Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Yerai Cortés: "Rosalía tiene toda la culpa de que en esta época se vuelva a escuchar flamenco"

Yerai Cortés: "Rosalía tiene toda la culpa de que en esta época se vuelva a escuchar flamenco"

El guitarrista flamenco presenta su disco 'Popular'.

Yerai Cortés en una imagen durante la promoción de su disco 'Popular'.
Yerai Cortés en una imagen durante la promoción de su disco 'Popular'.Europa Press via Getty Images

Para muchos, Yerai Cortés era un desconocido hasta que, por un casual se toparon con La guitarra flamenca de Yerai Cortés en cines, la vieron nominada al Goya e incluso se vieron llamados por la asociación de su nombre al de C. Tangana, que ejercía como productor del documental.

En solo unos años, Cortés se ha convertido en todo un icono no solo del mundo de la música, sino también de la moda y de las tendencias actuales. Sin embargo, el trabajo del guitarrista viene prácticamente desde la cuna, influenciado por sus padres, también muy presentes en el mundo del flamenco.

Desde que a los 18 años abandonase su Alicante natal para trasladarse a Madrid, la guitarra de Cortés ha resonado por algunos de los tablaos más señeros de la capital como son Las Carboneras, Casa Patas o Corral de la Morería y en 2021 recibió el premio Premio Guitarra con Alma del Festival de Jerez y ha acompañado en sus giras a nombres como Niño de Elche, Rocío Molina, Chuchito Valdés, Farruquito, Las Hermanas Bautista o la gira Sin cantar ni afinar de C. Tangana.

Después de la galardonada con el Goya espectáculo Guitarra coral, donde ya ha presentado muchos de los temas de este segundo disco (después de la banda sonora de su documental), Cortés presenta su disco Popular, en el que se encuentran canciones como Lirili Ni en los puertos italianos, ni en los cafés parisinos. 

Este Popular es un disco que ya habías tocado en directo, ¿cómo ha sido eso de ahora presentarlo canciones que ya llevan siendo parte de tu repertorio durante tiempo?

Para mí eso es algo muy natural porque siempre se ha tocado mucho y luego me han dicho como “Oye, ¿por qué no grabas esto?”. Siempre he vivido los procesos de grabación de esa manera. También eso me permite meterme al estudio muy seguro de haberle dado muchas vueltas al tema, de haberlo tocado de alterarlo: que si el principio aquí, que si lo del medio aquí, que si cambiarle el no sé qué, los tonos, que si uno es más arriba, otro más abajo.. Entonces, ha sido muy guay porque también grabamos el disco muy rápido.

Cuando nos juntábamos con las chicas era juntarnos y hacerlo lo más cercano al directo, que también era lo que yo quería que se notara un poco en el disco, que fuera muy orgánico, que no tuviese claquetas, que tuviese como esa sensación de directo.

En el proceso de este disco estuviste sin poder coger la guitarra por una lesión, ¿qué se te pasó por la cabeza durante esos meses? ¿Qué te planteaste?

A ver, se me pasó de todo. Fue una etapa diferente, distinta. Es que te planteas, “¿qué voy a hacer?” O sea, si esto no se arregla, ¿qué hago yo? ¿a qué me dedico? Pero me di cuenta de que yo tengo una conexión con lo que es el arte o con la música en general, en la que la guitarra es una herramienta más, que el compromiso que tengo con el arte lo tengo también desde otras disciplinas distintas. En este caso me puse a escribir, no estribillos ni letras sueltas, sino canciones enteras.

Siempre pensando “ya meteré la guitarra” y cuando me puse a meter la guitarra, no había hueco. Las canciones eran puramente canciones y lo más importante de la canción era la letra. Entonces, empecé a construir otra forma de hacer arte y acompañar esas canciones.

Es muy guay que esa parte que es la que más muestras, pase a estar en segundo plano. Es un ejercicio bastante guay porque descubres que lo otro también te sigue haciendo feliz, que puede ser una rama más a convivir contigo. Estoy bastante ilusionado con todo este disco.

De hecho, en los últimos dos años has pasado de ser el guitarrista que acompaña a grandes nombres como Rocío Molina a ser el protagonista, ¿cómo te ha cambiado la fama?

A ver, cambia mucho. A la hora de mostrarte en un escenario cambia mucho, sobre todo, notas que las miradas van hacia ti y que tú eres el que está todo el rato proponiendo cosas en el escenario, no vas siguiendo a alguien, pasas a que te sigan, a lo que tú hagas. Eso es el gran cambio.

Lo que más me gusta del mundo y lo que creo que mejor se me da con la guitarra es acompañar, pero he descubierto con este proyecto de Guitarra coral, que soy yo el que está tocando, siendo el prota por así decirlo, que me gustaba tanto el baile, acompañar al baile, que todo lo que hago con la guitarra me imagino que lo está bailando alguien.

Me he dado cuenta de que hay un bailaor dentro de mí. De todo lo que me gusta el cante, hay más letra que guitarra en el show y hay más cante que guitarra. No dejo de acompañar a alguien, aunque esté siendo yo el prota porque siempre tengo a alguien en la cabeza.

"Cuando todo el mundo se junta, es como cuando se canta un cumpleaños feliz, que al fin y al cabo hay una melodía que se entiende cuando es coral, pero si te fueses uno a uno igual hay unos desafines que no veas"

¿Cómo surgió esto de elegir unas voces corales de seis mujeres y no hacer colaboraciones concretas con determinados cantaores o cantaoras?

A mí me gusta pensar siempre que, antes de hacer todo esto, estaba haciendo conciertos solo de guitarra, sin ningún otro instrumento, sin ningún otro acompañamiento. Quería incluir cosas pero, como no tenía claro un sonido, empecé por lo más primitivo, a jugar con las palmas y a exprimir la palma en todo su esplendor.

Yo soy fan de lo coral, de lo que se repite muchas veces una misma cosa. O sea, si pudiera haberme llevado a una orquesta de 37 guitarras, haciendo todo al unísono, lo hubiera hecho. De hecho, lo haré en algún momento.

Echaba de menos mucho el tablao: acompañar al baile y la palma del tablao, que se hace de una forma muy concreta. Entonces, quería la palma del tablao y ahí no hay dos palmas, ahí toca las palmas todo el mundo. Si hay tres bailaoras, dos cantaores y un percusionista y un no sé qué, de repente te encuentras con 8 o 10 palmas que están sonando. Entonces, el sonido es muy característico. Es casi lo más cercano a una fiesta.

La palma del tablao es característica porque la tocan las bailaoras y la bailaora tiene una palma distinta a la cantaora porque tiene el ritmo de una manera y sabe lo que tiene que hacer para que el paso funcione. Al principio, quería que fuesen 10. Por presupuesto, nos fuimos a ocho y luego, a seis y ahí nació que fuesen bailaoras.

Ellas no se dedican a cantar, son bailaoras. Por eso tienen ese ritmo que tienen y esa palma tan concreta que parece de baile incluso, entre palma y pie parece que es un baile.

Lo que más me llamaba la atención es por todo esto de popular que a mí me gusta y todo lo que se corea, es que no fueran cantantes para que no fuera preciso ni perfecto y se notara más la unión de lo que sucede cuando todo el mundo se junta y cuál es el resultado de todo eso. Es como cuando se canta un cumpleaños feliz, que al fin y al cabo hay una melodía que se entiende cuando es coral, pero si te fueses uno a uno igual hay unos desafines que no veas. Pero cuando todo el mundo se une, el pueblo se une, como que hay un mensaje directo. Ese es un poco el dibujo de todo en general.

Yerai Cortés durante un concierto en el Festival de Jazz de Barcelona.
  Yerai Cortés durante un concierto en el Festival de Jazz de Barcelona.Gisela Jane

Si le dieras esa voz al “pueblo”, ¿qué crees que querrían decir a través de tus canciones en ese Popular?

No sé, en este momento lo que estamos diciendo nosotros con las canciones es hay perdones, hay culpa, hay fiestas, pero que no llegan a ser una fiesta del todo. Es una pequeña fiesta melancólica, como que todavía no terminas de romper... Se habla en todo el disco de amor.

A mí me gusta tratarlo como amor posguerra, que es todo lo que queda después de que se hayan destruido en general. Después de esos cimientos se plantea cómo se vuelve a reconstruir ese pueblo: cuál es el primer bar que se abre del pueblo, cuál es la primera persona que empieza a introducir la fruta... De repente, cómo se vuelve a ese pueblo a construir y básicamente es un viaje y la narrativa te cuenta una película que tiene mucho que ver con el postpelícula.

¿Y ese Gazpachuelo? ¿Qué reminiscencia gastronómica tiene esa canción?

Ese tema que no te habla en general de algo concreto, sino como que te habla de la familia, te habla de los platos que te gustan de tu abuela, te habla de dónde vienes y hacia dónde vas. Cuando dicen “del río seco a Gran Vía". Es un poco lo más popular que yo he vivido en mi vida: el pueblo, las familias, las comidas... El gazpachuelo es un poco el hacía mi abuela.

¿Cómo se mantiene uno en la raíz y en seguir eso con todos los cambios que ha supuesto, especialmente tras el documental y poniendo tu vida en el centro?

Empezar por un proyecto en el que tú muestras, por así decirlo, todas las sombras y no las luces. Las mierdas, vamos. Todos los dolores y todo lo que pasa y te muestras de una manera no heroica. Al final, soy un tío al que le siguen pasando las cosas que a todo el mundo les pasa. Creo que eso es como la mejor manera como para que en todo lo que venga después no se pierda ese norte porque ya hemos empezado como mostrando, por así decirlo, las cosas que no nos salen bien.

Eso me da todavía como un lienzo en blanco a la hora de construir este artista solitario que estamos ahora construyendo. Como hemos hablado antes, yo ya no acompaño, yo voy solo. Eso es algo que construye desde ahí y es verdad que lo tengo tan a mano y tan cerca que es difícil porque, al fin y al cabo, el flamenco no te lo encuentras en otro lugar que no sea en sitios de raíz, en sitios populares y en sitios como muy arraigados hacia la base. Es muy fácil para nosotros mantenernos ahí.

"El flamenco no te lo encuentras en otro lugar que no sea en sitios de raíz"

Ahora el flamenco ha llegado a un público mucho más amplio... No sé si ha sido cosa de Rosalía, tuya o de la cantidad de artistas que están plasmando el género desde nuevos prismas.

Sí. Y los bares de toda la vida de hoy en día ahora están llenos de modernos. Ahí Rosalía tiene toda la culpa de que en esta época se vuelva a escuchar flamenco, atrás han tenido la culpa otros y otras, pero en esta época ha tenido la culpa Rosalía y Pucho también porque Pucho también al incluir la rumba y toda estas cosas, también ha tenido como esa influencia en la peña que escucha música ahora.

A raíz de ahí ya hemos venido todos los demás a hacer flamenco y todo el mundo quiere hacer cosas de flamenco ahora. La verdad es que es guay. Ojalá no se convierta como en una cosa efímera así como una moda.

¿Crees que puede pasar eso?

No sé, no sabría qué pensar sobre esto. Hay veces que pienso que evidentemente las cosas tienen que nacer y morir y ya se revivirá más adelante, que tengan sus ciclos y sus cosas. Por otro lado, pienso que ojalá la gente no lo vea como una moda que es lo que se llevaba en esta década o lo que sea. Que no sea como los pitillos, que de repente ahora todo el mundo los odia, o si luego vuelven, porque el flamenco es algo que para mí es un monumento histórico, es nuestra tierra. Es algo que es tan grande que no es una moda, es una existencia ya.

¿Cómo hiciste presentar ese EP con esa dupla que es Ni en los puertos italianos / Ni en los cafés parisinos? Estamos acostumbrados a escuchar las canciones atomizadas y que no se encadenen en un disco o en un EP.

Claro. O sea, vuelvo otra vez al tablao. En los tablaos, cuando una bailadora o un bailador sale a bailar por alegrías, que es el palo que toco ahí, hay dos partes en el baile. La primera parte son las alegrías y siempre las alegrías acaban por bulerías, por bulerías de Cádiz, que tienen mucho que ver con las alegrías, en los mismos tonos mayores y en todo eso, pero hay dos partes.

Entonces, cuando yo compongo las alegrías, las compongo pensando en el baile, que hay unas alegrías y acabo por bulerías. Si tú juntas esas dos cosas, es un tema de 8 minutos. Yo tenía ganas de que las canciones no fueran tan largas porque a mí no me gustan los discos de los guitarristas en los que se pegan tocando siete minutos un tema. Yo quería cortar las cosas y hacer la transición de que puedas elegir un tema o el otro, pero que si te lo escuchas seguido son las alegrías del tablao, que pueden seguir.

"Ojalá la gente no lo vea como una moda que es lo que se llevaba en esta década o lo que sea. Que no sea como los pitillos, que de repente ahora todo el mundo los odia, porque el flamenco es algo que para mí es un monumento histórico"

¿Sigue habiendo mucho purismo en ciertos ámbitos? No sé, si en ciertos círculos como el Cante de las Minas.

Sí, en el Cante de las Minas, sí. Además, ahí son los que más lo ponen. Pero eso ya va en la persona que lo haga, el que pone realmente igual que hace que se pierda. Por lo que estoy viendo ahora, todas las personas que están haciendo flamenco ahora mismo están haciendo flamenco de verdad. María terremoto, Ángeles Toledano, Israel Fernández... Eso es flamenco que reconocemos los flamencos. Cantan por bulerías, cantan por soleá, cantan por seguiriya... Son palos que son del flamenco.

¿Aunque le metan un beat? ¿O eso ya lo rompe?

Sí, o sea, no sé si lo rompe o no. Ya va en cuestión de gustos, creo que todo está en cómo lo hagas y cómo lo trates. Si pones un bombo electrónico, aunque se reconoce rápido, y lo pones por ponerlo así gratuitamente. Pero si tú de repente grabas a gente haciendo como un bombo natural en una mesa, un cajón... Y eso lo tratas de una manera concreta... Creo que todo lo que ha hecho tanto María como Israel y toda esta gente, creo que está muy tratado.

A mí no me suele gustar cuando hay un bombo metido y cuando hay ese tipo de cosas. O sea, por ahora como que no he visto la mezcla guay, todavía no.

Yerai Cortés en una imagen durante la promoción de su disco.
  Yerai Cortés en una imagen durante la promoción de su disco.Europa Press via Getty Images

¿Cómo fue ese vínculo con Pucho? ¿En qué punto está? ¿Hay futuras colaboraciones o hay algo que no se puede decir?

El reguetón ese que tengo con mi padre. O sea, con Pucho, tío, qué sé. Hablamos un montón de veces de meternos al estudio y siempre acabamos yéndonos a cenar y a contarnos cosas porque hay veces que pasan semanas sin vernos y luego tenemos tantas ganas de vernos que lo que nos mola es irnos a cenar e irnos a buscar a alguien que nos cante. Seguimos como igual que cuando estábamos buscando en el docu.

Se ha construido a partir de ahí la relación, es muy fácil conectar con eso. Pero con él siempre estamos mandándonos cosas de “mira esta letra, mira lo otro”. Algún día igual sale algo, ya bastante hemos hecho juntos y ha ido muy bien. O sea, es bastante productivo.

¿Cómo fue exponer tu vida personal y tu relación con La Tania en el documental? ¿Pusisteis algún límite en eso?

Eso es una cosa que yo tenía clara: “Quiero hacer esto porque quiero contar esto, las canciones van de esto y esto es lo que yo quiero contar y quiero presentarme a mi familia desde este lugar, quiero que mi familia me comprenda, me entienda, porque yo lo estoy sufriendo mucho...” Porque yo me arranqué desde ese lugar superseguro, con cómo había que hacerlo y cuando llega el momento de que lo estás haciendo, de repente, te cagas vivo, porque dices “coño, de pensarlo a hacerlo hay una cosa muy distinta”.

Sobre todo, que es que me daba pánico, era lo de mis padres y lo de Tania porque, por mucho que yo me quiera meter en esta movida, ya no solo me estoy metiendo yo. Entonces, si hay un daño o hay algo que sale mal, ya no me perjudicaría solamente a mí, también le perjudicaría a más gente. Entonces era como esa presión y yo siempre he tenido como ese miedo de “oye, ¿cómo se va a ver a mis padres? ¿Cómo nos van a ver a nosotros, a Tania, no?”. Como que siempre hubo ese miedo, siempre ha habido ese miedo. Y sigue habiéndolo, a la hora de sacar una canción sigue habiéndolo. Me cuestiono si la he terminado o no, siempre hay como un riesgo y en este caso era alto porque lo que quería conseguir también era algo bastante alto y bastante grande. Pero al final es de estas veces que la vida sale bien y orgulloso y contento.

¿Tienes pensado modificar algo de lo que hacías en directo antes para este Popular? Meter esas 37 guitarras que me decías antes.

No, no (risas). O sea, este proyecto nace de Guitarra coral, que es el show que llevo haciendo hasta ahora. Ahora vamos a hacer el show Popular, que es toda la inspiración de Guitarra coral llevada a un directo ya más pensado, como una cosa más armada, es como el 2.0 de la movida, todo con canciones nuevas.

Después de verte en la Puerta del Sol en el evento de Apple y saliendo de ese tablao que evocas, ¿te verías en un gran festival?

Sí, o sea, sería increíble. Hemos tenido acercamiento así en Sonar y en Río Babel. Hemos hecho cosas así de festis que para nosotros ya era como estar totalmente descontextualizados, de preguntarnos qué hacemos aquí. Esta gente se va a aburrir. Y la experiencia ha sido muy guay, por lo menos para nosotros. De decir, “hostia, tío, que hemos tocado aquí, la peña no se ha ido y ha estado ahí escuchando hasta el final la movida y ha sido muy bonito”.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos