Ofensiva terrestre en Irán: lo que busca Trump, lo que debe evitar y lo posible
EEUU no descarta botas sobre el terreno en una nueva fase de su operación Furia Épica. Los medios norteamericanos apuntan a posibles incursiones puntuales de fuerzas especiales para llevarse o destruir el uranio enriquecido que aún queda.

Doce días después del inicio de la guerra contra Irán, los planes iniciales de Donald Trump parecen papel mojado. Lo que se suponía que sería una operación rápida, más o menos al estilo de la de Venezuela, se ha convertido en una masiva campaña aérea que el Departamento de Defensa cree que podría extenderse hasta septiembre, informan medios como POLITICO.
A medida que los objetivos imprecisos de la misión se expanden -desde el cambio de régimen y la desnuclearización hasta la "rendición incondicional"-, se habla cada vez más de una hipotética invasión terrestre. El propio presidente de Estados Unidos se ha negado a descartar el envío de botas sobre el terreno y su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, incluso ha llegado a sugerir que la Administración podría reinstaurar el servicio militar obligatorio.
No hay ejemplos de una victoria tan arrolladora, que cambie por completo el sistema del régimen de los ayatolás, que se haya logrado sólo con ataques aéreos, por potentes que sean. Puede ser que Trump, que tan rupturista es, acabe también logrando lo que no ha pasado nunca, pero como hoy no parece previsible, quedan dos opciones: o rebajar sus objetivos, maximalistas y cambiantes, o recurrir a una operación por tierra, de consecuencias incalculables.
La postura oficial
Vayamos a las declaraciones oficiales. El mandatario norteamericano dijo el 2 de marzo: "No me acobardo respecto a tropas en el terreno, como todos esos presidentes que dicen: 'No habrá tropas en el terreno'. Yo no digo eso. Yo digo 'probablemente no las necesitamos, o 'si fuera necesario'", dijo ante los medios en su Air Force One.
Saltamos al 6 de marzo. Entonces dijo que esa operación sería una "pérdida de tiempo", ya que los clérigos "lo han perdido todo. Han perdido su armada. Han perdido todo lo que podían perder". Fue en una entrevista en la NBC. Tres días más tarde, remarcó en un encuentro con la prensa: "No hemos tomado ninguna decisión al respecto. No estamos ni cerca de ella".
Fue su respuesta ante la publicación de varios reportes de que se estaba planteando un posible despliegue para abordar la instalación subterránea de enriquecimiento de uranio de Irán de Isfahán, cerca de la antigua capital persa, con el objetivo de preservar esas partidas. Al preguntársele específicamente si las tropas podrían entrar para asegurar material nuclear, Trump no lo descartó. "En algún momento, tal vez lo hagamos. No lo hemos intentado. No lo haríamos ahora. Tal vez lo hagamos más adelante".
Leavitt, responsable de prensa de la Casa Blanca, ahondó en que las informaciones vienen de "supuestas fuentes anónimas que no serían parte del equipo de seguridad nacional del presidente". Insiste en que Trump "sabiamente mantiene abiertas todas las opciones disponibles y no descarta nada".
Desde Irán, su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha dicho que no le preocupa lo que haga o deje de hacer EEUU, que sus soldados son "capaces" de hacer frente a todo. "Tenemos soldados muy valientes que esperan a cualquier enemigo que entre en nuestro territorio para luchar contra ellos, matarlos y destruirlos". Lo dejó claro, también, en una entrevista en la NBC.
Los supuestos planes de la Casa Blanca
Lo que han desvelado estos días medios como la NBC y Axios es que Trump maneja varios planes para una posible ofensiva terrestre en Irán: en todo caso, serían ataques "pequeños" en cuanto a escala y ejecución, con "fines estratégicos específicos", y los llevarían a cabo cuerpos de operaciones especiales de EEUU. No se habla, pues, de una gran fuerza de intervención.
Son posibilidades que forman parte de un "menú" más amplio que tiene el presidente sobre la mesa desde antes del 28 de febrero, cuando inició Furia Épica, y del que no se descarta nada, por ahora.
Uno de sus objetivos podría ser acabar con el nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jameneí, hijo del asesinado Ali Jamenei, muerto el primer día de esta ofensiva, pero el primordial sería, coinciden ambos medios, el de asegurar las reservas de uranio altamente enriquecido en una etapa posterior a esta guerra, indican diversas fuentes gubernamentales.
Impedir que Irán obtenga un arma nuclear es uno de los objetivos de guerra declarados públicamente por Trump y los 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60% del régimen son clave para lograr ese objetivo. Dice Washington que ese producto podría ser convertible a grado bélico en cuestión de "semanas", aunque no ha aportado ninguna prueba de ello, como tampoco lo ha hecho el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu. Si todo el arsenal alcanzara el 90% de pureza, sería material suficiente para fabricar 11 bombas nucleares, siempre según la versión del gabinete Trump.

Cualquier operación para confiscar el material probablemente requeriría tropas estadounidenses o israelíes en territorio iraní, que transitarían por instalaciones subterráneas fuertemente fortificadas en medio de una guerra. Nada fácil. "Probablemente sólo se llevaría a cabo después de que ambos países confíen en que el ejército iraní ya no puede representar una amenaza seria para las fuerzas involucradas", escribe en Axios Barak Ravid, que hoy es uno de los periodistas con mejores fuentes en Washington y en Tel Aviv.
En una sesión informativa ante el Congreso el martes, se le preguntó al secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, si se aseguraría el uranio enriquecido de Irán en esta intervención. "La gente tendrá que ir a buscarlo", dijo, sin especificar quién. Es una de las dudas más importantes al respecto, quién acometería esa operación: ¿cosa de EEUU, cosa de Israel, tarea conjunta?
Tras la estela de ambos medios se sumaron informaciones posteriores del New York Times o la CNN que insisten en que se está considerando "seriamente" enviar unidades de operaciones especiales a Irán para estas misiones específicas. Abundan que también hay dudas "importantes" sobre qué hacer con el uranio, en el hipotético caso de que se logre acceder a él. Hay dos opciones: retirar el material por completo o traer expertos nucleares para diluirlo in situ.
La misión probablemente involucraría operadores especiales junto con científicos, posiblemente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), pero habría que convencerlos, claro. No es el único desafío, porque primero hay que saber dónde está ese uranio, luego ver en qué condiciones se encuentra y cómo llegar a él, y más tarde aclarar si es mejor tomarlo y o destruirlo.
Los ataques estadounidenses e israelíes contra las instalaciones nucleares iraníes del pasado junio sepultaron las reservas de uranio iraní bajo escombros y no se sabe realmente qué daño causaron, aunque, desde luego, fue menor que el que vendió entonces el republicano: entonces dijo que habían acabado prácticamente con las investigaciones y capacidades del régimen iraní y ahora se repiten, palabra por palabra, luego no estaba hecho. Desde entonces, los iraníes no han podido acceder a los complejos y centrifugadoras, según confirman funcionarios tanto estadounidenses e israelíes a Axios. No hay pruebas de que se haya reanudado el enriquecimiento por lo que es extraña la afirmación de que estaban, de nuevo, más cerca de una bomba atómica.
Se cree que la mayor parte de las reservas se encuentra en los túneles subterráneos de la instalación nuclear de Isfahán, mientras que el resto se reparte entre Fordow y Natanz. Son las tres joyas de la corona del proyecto nuclear local, que Jamenei siempre defendió que era para uso civil, no militar. En los primeros días de esta guerra, tanto EEUU como Israel lanzaron ataques contra Natanz e Isfahán, que parecían tener como objetivo sellar las entradas, probablemente para impedir el traslado de material.
Hay un aliciente más que podría convertirse en diana de una operación terrestre limitada: la toma o confiscación de la isla Kharg, una terminal estratégica responsable de aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán. Dado que la mayor parte de la costa iraní es demasiado poco profunda para acoger a los petroleros más grandes del mundo, la ínsula, de sólo seis kilómetros de largo y situada a unos 25 kilómetros de la costa iraní, cerca de la provincia de Bushehr, es un objetivo fácil.
"Sus instalaciones están muy expuestas, con docenas de tanques de almacenamiento concentrados en el sur, junto con largos atracaderos en aguas profundas para cargar superpetroleros, viviendas para los trabajadores y una pequeña pista de aterrizaje que la conecta con tierra firme", indica Euronews.

Botas sobre el terreno, las clásicas
Si los planes de la Casa Blanca son estos, su visión de lo que son botas sobre el terreno difiere de la visión clásica de lo que es una operación terrestre, que es de lo que realmente se le lleva preguntando días a Trump. Hablamos de meter tropas en un país soberano, en alto número, con el objetivo de hacer que todo caiga. Eso, hoy, sería "un infierno", explica Brandan Buck, investigador de política exterior en el Cato Institute y exsoldado de infantería del Ejército estadounidense.
En un análisis para UnHerd, dice directamente que esta opción "no debería considerarse" por sus consecuencias. "Una guerra terrestre contra la República Islámica, en el propio territorio de Irán, enviará a las tropas estadounidenses al infierno en la Tierra, o lo más cerca que los mortales podemos llegar a él", dice sin dudas. Sus reparos van desde las dimensiones de Irán al poder de su Ejército, pasando por el conocimiento o desconocimiento del terreno, el papel de la insurgencia, el riesgo de sectarismo o enfrentamiento civil y la posibilidad de aumentar la crisis regional.
En primer lugar, "el tamaño de la fuerza terrestre será asombroso". Cualquier invasión estadounidense seria de Irán probablemente igualaría o superaría la escala de Vietnam o la Guerra del Golfo de 1991, convirtiéndola en la mayor operación militar estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. La extensión territorial (1.648.195 kilómetros cuadrados) y el tamaño de la población de Irán (90 millones) por sí solos constituirían un obstáculo "desalentador". El país es casi cuatro veces más grande que Irak, y su población es más del triple, recuerda.
Como explica Tim Marshall en su superventas El poder de la geografía (Península), "aunque seas de carácter belicoso, no te conviene invadir Irán", y más cuando en EEUU se suele decir eso de "nosotros atacamos desiertos, no montañas". "Si alguien quiere invadir y ocupar Irán, debe combatir en terrenos pantanosos y luego cruzar montañas y desiertos, o llevar a cabo un desembarco anfibio y hacer lo mismo". El precio que hay que pagar es tan alto que "el ocupante termina yéndose a casa". Así ha sido históricamente.
Y es que su topografía está dominada por montañas, que según algunos cálculos constituyen la mitad de su territorio. A diferencia de la mayoría de las naciones, los centros urbanos de Irán se encuentran tierra adentro, enclavados entre montañas y azotados por desiertos inhabitables al este y al sur. "Esta combinación de entornos naturales y construidos de Irán significaría que las fuerzas estadounidenses tendrían que avanzar a través de numerosos cuellos de botella para siquiera llegar a los centros militares y de población de Irán", añade Buck.
Y a ver quién toma, además, una capital como Teherán, con 15 millones de personas. "Tomando como referencia la densidad de tropas empleada en la batalla de Faluya, Irak, en 2004, se sugiere que se requerirían más de 600.000 soldados, aproximadamente el tamaño del despliegue estadounidense durante la guerra de Vietnam. De ahí, quizás, la idea de Leavitt de reinstaurar el servicio militar obligatorio", asume el analista.
Su colega Shahin Modarres, analista norteamericano originario de Irán, comparte esa visión y añade que harían falta entre 800.000 y un millón de efectivos de EEUU para erradicar todo el sistema de los ayatolás, siempre que no haya movimientos populares que presionen desde dentro. Un despliegue "que no se ve" en estos momentos. De ahí que vea razonable que los ataques vayan a ser limitados y con el uranio como objetivo, más bien.
Considerando la invasión de Irak en 2003, una invasión similar de Irán, dada su población, requeriría hasta 1,6 millones de soldados, según los especialistas, cuando EEUU cuenta con unos 2,1 millones de miembros en servicio activo, reservas y la Guardia Nacional. De todos estos, sólo el 20 % son tropas de combate.
"Una guerra así no podría emprenderse sin una movilización masiva y una reorganización fundamental de los compromisos globales de Estados Unidos, lo que requeriría la desviación de fuerzas de Europa, Asia y otros lugares", lo que hace que el columnista del Washington Post Max Boot describa una invasión de Irán como "la madre de todos los atolladeros".

Hasta aquí, sólo hemos hablado de lo que hay que llevar y cómo entrar. Luego hay que pelear, está la guerra en sí. Si bien el ejército iraní probablemente carecería de superioridad aérea y sigue siendo menos avanzado tecnológicamente que el de EEUU, no se debe subestimar la posición de la República Islámica. Antes del estallido de la guerra actual, se estimaba que las fuerzas armadas regulares del país contaban con aproximadamente 420.000 efectivos. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, muy comprometido ideológicamente, contaba con unos 190.000 hombres, respaldado por una milicia, conocida como Basij, de más de 600.000 hombres.
Ante la andanada norteamericana-israelí, puede haber bajas físicas y hasta deserciones, pero no están siendo masivas, parece. No determinantemente, al menos. Basándose en las lecciones de la guerra entre Irán e Irak, los estrategas iraníes han adoptado lo que denominan una "estrategia de mosaico", descentralizadas, combinadas con la disposición a negociar territorio para debilitar a una fuerza invasora mediante el desgaste. Nadie conoce el terreno como ellos, que pueden hacer un daño formidable a soldados extranjeros que caminan en zonas densamente minadas o con explosivos ocultos, que pueden usar un lanzacohetes y reventar un helicóptero que va a desplegar tropas, en un segundo. Saben mucho de guerra irregular.
También se estima que la República Islámica aún tiene un considerable arsenal de misiles, cohetes y drones, muy efectivos, que pueden poner a trabajar aún con más intensidad que ahora. Inteligencias occidentales sostienen que tienen material para aguantar entre 60 y 90 días a pleno rendimiento. Es una incógnita, porque nadie sabe realmente lo que aún guardan o su potencial. "Los comandantes iraníes buscarían arrastrar a Estados Unidos a una larga y sangrienta guerra de desgaste , y se basarían en el terreno y la densidad urbana", resume el exmilitar.
Modarres añade que los militares iraníes se han preparado para esto "sobre todo en las dos últimas décadas" y "tratarían de llevar la guerra a las ciudades", porque la población ayuda también a esconder sus objetivos. Cree que aún hay material que Irán puede usar con contundencia y lo mismo pasa con el número de efectivos. "Sí tienen el número, pero no tanto los medios", dice, refiriéndose sobre todo a la calidad de los mismos, lo que es una "vulnerabilidad" en caso de ataque.
Tampoco hay que echar al olvido el efecto de "unirse en torno a la bandera", lo que suelen hacer los ciudadanos en tiempos de guerra, que les lleva a unirse con su Gobierno, aunque lo lleven unos dictadores. Esto está por ver, porque Irán vivía desde diciembre las mayores manifestaciones contra Jamenei en tres años y ha sido uno de los signos de debilidad que ha llevado precisamente al ataque aliado.
A la hora de planear una incursión terrestre, es necesario también contemplar la posibilidad de que esa batalla acabe en un colapso estatal, con la creación de una insurgencia posterior, al estilo de Irak. Ejército, Guardia Revolucionaria, grupos étnicos y religiosos diversos (persas, azeríes y kurdos son los principales)... Puede haber una guerra de años.
Finalmente, una escalada estadounidense hacia una invasión terrestre convencional profundizaría la ya de por sí cruda crisis regional. El despliegue de tropas terrestres en Irán brindaría una amplia oportunidad para que las grandes potencias rivales de EEUU, Rusia y China, "despojaran al Tío Sam de sangre y riqueza", ahonda Buck.
"Dados los terribles costos que conllevaría dicha invasión, Trump debería optar por un camino diferente: declarar la victoria y desescalar la situación. Washington debe dejar de malgastar el dinero estadounidense y preservar las vidas de los valientes hombres y mujeres que a diario contribuyen a nuestra seguridad nacional con su sangre", concluye.
Ambos analistas recuerdan, también, que analizar el factor kurdo: hay informaciones que sostienen que el Mossad y la CIA llevan meses armando a este grupo, al que pertenece más del 10% de la población, y la CNN en concreto ha dicho que ya están siendo directamente armados. Modarres cree que el escenario, si les piden que empiecen ellos con la ofensiva, puede ser "peor" por la descomposición que puede acarrear. Además, está el factor turco: Ankara no quiere que se aliente a una población que también le da dolores de cabeza en su territorio. Y la realidad de que los kurdos, por sí solos, no pueden dar un vuelco.
Muchos factores que, en principio, desalentarían la incursión terrestre a cualquier dirigente. Pero nadie sabe lo que se le puede ocurrir a Trump...
