Theresa MacPhail, antropóloga médica: "Los test de intolerancia alimentaria IgC son inútiles, los especialistas en alergia los odian y dicen en privado que no son más que aceite de serpiente caro"
Su popularidad se sostiene más en el marketing que en la evidencia científica.

En los últimos años, los test de intolerancia alimentaria vendidos por internet se han colado en nuestras casas como una solución rápida a molestias difíciles de explicar. Basta un pinchazo en el dedo, una muestra enviada por correo y, al cabo de unos días, tienes acceso a una lista de alimentos “problemáticos”. Para muchos, representan una alternativa cómoda a la consulta médica tradicional; para otros, una promesa demasiado buena para ser cierta.
En medio de ese auge, cada vez más voces científicas cuestionan su fiabilidad y advierten de que, detrás de su aparente simplicidad, puede haber más confusión que respuestas. Una de las más contundentes es la de la antropóloga médica Theresa MacPhail, que critica especialmente los populares test de IgG porque considera inútiles desde el punto de vista clínico. Se refiere a ellos como un atajo engañoso que vende certezas donde la ciencia no las ofrece.
Según explica, estos análisis no detectan intolerancias, sino algo mucho más banal, como el simple hecho de haber consumido un alimento recientemente. "Los test de intolerancia alimentaria IgC son inútiles, los especialistas en alergia los odian y dicen en privado que no son más que aceite de serpiente caro", denuncia la experta en declaraciones recogidas por The Guardian, advirtiendo de que su popularidad se sostiene más en el marketing que en la evidencia científica.

Se aprovechan de personas vulnerables
Para Theresa MacPhail, el problema no es solo científico, sino también comercial, ya que muchas empresas presentan como diagnósticos lo que en realidad son resultados poco interpretables, y lo hacen en un terreno donde el consumidor suele estar vulnerable, cansado de no encontrar explicación a molestias digestivas, cutáneas o respiratorias. En ese contexto, se vende una falsa sensación de control y certeza que puede llevar a eliminar alimentos sin necesidad y retrasar diagnósticos reales.
Su crítica encaja con lo que sostienen varias instituciones sanitarias. El NHS advierte de que los test domésticos que prometen diagnosticar intolerancias no se recomiendan, tienen evidencia limitada y pueden empujar a eliminar varios alimentos sin motivo, algo especialmente delicado en niños, porque puede afectar al crecimiento y a la ingesta de vitaminas y minerales. Así como la AAAAI señala que los IgG suelen reflejar exposición a un alimento, no intolerancia, y que estas pruebas no han demostrado su utilidad clínica.
Por todo ello, la conclusión de la experta es que antes de recortar grupos enteros de alimentos por un papel impreso en casa, conviene recordar que los test de IgG no diagnostican intolerancias y que una mala interpretación puede acabar en dietas innecesarias, ansiedad y, en algunos casos, daños evitables. Ante esto, la medicina insiste en que hay que priorizar la historia clínica, el criterio profesional y las pruebas con base científica.
