La primavera la piel altera: cómo prevenir los brotes de rosácea y los errores que no debes cometer
Este trastorno cutáneo se puede agravar con la subida de las temperaturas.
La primavera lleva un mes asentada pero las temperaturas de los últimos días son casi veraniegas. La subida de los termómetros no solo hace que haya que ir desempolvando las sandalias y preparando los abanicos, sino que hay que tener especial cuidado con la piel del rostro.
En primer lugar, es más imprescindible que nunca utilizar protección solar a diario, pero también fijarse en los posibles cambios en la piel si se sufre alguna patología como la rosácea. Este trastorno puede empeorar en primavera con el aumento de las temperaturas, que provocan que algunos de los síntomas.
"La rosácea es un trastorno cutáneo en el que existe una respuesta vascular exagerada. Las altas temperaturas favorecen una vasodilatación sostenida, incrementan el flujo sanguíneo en la piel y estimulan la liberación de mediadores inflamatorios. Como consecuencia, aumentan el enrojecimiento, la sensación de calor y los brotes", explica el dermatólogo José Luis Ramírez, codirector de la Unidad de Láser y Cicatrices de la clínica IMR de Madrid.
El doctor explica que algunos de los factores típicos de esta época del año terminan convirtiéndose en un cóctel que puede pasar factura a la piel. "La radiación ultravioleta, el calor ambiental, los cambios bruscos de temperatura —como pasar del exterior al aire acondicionado— y el viento actúan de forma conjunta, favoreciendo la inflamación y alterando la barrera cutánea", detalla Ramírez.
Para evitar brotes, el dermatólogo recomienda prevenir y ajustar las rutinas para "anticiparse", incluyendo tratamiento específico si fuera necesario.
Una rutina sencilla
Ramírez aconseja, si no se hace ya, seguir una rutina de cuidado de la piel sencilla pero efectiva, destinada específicamente para la prevención de la rosácea. El dermatólogo propone empezar con una limpieza suave, continuar con algún producto de hidratación y reparación de la barrera cutánea, introducir algún activo que regule el sebo y terminar siempre con fotoprotección.
"Se recomienda un SPF 50 o superior, con buena tolerancia cutánea. Preferiblemente con filtros minerales y, si es posible, con color para proteger también frente a la luz visible", especifica Ramírez sobre el tipo de protección solar que más se ajusta a esta patología.
Además, el dermatólogo indica que se puede sumar un tratamiento específico pautado por un dermatólogo. "No hay una única solución válida para todos los pacientes", defiende Ramírez, que apunta que "activos como la niacinamida, el ácido azelaico, el pantenol o las ceramidas" pueden ser útiles, al contrario que exfoliantes potentes o cosméticos con fragancia.
Los errores que no debes cometer
Seguir la rutina de manera constante es fundamental para evitar brotes, pero también evitar ciertos hábitos que pueden pasar factura. Ramírez enumera algunos:
- No utilizar protector solar a diario
- Elegir productos que irritan la piel
- Exponerse durante largos periodos al sol
- No reaplicar el fotoprotector
- Infravalorar la radiación en días nublados
El dermatólogo también añade que también existen factores ambientales o de estilo de vida que pueden hacer que los brotes proliferen. Entre ellos, el consumo de alcohol, bebidas calientes o la comida picante. Además, Ramírez recomienda acudir siempre a un especialista para poder tratar de manera especializada este trastorno y no esperar a que salgan los brotes.