Olivier, chef, deja las cocinas con estrella Michelin por la Antártida: "Tener que devolver tu basura a casa te enseña lo derrochador que es Occidente"
Estilo de vida
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Olivier, chef, deja las cocinas con estrella Michelin por la Antártida: "Tener que devolver tu basura a casa te enseña lo derrochador que es Occidente"

Hubert había trabajado durante años en restaurantes de alta cocina en ciudades como París y Londres, además de hoteles internacionales y comedores escolares.

Un restaurante en una imagen de archivo.Getty Images

De los fogones de restaurantes con estrella Michelin a cocinar rodeado de hielo, pingüinos y temperaturas de hasta –40 grados. Ese ha sido el giro vital de Olivier Hubert, un chef profesional que decidió cambiar los manteles blancos por una de las cocinas más aisladas del planeta: la Antártida.

Hubert había trabajado durante años en restaurantes de alta cocina en ciudades como París y Londres, además de hoteles internacionales y comedores escolares. Pero el continente helado era un sueño que arrastraba desde niño. Tras una primera experiencia en 2016, regresó para pasar el invierno y acabó convirtiéndose en responsable de catering del British Antarctic Survey, la organización científica británica que opera varias bases en la región.

Ahora supervisa la alimentación en cinco estaciones antárticas y pasa allí unos tres meses al año, tal y como cuenta en una entrevista con The Guardian. El resto del tiempo trabaja en la sede de Cambridge, planificando menús, pedidos y logística para un lugar donde no existe el concepto de “ir al supermercado”. 

Cocinar para sobrevivir al frío

En la base principal, Rothera, el equipo prepara tres comidas diarias y un “smoko” a media mañana, una tradición local que incluye platos contundentes con bacon, salchichas, judías o sopas. No es casualidad: quienes viven allí consumen unas 5.000 calorías al día, casi el doble de lo habitual, para soportar el frío y el esfuerzo físico.

Aunque no es un restaurante de lujo, el equipo intenta mantener cierto nivel. Los menús incluyen clásicos británicos como pastel de pastor, fish and chips, curry o el asado dominical. Los sábados, eso sí, se permiten un pequeño homenaje gastronómico con cenas temáticas, manteles y velas.

Un pedido al año y nada de desperdiciar

La logística es uno de los mayores retos. En Rothera solo llega un gran cargamento de comida al año, así que el chef tiene que calcular al milímetro todo lo que necesitarán durante meses. Se piden toneladas de bacon, salchichas y conservas, además de contenedores enteros de alimentos secos y congelados.

Las frutas y verduras llegan congeladas, lo que afecta a su textura, pero no hay alternativa. Y, a diferencia de lo que ocurre en cualquier ciudad, allí tirar comida o envases no es una opción. 

Según explica el propio Hubert, “tener que reciclar, empaquetar y enviar todos nuestros residuos de vuelta a casa te hace consciente de lo derrochadoras que se han vuelto nuestras ricas sociedades occidentales”.

Eso sí, volver a la vida normal no siempre es sencillo. Después de pasar meses en un entorno extremo, reconoce que cuesta readaptarse al ritmo del mundo cotidiano. Pero para él, la experiencia sigue siendo un privilegio que merece la pena repetir.

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