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26/10/2013 10:00 CEST | Actualizado 25/12/2013 11:12 CET

Una banda de genios

Detrás de Oregón Televisión, una de las perlas de la televisión en España, está Félix Zapatero, un tipo muy brillante que siempre anda en la sombra. Félix lo ha clavado al armonizar a un sensacional equipo, potenciar lo mejor de cada uno y extraer del grupo un programa de oro.

Desde hace casi 30 años me lo encuentro cada dos por tres por el Tubo zaragozano y sus alrededores. Es muy posible que, en los últimos tiempos, haya comido en el restaurante Hermógenes más veces que en su casa. Trabaja como una mula desde los 70 y es uno de los grandes de la cultura aragonesa. No ha recibido premios ni medallas y en el Tubo pasa inadvertido. Pero si los que se cruzan con él supieran las cosas que le podrían agradecer, más de uno se pondría de rodillas. Es Félix Zapatero, un tipo muy brillante que siempre anda en la sombra.

La primera vez que supe de Félix él era uno de los animadores de El Grifo, un grupo de teatro subversivo, iconoclasta, tocapelotas y muy divertido liderado por Dionisio Sánchez, otro ser crucial refractario a las bendiciones oficiales. Desde los años 80 Félix se sumergió en el mundo audiovisual y se destacó como realizador y productor de cine, video y televisión. Intervino en la producción o el cásting de películas rodadas en Aragón por Terry Gilliam y Ridley Scott y en El imperio del Sol que Spielberg rodó en Almería. Fue uno de los primeros que subrayaron las inagotables posibilidades de Aragón como tierra de rodajes y hace 20 años escribió un libro que inventariaba los escenarios aragoneses indicados para filmar películas. Y, luego, desde finales de los 90, con la productora Lobomedia, sacó adelante, entre otros proyectos, programas de televisión muy jaleados: Que viene el lobo, Vaya comunidad o, desde hace siete temporadas, Oregón Televisión, el lujazo que emite los sábados Aragón TV, la tele autonómica que dirige Pepe Quílez. La otra noche del Pilar, mientras Marisol Aznar y Jorge Asín leían su pregón, yo no dejaba de pensar en lo feliz que se sentiría Félix Zapatero. Oregón es su obra maestra y una de las perlas de la televisión en España. El programa es una exhibición de las facultades de Félix Zapatero como impulsor de iniciativas, como productor y como detector, formador, motivador y domador de egos y talentos. Félix lo ha clavado al armonizar a un sensacional equipo, potenciar lo mejor de cada uno y extraer del grupo un programa de oro.

Alguna vez he insinuado que De tu ventana a la mía, la opera prima de Paula Ortiz, es una muestra de lo lejos que en esta tierra podíamos llegar en el cine. Algo parecido se puede decir de Oregón y la televisión. Este programa es también una antología de profesionales aragoneses al servicio de un producto televisivo de primera categoría. En Aragón hay estupendos directores, realizadores, productores, guionistas, técnicos, artistas, músicos, maquilladores, peluqueros y actores y en Oregón, alrededor de Félix, se ha producido la feliz coincidencia de un montón de ellos. La relación es muy amplia. Entre otros, Marisol Aznar, Jorge Asín, David Angulo, Laura Gómez-Lacueva, Alfonso Palomares, Alfonso Pablo Urbano, Yolanda Blanco, Francisco Fraguas, Pablo Lagartos, Luis Rabanaque, Rafael Blanca, Chavi Bruna, Ana Nicolás, David Gómez, María Mengual, Diego Martín, Pepe Tricas, Ana Rosel, Abilio Langa, Irene, José Antonio Videgaín, Javier Coronas o Samuel Zapatero, hijo de Félix y, como director, figura clave desde hace unos años. Muchos de ellos admiten que Félix Zapatero ha sido una persona esencial en sus vidas y Félix siempre se ha partido la cara por los suyos.

Oregón se nutre del sainete, la parodia, la sátira, la caricatura, el disparate, la ironía, la astracanada, el esperpento, el humor somarda, la retranca, el absurdo y el surrealismo, el de raíz baturra y el de raíz buñueliana. Su materia prima básica es el imaginario aragonés -el carácter, la historia, el habla, el acento, los giros, los iconos, los escenarios y paisajes, los tópicos- pero también, por ejemplo, bebe del cine, la televisión y la música incorporados a la memoria popular, a los que retuerce y da la vuelta con un ingenio extraordinario. Este programa desafía algunos antipáticos clichés asociados a Aragón: el rabioso individualismo, un cierto complejo de inferioridad y el sentido del ridículo que nos impide chotearnos abiertamente de nuestros iconos y miserias. Oregón ha calado entre los aragoneses por su calidad pero, también, por su deliciosa capacidad para -la catarsis es de libro- provocar la identificación y disparar la autoestima con un espejo cómico. No tomarse en serio es una señal inconfundible de grandeza y Oregón sugiere lo saludable que es para la cabeza colectiva que nos riamos de nuestra sombra.

El de Oregón es un equipo tan bien engrasado, con una personalidad y un estilo tan depurados, que, como sucede en ciertos equipos de fútbol cuando pierden alguna de sus estrellas, han sabido superar con naturalidad la salida del programa de dos de sus cracks, Javier Coronas y el guionista y escritor José Antonio Videgaín. Marisol Aznar y Jorge Asín forman una pareja muy potente, a la altura de las grandes parejas de cómicos que ha habido en España. Tienen gracia, brío y descaro, son muy brillantes y su calidez provoca que el público siempre se ponga de su lado. Desde hace más de un año representan por ahí Tiempos modorros. Si el Oasis de Enrique Vázquez continuara vivo como cabaré, ellos, con ese espectáculo, estarían destinados a reinar todas las noches en el local de la calle Boggiero, como hace 30 años lo hacían Moscatelli y Merche Navarro. Marisol y Jorge son cómicos de la calle y de la legua, castizos y modernos, con más tablas que un armario, expertos en salir airosos de cualquier escenario, de cualquier aprieto. Marisol estudió Historia en la Universidad y Jorge aprendió mucho de la vida y de la gente cuando trabajaba como fontanero. Luego los dos se formaron alrededor del Teatro de la Estación, la Escuela de Teatro y coincidieron en los Mac Clown, un nombre que les sienta como un guante. No solo actúan: lanzan ideas, escriben guiones y se arremangan para hacer lo que sea preciso. Jorge y Marisol tienen más afinidades: los dos adoran Zaragoza y los dos son roceros, apasionados, entusiastas, y, básicamente, muy buena gente.

Juan Alberto Belloch, el alcalde de Zaragoza, se mostró muy inspirado el día que decidió los pregoneros de este año de las Fiestas del Pilar. A todos nos pareció muy bien. Ese es otro de los tópicos que ha desmontado Oregón Televisión: a veces, entre los aragoneses, más allá del Ebro y la Virgen del Pilar, se puede desatar la unanimidad cuando se trata de admirar y querer. Yo, al menos, no conozco a nadie que conozca a alguien que no se sienta orgulloso de esta banda de genios. La banda de Félix.

Este artículo se publicó originalmente en el diario Heraldo de Aragón.

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