La historia del imponente conjunto de joyas que lució la reina Camilla en la cena con los Trump en la Casa Blanca y que había permanecido escondido más de 40 años
Aunque no llevó tiara, sí brilló con un conjunto de amatistas que lleva siglo y medio en poder de la familia real británica.

Lo habitual en los banquetes de gala es que todas las miradas se centran en ellas, en lo que llevan puesto. Que si su vestido es de tal marca o de esta otra, que si lleva joyas o si no las lleva... Así suele ocurrir por mucho que a las royals no les haga gracia que toda la atención vaya a su aspecto.
Sin embargo, en el banquete que Donald y Melania Trump ofrecieron en la Casa Blanca en honor a los reyes Carlos y Camilla con motivo de su visita de Estado a Estados Unidos, la atención recayó más en Carlos III, que ofreció un brillante discurso con elegantes pullitas al mandatario estadounidense.

"Recientemente usted comentó, señor presidente, que si no fuera por Estados Unidos, los países europeos hablarían alemán. Me atrevo a decir que, si no fuera por nosotros, ustedes hablarían francés", soltó el rey en el banquete en la Casa Blanca.
También indicó que la cena era "una mejora muy considerable con respecto al Motín del Té de Boston", cuando colonos arrojaron cargamentos gravados de té británico al mar en 1773. Horas antes, en su alocución en el Congreso, que fue muy aplaudida hasta por Trump, el monarca había expresado que "la OTAN está comprometida con la defensa mutua".

Con todo ello, las palabras de Carlos III y los gestos y palabras de Trump son lo que más ha llamado la atención. Pero por mucho que Camilla esté pasando más desapercibida –y agotada por el jet lag-, es cierto que en la cena brilló gracias a un vestido de fucsia hecho a medida y firmado por la diseñadora británica Fiona Clare, por la que la reina consorte tiene predilección.
De este vestido destacan su bordado superior de pedrería con motivos florales y de estrellas, su potente color y su escote en uve, lo que encaja perfectamente con el increíble parure que se colocó para la ocasión. Porque no era una cena de tiaras, pero nadie dijo que una reina no pudiera llevar joyones en la residencia oficial del presidente de los Estados Unidos de América.

Así que Camilla se apeó la tiara, pero deslumbró con un impresionante conjunto de amatistas que lleva más de siglo y medio en la casa real británica, pero que no había sido visto desde 1985.
El aderezo perteneció a la madre de la reina Victoria
Se trata del llamado parure de amatistas de Kent, llamado así porque perteneció a una duquesa de Kent decimonónica llamada Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, casada con el duque de Kent y madre de nada más y nada menos que de la legendaria reina Victoria.

Consta de un collar, tres broches, dos pendientes y dos prendedores para el cabello. De ellos, Camilla se quedó con una versión más corta del collar, que es desmontable, y los pendientes. Todo es de amatistas montadas con brillantes y oro blanco, unas piezas de enorme belleza y valor que se han visto en público pocas veces y que esconden su historia.
Cuando la duquesa de Kent falleció en 1861 y su hija examinó las pertenencias legadas por su madre y vio lo que había, decidió que algunas de esas piezas pasarían a ser joyas de la corona que pasarían de monarca en monarca. Entre ellas estuvo el aderezo de amatistas, pieza de gran valor y belleza que Victoria de Kent llevó en vida, pero no su hija Victoria.

Como relata British Royal Jewels, hubo que esperar a 1902, ya fallecida la reina Victoria, para que su nuera, la reina Alexandra, se colocara el conjunto colgando de la falda. En la siguiente generación no hay prueba gráfica de que la reina Mary se colocara el aderezo de amatistas, mientras que la reina Isabel, esposa de Jorge VI, sí utilizó los broches en varias ocasiones.
En cuanto a Isabel II, con 70 años de reinado y muchas oportunidades de llevar joyas, hizo uso de los broches en numerosas ocasiones cuando iba vestida en tonos morados o violetas. Además, se colocó en un par de ocasiones el conjunto completo.

La última vez había sido en un banquete de gala en Portugal en 1985, cuando escogió una versión más larga del collar de amatistas que la que se colocó la esposa de Carlos III para una histórica visita de Estado en la que las palabras y los gestos han sido más poderosos que la imagen, aunque desde luego Camilla ha puesto el listón muy alto.
