La historia de la piedra con forma de corazón de Córdoba: qué cuenta y cuál es la realidad detrás de ella
Cuenta la leyenda que, tras fallecer su marido, una mujer mayor se encargaba de pintar esta pequeña roca de forma periódica. Sin embargo, la realidad es algo menos edulcorada.

Dicen que no se muere quien se va, solo el que se olvida. También que el amor se encuentra en los pequeños detalles, no en los lujos extravagantes. Y ambas frases resumen de forma perfecta la historia de a continuación. Una leyenda de amor—que parece sacada de una película dirigida por Woody Allen— que ha conseguido ganarse un hueco especial en la ciudad de Córdoba y que puede que algunos aún ignoren.
Nos situamos en la calle Armas, en pleno casco histórico de Córdoba y cerca del río Guadalquivir. Allí —prácticamente a la vista, aunque imperceptible al ir con prisa— se encuentra una pequeña piedra con forma de corazón y pintada de color rojo, cuya leyenda se conoce entre los cordobeses.
Cuenta la historia de una mujer de unos 80 años que, tras perder a su marido (quien, se dice, solía dibujar corazones rojos para ella) decidió pintar la piedra de color de rojo de forma rutinaria como recuerdo, mensualmente, para que así cuando su amado bajase del cielo pudiese encontrarla. Y, aunque podría ser verdad, lo cierto es que la historia detrás de esta pequeña roca, es algo menos romántica, aunque no por ello menos curiosa.

Fue una nieta de una de las vecinas, según afirma ella misma
Tan solo hace falta echar un vistazo alrededor de donde se encuentra la piedra, concretamente a una de las viviendas de enfrente. Allí se encuentra instalada una placa con el dibujo de un corazón en el centro en el que se puede leer un código QR que recoge algunos testimonios de vecinos de esta calle, como el de Mar, Carmen o el de Samuel.
Es precisamente allí donde una mujer explica que, en realidad, el origen de esta historia no es más que fruto de una travesura de su nieta, quien "está enamorada de su novio y vio el corazón y un bote de pintura y pintó el corazón". Fue entonces cuando comenzó esta tradición, según su versión. A pesar de la declaración de dicha vecina, lo cierto es que no hay ninguna prueba exacta que confirme la autoría real. Si bien, con el paso del tiempo, son muchas las personas que se han pasado por la zona para pintarla, por lo que se podría decir que es de autoría colectiva.
El HuffPost ha contactado con la pintora cordobesa Mar Jiménez Aguilar, una de las vecinas, quien ha explicado que esta leyenda urbana lleva ya tiempo circulando y que muchos turistas se acercan a la calle de forma regular en busca de esta pequeña piedra.
Si bien se desconoce a ciencia cierta quién fue la primera persona que la pintó (más allá de los testimonios), lo cierto es que esta pequeña piedra se ha convertido ya en todo un emblema de la calle e incluso de la ciudad.

