Una periodista británica con celiaquía visita una ciudad española y todo cambia: "Por primera vez desde el diagnóstico he podido relajarme y volver a enamorarme de la comida"
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Una periodista británica con celiaquía visita una ciudad española y todo cambia: "Por primera vez desde el diagnóstico he podido relajarme y volver a enamorarme de la comida"

Viajar con celiaquía no tiene por qué ser sinónimo de renuncia. En ciudades preparadas, puede ser justo lo contrario.

Terraza de un bar en la Plaza Mayor de MadridGetty Images/Glowimages RF

Cuando le diagnosticaron enfermedad celíaca, la periodista británica Sian Elvin sintió algo más que alivio por poner nombre a lo que le ocurría. También apareció el miedo. Comer fuera, viajar, improvisar… todo aquello que antes era parte del placer de descubrir el mundo empezó a convertirse en una fuente constante de preocupación.

Durante meses, la idea de viajar quedó en pausa. La posibilidad de enfermar por una mínima contaminación cruzada —algo habitual para quienes deben evitar el gluten de forma estricta— pesaba más que las ganas de hacer la maleta. "He tenido bastantes ganas de viajar desde que me diagnosticaron hace aproximadamente un año; eso fue hasta que un amigo me sugirió Madrid", señala en en un artículo de The Guardian.

Desde el primer desayuno, la experiencia fue distinta. Poder pedir comida preparada en espacios completamente libres de gluten —sin dudas, sin explicaciones incómodas— marcó la diferencia. Lugares como Only YOU Boutique Hotel le permitieron disfrutar sin ese cálculo mental permanente que acompaña a muchos celíacos.

"La comida estaba tan buena que por un momento olvidé que era celíaca: el salmón con chips de boniato era ligero y sabroso, así que compartimos la tarta de queso vasca y el pastel red velvet de postre. Si no te lo hubieran dicho, no te habrías dado cuenta de que no contenían gluten", afirma la misma. 

La sorpresa continuó en panaderías y restaurantes repartidos por la ciudad. Desde dulces elaborados hasta tapas tradicionales, la oferta era tan variada que, en ocasiones, olvidaba que estaba siguiendo una dieta estricta. Incluso quienes la acompañaban, sin restricciones alimentarias, apenas notaban la diferencia.

"Normalmente me resulta complicado orientarme en las panaderías, ya que si hay gluten, existe un alto riesgo de que las migas se mezclen con la comida. Pero en Madrid hay varias panaderías aptas para celíacos, así que primero hice que mi amiga caminara casi una hora por la capital española para probar Holy Grain, que ofrece donuts, pasteles y galletas de colores vivos", cuenta antes de agregar que "el rollo de canela fue lo mejor de nuestra visita".

Poder sentarse a una mesa sin miedo, elegir sin ansiedad y disfrutar sin consecuencias cambió su forma de ver los viajes, según cuenta. Y lo que antes parecía un obstáculo insalvable se convirtió finalmente en una posibilidad real. "A cualquiera que esté en mi situación le recomiendo encarecidamente que reserve un viaje a Madrid cuanto antes. Por fin podrá relajarse —algo poco común para alguien con celiaquía— y volver a disfrutar de la gastronomía", concluye. 

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