Juan Luis Vicente, médico intensivista: "Cuando el cuerpo no tiene insulina para utilizar la glucosa, busca otra fuente"
Si las cetonas se acumulan en exceso, provocan una alteración peligrosa del equilibrio químico del organismo.

"Tenía miedo a que le bajara demasiado el azúcar", ese temor fue suficiente para que un hombre de 34 años decidiera dejar de tomar la medicación que le habían prescrito para controlar su diabetes, según explica el doctor Juan Luis Vicente en uno de sus últimos vídeos en su cuenta de TikTok @dr.juanluisvicente.
Según explica el especialista, este paciente convivió durante semanas con niveles elevados de glucosa en sangre porque se encontraba peor cuando sufría una bajada de azúcar que cuando tenía cifras altas. Ahora, se encuentra ingresado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por una cetoacidosis diabética, una complicación metabólica grave que puede resultar mortal si no se trata a tiempo.
Y es que la glucosa elevada suele ser una amenaza silenciosa. A diferencia de la hipoglucemia, que suele provocar síntomas inmediatos y fácilmente reconocibles, la hiperglucemia puede avanzar durante días o semanas sin causar molestias importantes, mientras daña progresivamente el organismo.

Qué ocurre cuando falta insulina
La diabetes es una enfermedad en la que el organismo tiene dificultades para utilizar correctamente la glucosa como fuente de energía. Cuando la insulina es insuficiente o no actúa adecuadamente, las células no pueden aprovechar el azúcar que circula en la sangre. Ante esta situación, el cuerpo busca una fuente alternativa de energía y comienza a quemar grasa de forma acelerada.
El problema es que este proceso genera unas sustancias llamadas cetonas. Cuando se acumulan en exceso, provocan una alteración peligrosa del equilibrio químico del organismo conocida como cetoacidosis diabética. Las cetonas acidifican la sangre y desencadenan una reacción en cadena que afecta a múltiples órganos vitales.
Una emergencia médica potencialmente mortal
Cuando la sangre se vuelve demasiado ácida, el organismo pierde la capacidad de funcionar con normalidad. El cerebro puede verse afectado, provocando confusión, somnolencia o alteraciones de la conciencia. El corazón puede sufrir cambios en su ritmo normal de funcionamiento y los riñones se ven sometidos a una importante sobrecarga mientras intentan eliminar el exceso de glucosa y cetonas.

Sin tratamiento urgente, la situación pude evolucionar hacia el coma e incluso la muerte. Los síntomas más habituales incluyen sed intensa, necesidad frecuente de orinar, náuseas, vómitos, dolor abdominal, dificultad para respirar, cansancio extremo y alteraciones del estado mental.
Uno de los mayores peligros de la diabetes mal controlada es precisamente que la hiperglucemia suele pasar desapercibida. Mientras una bajada de azúcar puede provocar sudoración, temblores, mareo o sensación de hambre intensa en pocos minutos, los niveles elevados de glucosa muchas veces no generan síntomas evidentes hasta que el daño ya es importante.
Nunca abandonar el tratamiento por cuenta propia
El miedo a la hipoglucemia es una preocupación frecuente entre las personas con diabetes, especialmente en quienes han experimentado episodios previos. Sin embargo, los especialistas recuerdan que estos episodios suelen ser detectables, tienen síntomas de alerta y, en la mayoría de los casos, pueden corregirse rápidamente con la ingesta adecuada de hidratos de carbono.

La cetoacidosis diabética, en cambio, es una emergencia médica que requiere atención hospitalaria urgente y puede tener consecuencias mucho más graves. Por ello, los médicos recomiendan no suspender nunca la medicación sin consultar previamente con un profesional sanitario. "Tómate la medicación, habla con tu médico si tienes miedo, pero no decidas solo parar", advierte Juan Luis.
