En Alemania ya hablan de la 'McFiesta' de Cádiz: la prensa alerta de que "cada turista que entra es un vecino menos"
La capital gaditana se enfrenta a un serio problema fruto del turismo de masas que afecta a gran parte de las ciudades costeras en nuestro país. Y fuera de nuestras fronteras se hacen eco de ello.

Tras semanas de temporales atlánticos, con borrascas encadenadas que anegaron media Andalucía, el sol ha vuelto a asomarse sobre la plaza del Ayuntamiento de Cádiz. El cielo despejado parece un guiño al arranque del carnaval callejero.
Pero mientras las guitarras se afinan y los disfraces toman las calles, el debate que sobrevuela la ciudad no es festivo: en la prensa alemana ya se habla de la "McFiesta" gaditana, una postal de turismo exprés que, según denuncian colectivos locales, está vaciando la ciudad por dentro. "Cada turista que entra es un vecino menos", repiten.
Carnaval entre aplausos y pancartas
A pocos metros del consistorio, una chirigota improvisa coplas contra los pisos turísticos. En Cádiz, el carnaval no es solo una celebración: es un altavoz. Las agrupaciones -de hasta quince componentes- escriben letras satíricas que diseccionan la actualidad política, el precio del alquiler o la invasión de cruceros. En la calle no hay jurado ni cronómetro; en el escenario del Gran Teatro Falla, en cambio, todo está reglado al milímetro.
En los últimos años, la turistificación se ha convertido en tema recurrente de coplas y comparsas. Plataformas como Cádiz Resiste han llevado el lema a las manifestaciones: "Un turista más, un vecino menos". La cifra que esgrimen impresiona: la ciudad ronda los 110.000 habitantes, cuarenta mil menos que hace dos décadas, mientras los alojamientos de corta estancia crecen sin freno. Solo en plataformas como Airbnb se anuncian alrededor de 1.600 viviendas en la capital.
Los activistas señalan varias consecuencias:
- Alquileres al alza y vivienda convertida en activo especulativo
- Comercio tradicional en retirada, sustituido por negocios orientados al visitante
- Cruceristas de paso, que saturan espacios emblemáticos y gastan poco en el tejido local
- Pérdida de comunidad, clave para sostener el carnaval más allá del espectáculo
El Ayuntamiento ha reaccionado con moratorias y la retirada de licencias, intentando frenar nuevas altas de apartamentos turísticos. Pero el pulso entre economía y vecindario sigue abierto.
Una ciudad abierta… ¿hasta qué punto?
Cádiz presume de ser una de las urbes más antiguas de Europa occidental. Su historia está marcada por el mar: puerta hacia América, enclave comercial estratégico en el siglo XVIII y cuna de la Constitución de 1812. Esa vocación atlántica explica, en parte, la naturaleza mestiza de su carnaval. El propio Javier Osuna -investigador y divulgador de la fiesta- recuerda que las grandes celebraciones carnavalescas del mundo comparten ADN portuario: intercambio cultural, música viajera, ritmos que cruzan océanos.
Osuna traza una línea roja entre ese intercambio histórico y el actual modelo de masas. "Siempre fuimos abiertos —resume—, pero esto es distinto". A su juicio, la llegada constante de autobuses en carnaval, la basura acumulada por la noche o la homogeneización del centro histórico están alterando la esencia de la fiesta. Incluso el público del Falla ha cambiado: cada vez más foráneo, menos conectado con las referencias locales que antes desataban carcajadas cómplices.
El debate no eclipsa la vitalidad creativa, tal y como apuntan en el país germano. En barrios de la zona moderna, agrupaciones como La Camorra -formada por profesionales de distintos ámbitos- ensayan desde septiembre letras que abordan feminismo, Iglesia o derechos reproductivos.
El carnaval, insisten sus protagonistas, es comunidad antes que negocio. Funciona como red de apoyo, terapia colectiva y laboratorio crítico. Más de un centenar de grupos preparan cada año repertorios propios; la mayoría lo hace "por amor al arte", financiándose con actuaciones posteriores para cubrir vestuario y gastos.
La retirada de figuras históricas también marca un cambio de ciclo. El veterano chirigotero El Selu anunció su adiós al concurso tras décadas en el Falla. Su última propuesta ironizaba sobre los apartamentos turísticos: una propietaria atrapada entre la rentabilidad del alquiler y la pérdida de hogar. Sátira pura para un conflicto muy real.
Entre la oportunidad y el riesgo
El turismo ofrece ingresos a una provincia con debilidades estructurales. Nadie lo discute. El dilema es cómo equilibrar esa oportunidad con el derecho a la vivienda y la preservación de una identidad que no cabe en un paquete de fin de semana.
Alemania pone el foco y acuña etiquetas como "McFiesta" para describir una ciudad que, temen algunos, podría convertirse en parque temático. Cádiz, mientras tanto, canta. Entre coplas que celebran su apertura histórica y versos que denuncian la expulsión silenciosa de vecinos, la ciudad busca una fórmula para no perder lo que la hace única: una fiesta que solo existe porque hay comunidad que la sostiene.
