Alessandro Lequio o el ajetreado rodaje de la película Los otros en Cantabria.
Tres años después, convertido casi en un podcast de culto, esta misma semana se ha completado la cuarta temporada en la que, a lo largo de seis capítulos (0+5), ha recordado e investigado sobre lo que ocurrió en la famosa gala de los Goya de 2003, la que presentaron Alberto San Juan y Willy Toledo, y que marcó un antes y un después en la relación del mundo del cine y la derecha española. "Aún no tengo datos, pero estas semanas he percibido que la gente lo recomendaba, lo compartía, lo escuchaba con su familia, lo escuchaba en el coche...", dice sobre sus primeras impresiones.
Todos los capítulos de Los Goya del 'No a la guerra', y el resto de las temporadas, están disponibles en la plataforma Podium Podcast, aunque, ahora, además, existe la posibilidad de disfrutar de este espacio en vivo y en directo pues el pasado mes de abril Sanguino inauguró en Madrid una gira de teatros por toda España.
La próxima parada será Barcelona, concretamente el teatro Apolo, los días 11 y 12 de abril. "Dije, 'mira, todos estos delirios que tengo en mi cabeza, que no me cuadran para hacer una temporada entera ni para dedicarles tanto tiempo porque creo que no voy a conseguir los entrevistados adecuados, pues los llevo a los teatros'. Y ese primer delirio que hace desde un escenario y con público sentado en el patio de butacas es el del chándal de Chenoa: "Ella fue un meme antes de que existiesen los memes de las redes sociales, y cambió la imagen pública que se tenía ella de ser una mujer fría y antipática".
Juan, respecto a esta última temporada, ¿por qué elegiste este tema y el 'No a la guerra', el lema que Pedro Sánchez ha hecho suyo?
A ver, no descarto que Pedro haya escuchado el podcast porque es un hombre de su tiempo. Me encantaría que tuitease el podcast y capaz es, desde luego, y algún mariquita en su gabinete tiene que haber. Creo que se lo han debido pasar y, desde luego, a él el tema le interesa. Igual el de Mar Flores no se lo ha escuchado, pero yo creo que este tema le interesa porque le va a refrescar mucho la memoria de todo lo que pasó en ese año.
La casualidad ha jugado a tu favor porque, cuando elegiste el tema, la actualidad no era esta...
El tema de la guerra lo elegí porque, bueno, yo siempre tengo varios temas en la cabeza que me interesan y la prioridad siempre es que a mí me interese averiguar cosas de ese tema. Tengo que dedicarle muchísimo tiempo y si lo hago solamente porque creo que va a funcionar o porque me parece comercial, pues no es un buen criterio porque se me haría muy pesado. Entonces, primero, que me motive mucho. Es verdad que el del 'No a la guerra' lo empecé a preparar hace dos años, antes del rodaje del de Los otros, porque me apetecía mucho hacer un diálogo con la primera historia que contamos en Delirios de España, que fue el homenaje a Miguel Ángel Blanco, y abordar de nuevo un tema político a través de la cultura popular. Me apetecía volver a la política, siempre a través, por supuesto, de la cultura popular, que es lo que hacemos aquí, y este tema me pareció perfecto. Creo que es interesante contextualizar lo que pasó en aquel momento para la gente joven; o sea, yo siempre me pongo en la posición del oyente que no se acuerda, que era muy pequeño o que recuerda vagamente lo que pasó, porque ahora es muy habitual, y lo vimos en la última gala, que haya protestas contra Gaza, feministas... pero hasta 2003 en los Goya eso no pasaba nunca.
¿Eran galas que imitaban a las que se celebraban en Estados Unidos?
Había cosas muy pequeñitas y siempre hablando de la profesión del cine y tal, pero cosas como tan políticas, que estaban candentes en la sociedad, nunca habían ocurrido. Es verdad que ahora, si tienes 20 o 25 años, estás acostumbrado a que en los Oscar se hable de feminismo, se hable de tal, pero en aquel momento fue una cosa muy escandalosa porque había mucha gente que no es que estuviera a favor de la guerra, que eso es lo interesante para mí de esta historia, es que estaban en contra del 'No a la guerra', que es una doble negación: ‘No sé si yo estoy en contra de la guerra, pero es que no me parece apropiado que los actores se pongan a decirlo’. Efectivamente, era una cuestión de decoro, de no es el lugar.
Y también mucha gente leyó esas protestas como protestas no solamente contra la guerra, sino contra el gobierno de Aznar, contra el chapapote y el gobierno de Aznar en general. Entonces, la gente de derechas se antagonizó contra el cine español y el PP utilizó mucho ese antagonismo, desde Pablo Casado llamando "imbécil" a Javier Bardem, hasta Montoro diciendo que odiaba el cine español y que iba a ir a por todos con Hacienda, a Rajoy cuando le preguntaban "¿usted va al cine?" y él decía que prefería leer el Marca... Rajoy nunca dijo nada de los éxitos del cine español y, a día de hoy, los políticos de derechas saben que no tienen que hablar de cine español porque no tienen que apoyarlo. Ayuso o Abascal jamás dirán "he ido a ver Los domingos, he ido a ver Sirat o he ido a ver Sorda" porque saben que para muchos de sus votantes el cine español es el enemigo. A lo mejor a Ayuso le encanta el cine español, pero nunca lo dirá en público. Y Rajoy celebraba mucho los triunfos del deporte, por ejemplo, que es una cosa muy española, muy cañí, pero no celebraba nunca los triunfos del cine porque sabía que eran sus enemigos.
La enemistad no era nueva en 2003, pero sí que se magnificó muchísimo durante esa gala de los Goya y tuvo consecuencias mediáticas porque se construyó el relato de los subvencionados, de los titiriteros o de los parásitos. Ya era un relato que se estaba forjando, pero en esa gala de los Goya, los actores, pues ya sea por ingenuidad, por valentía, por torpeza o por darse mucha importancia a sí mismos, una mezcla de todas estas cosas, le pusieron en bandeja al PP ser un poco su enemigo, su piñata.
Tú dices, Juan, que la enemistad se venía gestando antes de 2003...
Sí, porque el cine español durante la dictadura de Franco era muy, muy popular. De hecho, si tú ves las películas más con más espectadores, no taquilleras, por la inflación, sino con más número de entradas vendidas, en el top 50, tranquilamente puede haber —lo estoy diciendo a ojo—, 40 de la dictadura. Películas como La ciudad no es para mí, películas como Vente a Alemania, Pepe o No desearás al vecino del quinto hacían tranquilamente 4 o 5 millones de espectadores en un momento en el que España tenía 25 o 30 millones de habitantes. Es que cinco millones de espectadores es lo que hizo Titanic. Es una barbaridad.
El cine español, el cine popular, la comedia popular era extremadamente comercial, era extremadamente mainstream durante la dictadura y era un cine que blanqueaba un poco la sociedad, la pobreza... Cuando llega la democracia, con la Transición, se levanta la censura y empiezan a surgir directores que aprovechan para ser críticos contra el régimen y compensar los 40 años previos. Aparecen películas como las de Carlos Saura, las de Pedro Olea, las de Eloy de la Iglesia, películas que eran muy críticas con el sistema. Entonces empezó a generar esta sensación de que el cine español era una cosa de rojos, que eran todos rojos. Y cuando llegó Pilar Miró a la Dirección General de Cine, a principios de los 80, estableció el sistema de subvenciones que benefició a las películas que eran artísticamente meritorias. ¿Cuáles eran esas películas? Pues las que le gustaban a Pilar Miró, básicamente sus amigos, las de Camus, con Los santos inocentes, nuestro primer Oscar con Garci y Volver a empezar... Obviamente el sistema de subvenciones potenciaba un cine de autor que necesitaba ayuda económica para poder existir porque no era comercial.
Pero claro, el problema no era ese. El problema es que Pilar Miró le quitó la subvención a películas populares, las de Antonio Ozores, las de Pajares y Esteso, que son las que realmente le gustaban a la gente. Entonces, como que ahí se divorcia el cine intelectual y el cine popular, que en Hollywood a menudo van de la mano porque hay películas, como American Beauty, El silencio de los corderos o Memorias de África, que tienen tanto prestigio como taquilla. Todo eso contribuyó a crear la sensación de que el cine español era un cine de izquierdas crítico con la dictadura y con la derecha.
Cuando llega José María Aznar al poder en el año 96, de repente ‘España va bien, España va bien, España va bien’ y surgen nuevos tipos de películas que conectan con el público. Surge El día de la bestia, Tesis, Airbag o Torrente y cualquier película pequeña, como Sobreviviré o La Celestina o Nadie conoce a nadie, hacía tranquilamente un millón de espectadores. Son los mejores años para el cine español. Ha habido años mejores, pero son espejismos. ¿Hay más taquilla en el año 2014? Sí, porque se estrenó Ocho apellidos vascos. ¿Hay más taquilla en 2012? Sí, porque se estrenó Lo imposible. Es decir, que cuando la taquilla de cine español sube mucho generalmente es porque hay una película que lo peta muchísimo.
El otro lado de la cama, Juan, que sus actores protagonistas son, precisamente, Guillermo Toledo y Alberto San Juan, los presentadores de la famosa gala de los Goya de 2003.
El otro lado de la cama hizo dos millones de espectadores. Los lunes al sol, abiertamente de izquierdas, fue la segunda película más taquillera del año, con dos millones de espectadores. Es que incluso las películas, digamos, de rojos, hacían mucho dinero. Entonces ahí hubo un reencuentro entre el cine español y su público que saltó por los aires la noche de los Goya. Por eso también es interesante porque es un acontecimiento que rompe con todo lo anterior y marca mucho todo lo posterior. No había pasado nada parecido antes y no volvió a ocurrir después, ni volverá a ocurrir.
De eso hace 23 años. ¿por qué es imposible que vuelva a ocurrir?
Bueno, pues por muchos motivos. Primero, porque ahora los actores son más prudentes a la hora de manifestarse y se manifiestan con cosas como de fuera: el feminismo en general, Gaza, colectivo LGTBI... pero no van a criticar políticas concretas del gobierno como ocurrió en ese momento con el chapapote y con la guerra de Irak. Una actriz muy popular como puede ser Belén Cuesta, por ejemplo, nunca hace ningún tipo de declaración política.
Y luego, por otro lado, la academia de cine actual jamás le daría a la responsabilidad de una gala completa a Animalario ni a nadie. Ahora hay unos guionistas, hay una productora, está la producción ejecutiva de la academia, esta Televisión Española, hay más gente monitorizando todo el proceso. En aquel momento, Marisa Paredes y Joaquín Oristrell, que era gente de cine en activo, dijeron "pues venga, pues Animalario, estupendo". Y los de Televisión Española dijeron "ay, los de El otro lado de la cama, anda, qué simpático”.
¿No lo revisaron?
Sí, sí que había revisión, lo que pasa es que ellos no enseñaron todo lo que iban a hacer. También te digo que yo he visto los ensayos, porque me los han cedido, y no había gente de televisión española en los ensayos. Es decir, el gag de José María Aznar en una carnicería de Socuéllamos se ensayó; yo lo he visto, se ensayó y ahí no había nadie de Televisión Española. No les interesaba, igual que no sabían que ellos estaban ensayando la obra de la obra satírica sobre la boda de la hija de Aznar (Animalario estrenó ese año Ana y Alejandro. Lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente en el salón de bodas Lady Ana de Madrid).
Pero volviendo al tema, es imposible porque las galas de los Goya ahora mismo tienen una vocación más de espectáculo de variedades que de ceremonia sobre el cine, por así decirlo. Pero no es una cuestión de izquierda o derecha, es que Aznar era particularmente cabezota y sacaba de sus casillas a la gente, porque él tenía mayoría absoluta y hacía lo que le daba la gana sin tener en cuenta la opinión de la sociedad. Entonces, cuando Rajoy llegó al poder en 2011, hubo galas de los Goya muy políticas, la de Eva Hache o la de Manel Fuentes, que hizo la gala a la que no asistió el ministro de Cultura, la única gala de la historia en la que no ha habido un ministro de Cultura. Después, José Corbacho salió con un traje con la ley del cine "porque así por lo menos sirve para algo”. La gente solo se acuerda del ‘no a la guerra, no a la guerra, no a la guerra’, pero hubo muchos presentadores muy políticos, más explícitamente políticos, que Willy y Alberto. Ellos hicieron una gala preciosa, homenaje al esperpento, a los cómicos de posguerra, una cosa filosófica y poética en la que pasaron cosas muy bonitas, pero todo quedó eclipsado por la guerra.