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La fiebre de los baños helados que disparan la adrenalina y el cortisol: "Es como la cocaína, pero sano"

La fiebre de los baños helados que disparan la adrenalina y el cortisol: "Es como la cocaína, pero sano"

No es precisamente una sensación cómoda, pero muchos aseguran que después llega una especie de subidón. Y ahí está, según los expertos, una de las claves de su popularidad.

Un hombre se baña en agua helada
Un hombre se baña en agua heladaGetty Images

A las diez de la mañana, con el termómetro rozando los cero grados y el agua a apenas dos, un millar de personas se adentra en el río Elba, en Hamburgo. No hay competición ni reto deportivo: solo cuerpos temblando, música, aplausos y una sensación compartida de euforia. Es uno de los muchos eventos de baños de hielo que se han puesto de moda en Europa.

Para quienes lo practican, la experiencia es casi adictiva. “La adrenalina te pone extremadamente alerta, lúcido y eufórico”, explica Constantin Falcoianu, veterano de los baños fríos y formador en esta disciplina, al diario Welt. “Muchos comparan la sensación con una patada; pero yo digo: 'Es como la cocaína, pero sano’”, agrega.

La comparación puede sonar exagerada, pero tiene una base fisiológica. Cuando el cuerpo entra en contacto con agua helada, los receptores de frío de la piel se activan de inmediato. El cerebro responde liberando adrenalina, noradrenalina y cortisol. Los vasos sanguíneos se contraen, sube la presión arterial, el corazón se acelera y la respiración se vuelve rápida: es la clásica respuesta de “lucha o huida”.

No es precisamente una sensación cómoda, pero muchos aseguran que después llega una especie de subidón. Y ahí está, según los expertos, una de las claves de su popularidad.

El beneficio está, sobre todo, en la cabeza

Falcoianu sostiene que el mayor efecto del baño helado no ocurre en los músculos, sino en la mente. Resistir el impulso de salir corriendo del agua y aprender a controlar la respiración, dice, entrena la resiliencia frente al estrés.

“El cuerpo cree que está en peligro. Si consigues calmarlo, aprendes a gestionar situaciones estresantes también fuera del agua”, explica.

Por eso, más allá del deporte de élite, los barriles de agua fría se han colado en jardines, gimnasios y retiros de bienestar. Hay quien busca mejorar la recuperación muscular, otros reforzar el sistema inmunitario y muchos simplemente ese “subidón” tras el choque térmico.

La ciencia, con matices

Pero cuando se pregunta a los investigadores, el entusiasmo se enfría un poco. Sabrina Forster, científica del deporte, explica que los estudios muestran que los atletas se sienten menos doloridos y más recuperados después de un baño frío, pero los resultados medibles no siempre coinciden.

“Las mejoras en el rendimiento son inconsistentes”, señala. En algunos estudios aparecen, en otros no. Y hay un factor difícil de evitar: el placebo. “Si alguien cree que le hace bien, el efecto es real para esa persona”, resume.

Desde el punto de vista fisiológico, el frío sí tiene efectos claros: contrae los vasos sanguíneos, reduce la inflamación y puede disminuir el dolor muscular. Pero esto no siempre es positivo. En deportes de fuerza, esas microinflamaciones son necesarias para que el músculo crezca, por lo que los baños de hielo frecuentes pueden incluso frenar la ganancia muscular.

No es para todo el mundo

Los cardiólogos también piden cautela. El baño en agua helada es un fuerte estímulo para el sistema cardiovascular, y puede ser peligroso para personas con enfermedades del corazón o la tensión.

La inmersión repentina de la cabeza, por ejemplo, puede activar un reflejo que provoque problemas respiratorios o arritmias. También es arriesgado pasar del frío extremo al calor intenso, como una sauna, sin transición.

Por eso, los especialistas recomiendan empezar poco a poco, evitar el alcohol o el estómago lleno y, en caso de duda, hacerse un chequeo médico antes de probarlo.