Hugues, viajero, recorre 20.000 kilómetros del mundo durante cinco meses: "Un iraní me recogió haciendo autostop y me dio las llaves de su casa"
“Las personas que conocí son como nosotros”, reflexiona.
Cada vez son más las personas que deciden romper con la rutina, dejar a un lado la estabilidad y concederse tiempo para cumplir un sueño largamente aplazado: viajar durante meses y descubrir el mundo sin prisas. Impulsados por la búsqueda de experiencias auténticas y aprendizajes personales, estos viajeros transforman un simple desplazamiento en una aventura vital, donde los encuentros y las vivencias pesan más que los kilómetros recorridos.
Este es el caso de Hugues, un ingeniero de formación francesa nacido en Nancy que recorrió alrededor de 20.000 kilómetros en una aventura en moto y autostop que duró cinco meses y le llevó por Europa y gran parte de Asia. El viajero guarda recuerdos inesperados, entre los que destaca la hospitalidad iraní que le permitió quedarse todo un día en la casa de un desconocido que, antes de irse a trabajar, le dejó las llaves a su cargo.
Después de doce años viviendo en París, Hugues tomó la decisión de hacer un cambio en su vida. “Era la oportunidad perfecta para emprender este viaje. Estábamos saliendo de la crisis de la COVID-19 y necesitaba escaparme”, cuenta en declaraciones recogidas por La Dépêche. En mayo de 2022 transformó una idea en un viaje de apenas cinco meses con una planificación a grandes rasgos, cruzar Europa en moto y pasar un mes en Tusquía, Irán, India y Pakistán, convencido de que ese tipo de viaje se improvisa sobre la marcha.
La calidez humana es clave
A pesar de desbordar ilusión, no faltaron las dudas: Hugues reconoce que sentía cierta “aprensión” antes de entrar en Irán, influido por lo que comentaban los medios y por las advertencias de su gobierno. “Al final, se convirtió en mi destino favorito”, cuenta el viajero, quien confirmó con su travesía que la imagen proyectada desde el exterior rara vez refleja la realidad cotidiana de un país y que, más allá de la política, la hospitalidad y la calidez humana siguen siendo universales.
En Turquía descubrió la energía de los jóvenes y el patrimonio monumental, pero al llegar a Irán, su mirada cambió por completo. “Me impresionó el patrimonio del país y la hospitalidad del pueblo iraní”, afirma. Relata cómo, tras caerse en una zanja y perder momentáneamente su teléfono, un desconocido apareció para ayudarle y, al día siguiente, le acompañó en parte de un tramo de 600 kilómetros que Hugues tenía previsto hacer en autostop.
En Irán también ocurrió el que, para él, es el episodio que más le marcó durante todo el viaje. “Un iraní me recogió haciendo autostop, me llevó a casa y me dejó quedarme en su casa todo el día, dándome las llaves, mientras él iba a trabajar. Eso nunca se ve en Francia”, cuenta Hugues, subrayando la diferencia entre la imagen que a veces proyectan los medios y la experiencia personal con las personas que conoció.
Más allá de Irán, el itinerario le llevó a India, a Pakistán y terminó en Nepal, maravillado por las montañas y en particular por el macizo del Annapurna. Tras cinco meses y 20.000 kilómetros recorridos, Hugues se permitió continuar su estancia otros cuatro meses por Asia y Oceanía “con un estado de ánimo diferente”, antes de volver a París. Lo que más destaca del viaje no son los monumentos ni los kilómetros, sino una constatación humana: “Las personas que conocí son como nosotros. Solo quieren vivir en paz, formar una familia”, reflexiona.