Andy García, creador de la influencer española generada por IA: "Aitana genera entre 75.000 y 100.000 dólares al mes, pero no es una amenaza para los influencers de carne y hueso"
Quienes están detrás de estos avatares defienden que no vienen a sustituir a los humanos, sino a convivir con ellos.
Los influencers virtuales ya no son una curiosidad de internet: se han convertido en un negocio millonario que empieza a competir directamente con los creadores de contenido tradicionales. Aun así, quienes están detrás de estos avatares defienden que no vienen a sustituir a los humanos, sino a convivir con ellos.
Es el caso de Andy García, director creativo de una agencia con sede en Barcelona y responsable de Aitana, una influencer generada por inteligencia artificial que acumula seguidores y contratos publicitarios como cualquier estrella de redes sociales. Según explica, este perfil digital puede generar entre 75.000 y 100.000 dólares al mes gracias a colaboraciones con marcas, publicaciones patrocinadas y productos propios.
Aitana, que se presenta como un “alma digital”, participa en campañas de moda, belleza y fitness, e incluso ha trabajado con grandes plataformas en acciones comerciales. Su éxito refleja una tendencia en crecimiento: cada vez más empresas apuestan por rostros virtuales, más baratos, controlables y siempre disponibles.
El fenómeno no es aislado. Otros avatares digitales ya han logrado acuerdos con marcas internacionales o incluso carreras musicales, mientras el mercado global de influencers virtuales crece a gran velocidad y apunta a cifras multimillonarias en los próximos años.
Sin embargo, el avance de estos perfiles genera inquietud entre los creadores tradicionales. Algunos temen que las marcas opten por figuras artificiales que no envejecen, no se equivocan y no exigen las mismas condiciones laborales. “¿Por qué pagar a una persona real si una IA puede hacer lo mismo?”, es una de las dudas que más se repite en el sector.
También hay preocupación por el uso de contenido sin permiso. En redes sociales han aparecido casos de vídeos prácticamente idénticos a los de influencers reales, replicando movimientos, escenarios e incluso estilos, lo que abre el debate sobre derechos de imagen y propiedad intelectual.
“En este momento, los influencers de IA no representan una amenaza para los influencers reales”, afirma. “Es como cualquier otra oportunidad, a la que los influencers reales pueden adaptarse”, agrega.
Más allá del negocio, la reacción del público sigue siendo ambivalente. Aunque algunos usuarios consumen este contenido sin notar la diferencia, otros rechazan los perfiles artificiales, especialmente cuando intentan hacerse pasar por personas reales. La falta de transparencia y la sensación de engaño generan críticas frecuentes.
Parte del éxito de los influencers tradicionales radica en su capacidad para compartir experiencias reales, mostrar imperfecciones y generar confianza, algo que los avatares digitales aún no consiguen replicar del todo.
En este contexto, muchos creadores apuestan por reforzar precisamente lo que les hace humanos: la espontaneidad, los errores y la cercanía. Frente a un contenido cada vez más perfecto y producido, lo auténtico empieza a convertirse en un valor diferencial.