Mar Begara, pediatra intensivista: "El ambiente determina el 80% de la salud y los primeros 1.000 días de un bebé son el momento de actuar"
El entorno y la nutrición pueden marcar su salud para siempre.

Desde el primer latido y el primer suspiro, cada pequeño gesto y cada decisión alrededor de un bebé puede dejar una huella que dure toda la vida. No se trata solo de cuidar su alimentación o protegerlo de resfriados, sino que hablamos de un momento único, frágil y decisivo. El entorno, la nutrición y el amor que recibe pueden marcar su salud para siempre, sentando las bases de su bienestar físico, emocional y cognitivo durante toda la vida.
Bajo esta premisa, la pediatra intensivista Mar Begara recuerda que los primeros 1.000 días de vida son un período de máxima plasticidad, una ventana única en la que el cuerpo y el cerebro del bebé se adaptan al entorno con una capacidad que nunca se repetirá. Es durante este tiempo que la nutrición, el contacto afectivo y un ambiente saludable no solo promueven el crecimiento y desarrollo normales, sino que también pueden prevenir enfermedades crónicas, programar un sistema inmune equilibrado y sentar las bases de la salud futura.
Todo lo que rodea a un bebé durante sus primeros meses tiene un impacto profundo en su desarrollo. "El ambiente determina el 80% de la salud y los primeros 1.000 días de un bebé son el momento de actuar", asegura la experta en un vídeo publicado en el canal de ‘Escuela de Salud Integrativa’. Por eso, cuidar el entorno desde el embarazo hasta los primeros años es invertir en la salud del niño a largo plazo.
Los factores que influyen
Con más de tres décadas de experiencia clínica, Begara invita a “programar” la salud desde el principio. Según explica, durante los primeros dos años el cuerpo del bebé responde de forma particularmente sensible a la nutrición, al entorno, al estrés materno y a la colonización de microorganismos, que juntos influyen en cómo se expresan los genes sin alterar el ADN en sí, es decir, mediante mecanismos epigenéticos. Estos pueden tener efectos duraderos en la función metabólica, inmunológica y neurológica del individuo.
Otro de los pilares fundamentales de su discurso es la microbiota, ya que los científicos describen los primeros días como una ventana crítica para la maduración del microbioma intestinal y del sistema inmune, y advierte que las alteraciones tempranas pueden aumentar el riesgo de trastornos inflamatorios, autoinmunes, neurológicos y obesidad. “La microbiota no es algo externo, es un órgano más que necesitamos para vivir”, resume.

De esta forma, la experta señala que factores como la vía de parto, la lactancia materna y la alimentación complementaria tienen un papel determinante en la diversidad y composición de la microbiota del bebé, afectando sus respuestas inmunológicas y metabólicas. Además, los oligosacáridos de la leche materna, azúcares que promueven bacterias protectoras como Bifidobacterium, están asociados con menor riesgo de alergias y otros síntomas inflamatorios infantiles.
Aunque Begara reconoce que no siempre es posible controlar todos estos factores, su mensaje no es alarmista sino empoderador: “Conocer estos mecanismos nos permite tomar decisiones informadas antes, durante y después del embarazo”. Así, cada familia puede convertirse en protagonista de la salud de sus hijos, aprovechando estos primeros mil días como una ventana única para sembrar hábitos, proteger su desarrollo y fortalecer su bienestar a largo plazo.
