Miguel Fernández del Olmo, catedrático de neurofisiología: "Los deportistas de élite no tienen mejores reflejos que tú: no reaccionan, predicen, y se anticipan"
"Nuestro sistema nervios es lentísimo".

Durante años, se ha repetido la idea casi incuestionable de que los deportistas de élite tienen reflejos sobrehumanos. Sin embargo, el catedrático en neurofisiología Miguel Fernández del Olmo, junto con el doctor José Abellán, desmonta esta creencia con una afirmación contundente: “los deportistas de élite no tienen mejores reflejos que tú”.
El experto lo explicó en el pódcast ICEN Oficial, donde abordó cómo funciona realmente el cerebro en el rendimiento deportivo. Lejos de lo que se suele pensar, la diferencia entre un atleta profesional y una persona promedio no está en la velocidad de reacción, sino en algo mucho más complejo.
Reflejos vs. anticipación
Según Fernández del Olmo, es fundamental distinguir entre dos conceptos: el tiempo de reacción y el tiempo de respuesta. El primero está limitado por la velocidad del sistema nervioso humano, que es prácticamente la misma en todas las personas.
“El impulso nervioso viaja a una velocidad determinada y no cambia tanto entre individuos”, explica. Es decir, biológicamente, todos reaccionamos a estímulos a velocidades similares. Entonces, ¿por qué un portero de fútbol profesional parece detener balones imposibles?
La respuesta está en la anticipación. Los deportistas de élite no reaccionan mejor sino que predicen mejor. Son capaces de interpretar señales mínimas —un gesto, una postura, un movimiento— y adelantarse a lo que va a ocurrir. En palabras del experto, “no reaccionan, predicen y se anticipan”.
Años de entrenamiento invisible
Este nivel de anticipación no surge por casualidad. Es el resultado de años de práctica intensiva. Un atleta repite miles de veces los mismos movimientos, pero nunca de forma idéntica. Existe siempre una variabilidad que el cerebro aprende a gestionar y optimizar.
Cada repetición actúa como un estímulo que mejora la capacidad de adaptación. Con el tiempo, el deportista ejecuta mejor un gesto y además aprende a reconocer patrones en el entorno. Por ejemplo, en baloncesto, un jugador puede anticipar si un tiro entrará o no solo observando el movimiento de la muñeca del lanzador, según explica Del Olmo.
El peligro de imitar a los profesionales
Otro de los puntos clave que destaca el catedrático es el error común de copiar los entrenamientos de los atletas de élite. “Son casos excepcionales”, advierte. Aplicar sus métodos a personas no profesionales puede ser contraproducente, ya que el estímulo que funciona para un deportista de alto nivel no tiene el mismo efecto en alguien sin esa base.
El entrenamiento de élite se basa en procesos complejos de ensayo y error, donde intervienen múltiples variables. Incluso los entrenadores tienen dificultades para identificar qué factores concretos generan mejoras en el rendimiento.
Un cerebro entrenado para decidir mejor
Aparte de la ejecución física, el cerebro juega un papel determinante. Según Fernández del Olmo los deportistas de disciplinas como el baloncesto desarrollan una mayor capacidad de atención ante estímulos, en comparación con personas que realizan actividades menos cognitivas. Esto significa que procesan más información en menos tiempo y toman decisiones más eficaces.
La superioridad de los deportistas de élite es una combinación de experiencia, anticipación y capacidad de decisión. Su cerebro está entrenado para interpretar el juego antes de que ocurra. Todo ello es el resultado de años de entrenamiento que les permite predecir el futuro unos instantes antes que el resto.
