Elisabeth, madre de familia numerosa, necesita dos kilos de pasta para dar de comer a todos sus hijos: "Cargan con el futuro del país"
“Cargan con el futuro del país”.
Elisabeth Müller, presidenta nacional de la Asociación de Familias Numerosas de Alemania, asegura que necesita dos kilos de pasta para dar de comer a todos sus hijos. Para muchas personas, esa frase ya suena exagerada. “Mucha gente no puede imaginar que se puedan usar dos kilos de pasta para comer”, lamenta. Y, sin embargo, esa es la realidad cotidiana de miles de familias numerosas en Alemania, un modelo familiar cada vez más raro y, según Müller, cada vez más incomprendido.
Elisabeth, de 60 años, es doctora en farmacia y madre de seis hijos. Desde 2011 preside la Asociación de Familias Numerosas de Alemania, que ella misma cofundó, y durante una década fue vicepresidenta de la organización europea ELFAC. Desde esa doble experiencia, personal e institucional, defiende que las familias con tres o más hijos no son una reliquia del pasado, sino “el futuro de este país”.
Según explica en una entrevista concedida al medio alemán Welt, los padres que deciden tener muchos hijos suelen compartir un sistema de valores sólido, en el que la familia ocupa un lugar central como proyecto de vida. “La vida en una familia numerosa puede ser agotadora, pero también es colorida, animada y llena de amor”, afirma.
La invisibilidad de las familias numerosas
Según Müller las cifras, respaldan su diagnóstico: los jóvenes alemanes desean de media 1,75 hijos y consideran ideal tener incluso 2,4, pero la tasa real de natalidad se queda en 1,35. “Hay una brecha enorme entre el deseo y la realidad. Algo está fallando”, sentencia.
Entre los principales obstáculos, Müller señala el acceso a la vivienda. A medida que crece la familia, se necesita más espacio, pero las viviendas asequibles cerca de las ciudades son escasas. A ello se suman los costes de movilidad —un coche más grande implica más impuestos— y una oferta de ocio pensada casi exclusivamente para familias con uno o dos hijos. “Vacaciones, parques de atracciones o piscinas: todo está diseñado para un modelo que excluye a las familias numerosas”.
Un coste de vida muy alto
El aumento de los precios de los alimentos y la energía ha agravado aún más la situación. Durante la pandemia, recuerda, incluso fue necesario emitir una especie de bono para que las familias pudieran justificar que realmente necesitaban grandes cantidades de comida. “Cuando tienes muchos hijos, dos kilos de pasta no es un lujo, es una necesidad. Pero socialmente eso ya no se entiende”, explica.
Según diversas encuestas, muchas personas consideran “poco razonable” tener muchos hijos y asocian a estas familias con falta de educación o pobreza, o bien con riqueza extrema y niñeras. “Nada más lejos de la realidad”, replica Müller. “Las familias numerosas pertenecen al centro de la sociedad: estabilizan los barrios, hacen voluntariado, participan en los consejos escolares y contribuyen a la estabilidad demográfica”.
El tercer hijo
Desde su punto de vista, el verdadero punto crítico es el tercer hijo. “A partir de ahí comienza la abundancia de niños y también muchos de los problemas: los costes se multiplican y el apoyo social disminuye”.
Müller pone ejemplos claros de cómo las regulaciones actuales envían el mensaje de que estas familias “no son necesarias”. La supresión de la reserva familiar en Deutsche Bahn, que antes permitía viajar cinco personas por un precio reducido, o las nuevas exigencias de carné de autobús para conducir minibuses familiares, son para ella señales preocupantes. “Así se margina a las familias en un país que envejece y tiene cada vez menos hijos propios”.