Lo confirma Nature: un estudio internacional con 232 millones de participantes y 45 años de datos constata que la obesidad mundial no es inevitable y en algunos países ricos ya se estanca
"Los países pueden parecer iguales en apariencia, pero la obesidad se manifiesta de forma diferente".

Una investigación, publicada en Nature y elaborada por casi 2.000 investigadores de todo el mundo, concluye que el aumento de la obesidad no es inevitable. Después de analizar datos de 232 millones de personas durante 45 años, los científicos han observado algo que hace no tanto parecía improbable: en varios países ricos, las tasas empiezan a desacelerarse, estabilizarse e incluso podrían estar bajando.
El trabajo revisó más de 4.000 estudios poblacionales realizados entre 1980 y 2024 para seguir la evolución de la obesidad en prácticamente todo el planeta. Y aunque la tendencia global sigue siendo creciente, los resultados muestran que no todos los países avanzan exactamente hacia el mismo destino.
"Creo que lo realmente importante es que esta diversidad existe incluso entre países con características económicas, ambientales y tecnológicas muy similares", explica Majid Ezzati, profesor del Imperial College London y uno de los autores del estudio en una entrevista con The Guardian. "Los países pueden parecer iguales en apariencia, pero la obesidad se manifiesta de forma diferente".
Los datos muestran que el crecimiento de la obesidad en adultos se está ralentizando en países como Reino Unido y Estados Unidos, donde aun así las cifras continúan siendo altísimas. En 2024, la prevalencia alcanzaba ya alrededor del 40% en Estados Unidos y cerca del 30% en Reino Unido.
En otros países europeos las diferencias son todavía más llamativas. Finlandia sigue registrando aumentos constantes, Alemania parece haber entrado en una fase de estabilización y Francia podría haber comenzado incluso un ligero descenso.
El fenómeno aparece todavía antes entre niños y adolescentes. Según los investigadores, varios países ricos comenzaron a frenar la obesidad infantil hace años. Dinamarca detectó esa desaceleración ya en los años noventa y, desde mediados de los 2000, países como Alemania, Japón, Reino Unido o Estados Unidos muestran tasas mucho más estables entre los menores.
Eso no significa, ni mucho menos, que el problema esté resuelto. Los científicos advierten de que en muchos países de ingresos bajos y medios la obesidad sigue creciendo rápidamente e incluso acelerándose. Y ahí el riesgo es especialmente delicado: sistemas sanitarios menos preparados y un aumento paralelo de diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Por ello, los expertos citados por el diario, creen que las diferencias entre países podrían depender de muchos factores distintos. Desde políticas de salud pública y comedores escolares hasta hábitos culturales, desigualdad económica, urbanismo o la propia percepción social del cuerpo.
