Carlos Blanco, filósofo de Oxford y Harvard: "Yo intento no usar la IA porque el pensamiento es un músculo; si no lo entrenas se atrofia"
La clave está en usarla como apoyo, no como sustituto.
Con el avance vertiginoso de la inteligencia artificial, cada vez es más común que recurramos a ella para casi cualquier cosa: desde escribir un correo hasta resolver dudas complejas o generar ideas creativas. Lo que antes requería tiempo y reflexión ahora se puede obtener en segundos con solo hacer clic, una comodidad que está cambiando la manera en que pensamos, aprendemos y tomamos decisiones.
En medio de esta revolución digital, el filósofo Carlos Blanco lanza una advertencia que invita a detenerse un momento y preguntarse si, al delegar tanto en la IA, realmente estamos dejando que nuestro propio pensamiento se debilite. Blanco, que ha enseñado en Oxford y Harvard, insiste en que la inteligencia, al igual que un músculo, necesita ejercicio constante. Por eso, advierte sobre el riesgo de depender demasiado de la tecnología para resolver problemas cotidianos o intelectuales.
En una charla en el Centro Cultural La Malagueta, el filosofo profundizó en cómo el uso indiscriminado de la inteligencia artificial puede afectar tanto a estudiantes como a profesionales. “Yo intento no usar la IA porque el pensamiento es un músculo; si no lo entrenas se atrofia”, explica Blanco. Advierte que el verdadero peligro no está en la tecnología en sí, sino en adoptar la costumbre de dejar que la máquina haga el trabajo por nosotros.
Primero pensar, luego comprobar
Señaló que, si se recurre a la IA antes de pensar por uno mismo, se corre el riesgo de perder la capacidad de análisis crítico y de debate interno, habilidades que son esenciales para la creatividad y la resolución de problemas complejos. Según el filósofo, la clave está en utilizar estas herramientas como apoyo, no como sustituto, y en asegurarse de que el pensamiento humano siga siendo el motor principal de nuestras decisiones y aprendizajes.
“Intento no delegar el pensamiento”, explica, y añade que incluso cuando utiliza la IA, primero trata de razonar y reflexionar por su cuenta antes de consultar cualquier respuesta. Para él, el riesgo no está en la herramienta en sí, sino en que se convierta en un atajo automático que sustituya la deliberación y el análisis personal. “Ahora la actitud es preguntar directamente a la IA en vez de pensarlo tú primero. Ese es el problema”, sentencia.
En definitiva, Blanco sostiene que la IA puede ser útil como contraste o confirmación, pero no como sustituto del razonamiento previo: primero pensar, luego comprobar. “He notado esta tendencia en estudiantes en la universidad y en mucha más gente, incluso en el ámbito académico”, asegura. Una deriva que, a su juicio, invita a reflexionar sobre el papel que juega la tecnología en nuestra vida diaria y, sobre todo, sobre la responsabilidad de no renunciar a una de las capacidades más esenciales del ser humano: pensar por sí mismo.