Diez años de la camiseta de 'Todos deberíamos ser feministas': de la ausencia de las mujeres en grandes firmas al espejismo de la diversidad
Moda y Belleza
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Diez años de la camiseta de 'Todos deberíamos ser feministas': de la ausencia de las mujeres en grandes firmas al espejismo de la diversidad

La colección debut de Maria Grazia Chiuri al frente de Dior reflejó un momento cultural y social que ha ido cambiando. 

La camiseta de la colección de Primavera/Verano 2017 de DiorGetty Images

En julio de 2016 la italiana Maria Grazia Chiuri hizo historia al ser nombrada directora creativa de Dior. Era la primera mujer en tomar las riendas de la mítica firma francesa y fue plenamente consciente de ello. En septiembre de ese mismo año Chiuri presentó su primera colección y la prenda más fotografiada fue una sencilla camiseta de algodón con un mensaje estampado: 'Todos deberíamos ser feministas'.

Las palabras formaban parte del ensayo del mismo nombre de la autora Chimamanda Ngozi Adichie, que estaba presente en primera fila del desfile. En esos años, la moda recogió el sentimiento de las calles, que se manifestaron por todo el mundo para defender los derechos de la mujer.

Eran los años de la Women’s March contra Trump, los discursos feministas en grandes escenarios y, en España, de la huelga feminista y la rabia contra la sentencia de La Manada. De hecho, en 2018 Stradivarius puso a la venta otra camiseta, en esta caso con la frase ‘No es no’, que se recogía directamente de la lucha del movimiento feminista en favor de una ley que recogiera el consentimiento.

La prenda fue polémica, pues muchas voces del colectivo aseguraban que la moda estaba sacando rédito del feminismo como si se tratara de una tendencia más. De hecho, una década después de esa camiseta de Dior, no son pocos los que recriminan que no hay suficientes mujeres al frente de la dirección creativa de grandes firmas.

"La moda es una industria donde la mayoría de estudiantes y profesionales son mujeres, pero cuando miramos quién dirige las grandes marcas, apenas alrededor del 12% son mujeres. Es una brecha terriblemente evidente"
Carlota Barrera, diseñadora y docente en varios programas del IED Madrid

Un debate que se ha reabierto especialmente tras el juego de las sillas en el que muchas marcas han ido intercambiando a sus diseñadores. Entre ellos, los dos que ocupan los grandes tronos de la moda: Matthieu Blazy sustituyendo a Virginie Viard en Chanel y Jonathan Anderson a Maria Grazia Chiuri en Dior. 

El panorama en la dirección creativa de las grandes marcas

"La moda es una industria donde la mayoría de estudiantes y profesionales son mujeres, pero cuando miramos quién dirige las grandes marcas, apenas alrededor del 12% son mujeres. Es una brecha terriblemente evidente", cuenta la diseñadora Carlota Barrera, que tiene su propia marca homónima, y ha sido ganadora del premio Vogue Who's on Next. 

  Carlota Barrera, en su presentación durante la semana de la moda de Londres en 2022Getty Images for BFC

Barrera sabe de lo que habla ya que es docente en varios programas del Istituto Europeo di Design (IED) de Madrid y asegura que el sistema está montado todavía con una visión masculina. "Durante mucho tiempo, por las estructuras ya existentes, se ha confiado más en diseñadores y ejecutivos hombres para ocupar esos puestos de poder. Como decía Alauda Ruiz de Azúa hace unos días, 'el talento no entiende de géneros, pero las oportunidades sí”, reflexiona la diseñadora. 

Para Paloma Díaz Soloaga, Profesora Titular de Intangibles y Moda en la UCM, existen "varios factores" que explican la situación. "Por un lado, es un espacio que sigue estando muy dominado por la alta gestión empresarial de los grupos más grandes del mundo en términos de facturación de moda, cosmética y lujo", adelanta la experta.

"Sigue siendo un espacio muy dominado por hombres, con modos de funcionar muy masculinos en los que se prima la rentabilidad a corto plazo, en hacer crecer a las firmas. Lo que se pretende es posicionar a las marcas como negocios de rentabilidad porque además cotizan en bolsa. El mejor ejemplo es el de Gucci, de cómo se rescató la marca y cómo Alessandro Michele la multiplicó por mucho", destaca Díaz. 

"Sigue siendo un espacio muy dominado por hombres, con modos de funcionar muy masculinos en los que se prima la rentabilidad a corto plazo, en hacer crecer a las firmas. Lo que se pretende es posicionar a las marcas como negocios de rentabilidad"
Paloma Díaz Soloaga, Profesora Titular de Intangibles y Moda en la UCM

En ese contexto se explican los recientes nombramientos de Anderson, Blazy o Demna en Dior, Chanel y Gucci respectivamente ya que ambos han conseguido vender. "Esos criterios son muy empresariales y todavía sigue existiendo el convencimiento de que la mujer en eso es más lenta, que no está orientada a resultados inmediatos. La mujer además, y no sé si esto es menos convencional, tiene una dificultad para proyectar su éxito futuro, para verse como una triunfadora, y confía más en la conquista de sus propios éxitos ganados por méritos propios. Se va construyendo a sí misma en el día a día", detalla la profesora de la UCM. 

"La mujer es más realista en sus propuestas", asegura Díaz, que recuerda que ese es un camino tan válido como cualquier otro, citando unos cuantos ejemplos. "Yo qué sé, la propia Victoria Beckham, Tory Burch, o antes la propia Donatella Versace, Rei Kawakubo, Sarah Burton, Miuccia Prada o Maria Grazia, tanto en Fendi como en Dior", comenta la profesora. Esta última ha vuelto a la firma italiana en la que comenzó su carrera diseñando accesorios después de una década muy exitosa a nivel comercial en Dior.

Esas propuestas, explica Carlota Barrera, se evidencian en las colecciones que se presentan, con una mirada claramente femenina. "A veces se ve en cosas muy básicas: es bastante absurdo que en 2026 todavía celebremos que un pantalón de mujer tenga un bolsillo donde cabe el móvil. Eso dice mucho de cómo se han diseñado históricamente ciertas prendas, sin tener en cuenta nuestra propia comodidad o nuestra forma real de movernos en el mundo. Cuando cambian las miradas, también cambian esas prioridades", defiende la diseñadora. 

"Es bastante absurdo que en 2026 todavía celebremos que un pantalón de mujer tenga un bolsillo donde cabe el móvil. Eso dice mucho de cómo se han diseñado históricamente ciertas prendas, sin tener en cuenta nuestra propia comodidad o nuestra forma real de movernos en el mundo"
Carlota Barrera

"¿Sabes lo que pienso? Que las mujeres diseñadores norteamericanas, que tienen un estilo mucho más empresarial y masculino en los negocios van a ser las que posiblemente estén a la cabeza de grandes firmas europeas en la siguiente generación", aventura Díaz Soloaga. 

Además, la profesora recuerda que el hecho de que solo se intercambien los mismos nombres hace no solo que no haya más mujeres, sino en general menos nombres nuevos. "La moda se está haciendo muy endogámica. Son los mismos perros con distintos collares. Si pones siempre a Pierpaolo, Michele... y vas cambiando a la misma gente terminan haciendo una moda muy similar por mucho que quieras ir renovando el legado. Alessandro Michele siempre va a hacer Alessandro Michele. Ha sido un poco la varita mágica, el rey midas, pero, ¿a qué coste? No digo que no sea una moda atractiva y bonita, pero muy uniforme", reflexiona. 

"Me parece que hay que resaltar a las que están, porque además son de largo recorrido, y soy optimista. Se está avanzando de manera muy positiva porque son mujeres increíbles"
Paloma Díaz Soloaga

"Hay talento. Y es diverso", insiste Díaz, que cita el trabajo de Chemena Kamali en Chloé. "También creo que la mujer, y para mí esto es positivo, no quiere renunciar a su vida personal y tienen una vida estable. Es otro handicap que tiene la mujer, porque anteponen su salud. Estos ejemplos que te digo me parecen admirables porque han conseguido tener un equilibrio. Me parece que hay que resaltar a las que están, porque además son de largo recorrido, y soy optimista", asegura Díaz, que cree que se está avanzando "de manera muy positiva porque son mujeres increíbles".

  Chemena Kamali, saludando tras un desfile de Chloé en marzo de 2025STEPHANE CARDINALE/GETTY IMAGES

En 2027 será el turno de Grace Wales Bonner, un referente cultural gracias a su firma homónima y comercial por sus colaboraciones con Adidas, que ha sido nombrada directora creativa de la división masculina de Hermès. "Nos queda mucho recorrido porque el pastel gordo, con Chanel y Dior –los dos colosos de la moda dirigidos por hombres—, pero bueno..., avanzamos",  insiste la experta.

El espejismo del body positive

En los años previos a la pandemia, se comenzó a reclamar más diversidad en la pasarela y comenzaron a verse pequeños avances, con modelos de tallas grandes o mid size (de talla intermedia), mujeres de diferentes razas e incluso con discapacidad, hasta entonces olvidadas en las semanas de la moda.

A pesar de que se escribieron cientos de artículos sobre el auge del movimiento body positive, a partir de 2020 la realidad volvió a ser más parecida a la que se vivía a mediados de los 2000, dando la razón a los que advertían de que la representación era una moda más y no un avance real. “Creo que se han dado pasos atrás. Y no es una sensación aislada o nostalgia personal”, comenta Marina Llorca, modelo plus size española.

“Hace tres o cuatro temporadas veíamos más presencia de cuerpos diversos en pasarelas y grandes campañas, y ahora vuelve a dominar un canon mucho más homogéneo y delgado”, defiende la modelo. Efectivamente, esa ‘sensación’ está respaldada con datos. Según un informe de Vogue Business publicado tras las semanas de la moda en las que se presentaron las colecciones de invierno 2025, entre febrero y marzo de ese mismo año, los porcentajes de diversidad que ya eran bajos cayeron todavía más.

  La modelo Paloma Elsesser, en septiembre de 2025 en el desfile de Tory BurchGamma-Rapho via Getty Images

La revista analizó las modelos en las cuatro semanas de la moda principales, Nueva York, Londres, Milán y París y los resultados hablan por sí solos. La representación plus size fue solo el 0,3% mientras que la mid size sumó un 2%. 

Hace unas semanas, la periodista Sarah Chiwaya también alertó sobre la situación en un reportaje tras cubrir la semana de la moda de Nueva York, recordando que la representación hace unas temporadas no era para tirar cohetes, pero que ahora es peor. “Por un glorioso momento, se sentía que el progreso era inevitable y que el número de modelos plus size desfilando en Nueva York iría subiendo... y entonces llegó la pandemia. Y después llegó la popularidad de Ozempic para perder peso. Y de repente, el progeso no solo se había detenido, sino que estábamos yendo hacia atrás”, denunció la periodista en Refinery29.

Los fármacos para adelgazar destinados originalmente para tratar la obesidad o la diabetes, pero empleados por ricos y famosos para perder peso rápido, se han asociado a esta vuelta al antiguo canon de belleza, algo con lo que coincide Llorca. “Es difícil hablar de causalidad directa, pero culturalmente sí hay conexión”, explica la modelo, que cree que esta popularidad ha hecho que se vuelva a hablar de la delgadez como “objetivo alcanzable”.

“Si culturalmente se reactiva la idea de que la delgadez extrema no solo es deseable sino técnicamente accesible, las marcas vuelven a sentirse cómodas apostando por ese canon. No necesitan justificarlo tanto como hace unos años, cuando la presión social por la inclusión era más fuerte"
Marina Llorca

“Si culturalmente se reactiva la idea de que la delgadez extrema no solo es deseable sino técnicamente accesible, las marcas vuelven a sentirse cómodas apostando por ese canon. No necesitan justificarlo tanto como hace unos años, cuando la presión social por la inclusión era más fuerte”, reflexiona la modelo, que recuerda que la moda es cíclica y que se mueve por tendencias. “La moda nunca deja de estar atravesada por ciclos estéticos y por intereses comerciales. El momento body positive coincidió con una ola cultural muy potente en redes, presión social, y marcas queriendo alinearse con valores progresistas. Pero muchas de esas apuestas eran más estratégicas que estructurales”, asegura Llorca.

La modelo, que tiene una marca de trajes de baño de tallas grandes, recuerda que una representación real implica inversión a la hora de producir ropa para todo tipo de cuerpos y que no todas las firmas están dispuestas. “Las marcas no tienen el mismo interés ahora porque implicaría un cambio tangible, no solo marketing. La inclusión real implica patronaje, producción, logística, riesgo económico… y no todos están dispuestos a sostener eso a largo plazo”, comenta.

Llorca lamenta que “por primera vez en la historia habíamos conseguido abrir ese ideal a la diversidad de cuerpos” pero que actualmente se intenta recuperar el Heroin Chic de los 90, al que Llorca bautiza como una especie de Ozempic Chic. Eso sí, la modelo cree que actualmente hay una diferencia respecto al pasado. “Tenemos más conciencia crítica, más voz y más herramientas para cuestionar lo que vemos. El cuerpo femenino ha sido tratado históricamente como tendencia estética intercambiable. Y nuestro cuerpo no debería ser una moda”, defiende Llorca.

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Soy redactora de LIFE en El HuffPost España, esa sección en la que intentamos contar el lado hedonista de la vida sin dejar de lado otras realidades.

  

Sobre qué temas escribo

Como redactora de LIFE, escribo sobre temas de cultura, moda, belleza o estilo de vida. También he abordado temas de medioambiente, feminismo o sociales, pero donde más cómoda me encuentro es explorando la relación de la moda con otras disciplinas culturales o su impacto social, y sobre todo lo que tenga que ver con el cuidado de la piel.

 

Siempre desde una perspectiva cercana, he tratado cuestiones como la estrategia del Museo del Prado para triunfar a través de sus redes sociales, explicado cómo Melania Trump utilizó su armario como arma política o desmentido bulos relacionados con la protección solar. Es probable que el 80% de los temas que he publicado se hayan escrito mientras sonaban Beyoncé, Oasis y Arctic Monkeys. Además, también me encargo de preparar el boletín de LIFE que enviamos cada sábado intentando resumir la actualidad de la semana.

 

Mi trayectoria

Nací en Vigo en 1992 y desde que tengo uso de razón siempre quise ser periodista. La única excepción fue la época en la que tuve fantasías con ser pintora, pero descarté rápido la idea cuando mis padres me anotaron a clases y me di cuenta de que no era lo mío. Estudié Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), donde me gradué en 2014 después de pasar un año en Roma que me hizo apreciar todavía más la cultura italiana. Dejé Galicia para mudarme a Madrid en 2015 y cursar el Máster de Periodismo Cultural en la Universidad San Pablo Ceu. Aprendí en Radio Galega y en Pentación Espectáculos, donde descubrí lo que hay detrás de producciones de teatro y de grandes eventos como el Festival de Mérida. Colaboré puntualmente con Guía Repsol o la revista L'Officiel y llegué a El HuffPost en 2016, donde empecé compaginando mi trabajo como redactora de Branded Content con temas para la sección de tendencias, que terminó convirtiéndose en LIFE, donde actualmente soy una de las redactoras. Fui finalista en los Premios Ecovidrio de 2017.

 


 

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