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16/02/2013 10:10 CET | Actualizado 17/04/2013 11:12 CEST

El que busca encuentra amigos

Creo firmemente en la amistad. La tomo en serio. Es una condición que puede ser para toda la vida y puede llegar por circunstancias de la misma. Sólo en nosotros recae la responsabilidad de convertirla en profunda y auténtica y por recientes o antiguos que sean los amigos merecen respeto, lealtad, cariño y como con nuestros hijos, tiempo.

Creo además que existen amigos sin intenciones románticas aunque considero que la amistad debería ser atendida con el mismo entusiasmo con el que se considera un romance.

Hay a quienes la vida nos impone un cambio de ciudad e incluso de país. No tenemos otra opción más que hacer nuevos amigos a los que eventualmente tendremos que abandonar al menos físicamente en cualquier momento. Y entre la certeza de nuestra llegada e incertidumbre del día de partida tenemos que aventurarnos a buscar personas que estén dispuestas a brindarnos su amistad aún con previo conocimiento de que puede ser temporal. Pero por algo se debe empezar.

Entrar a un grupo nuevo resulta difícil si has pasado de cierta edad y la situación se dificulta cada vez que nos hacemos mayores. Parece que la gente, cuando cree tener resuelto su círculo de amistades, tiene varias lecturas y perspectivas ante la llegada de alguien diferente. Sin quererlo nos ponen a prueba.

Aunque parezca difícil de creer existen personas a las que definitivamente no les interesa incluir a nadie en su grupo. Declaran pereza, desconfianza o simplemente poco interés. Generalmente son aquellos que nunca han salido de su entorno.

Existen otros que no rechazan la posibilidad de una amistad y que logran incorporar a los nuevos individuos en diversas actividades. Se agradece por siempre la buena intención y comprensión para con el recién llegado.

Por último, hay también grupos con espíritu solidario y generoso cuyos miembros deciden meter abiertamente en su círculo a todos aquellos con los que se tengan química. Como en el amor y el romance en éste punto la química es fundamental. Sin embargo salen a flote otros elementos que ayudan a que la posible relación de amigos fluya con más fuerza y determinación.

Las parejas, novio o novia y/o esposo o esposa, deben tener la misma intención de entrar al grupo; de lo contrario es imposible cualquier intento.

Si hay hijos, será mejor si éstos coinciden con edades similares para compartir al igual que sus padres. Finalmente es importante que entre los candidatos no exista rivalidad profesional que impida el sano proceso que conlleva a una amistad.

Se supone que a través de los años se gana madurez y en teoría somos capaces de determinar qué estamos dispuestos a compartir. Otra vez, como en el plano romántico, si una persona que acabas de conocer simpatiza contigo no debería generar tanto esfuerzo intentar una amistad. Nos cuesta más tomar la decisión de invitar a casa que seguir los pasos de los demás en las redes sociales aparentando amistad a punta de clicks en "me gusta". Las personas que llegan por casualidad no son los amigos de infancia ni pretenden serlo. Tampoco serán partícipes de experiencias o anécdotas colegiales pero compruebo que aportan cosas valiosas. Son leales, serviciales e incondicionales. Esos no son valores exclusivos de los amigos de toda la vida.

Durante mi paso por diferentes lugares y ambientes, he encontrado personas especiales a las que hoy en día puedo llamar amigos. Han ido llegando a mi vida de una forma inesperada y sorpresiva. Me han brindado su compañía y ayuda. Gracias a ellos me siento segura en el mar de inseguridades que rodea a una persona que apenas se instala en un nuevo lugar. He descubierto que quedamos muchos dispuestos a entablar nuevas y sinceras relaciones. También me convenzo con los años de que sólo los auténticos amigos sobreviven a la distancia y el tiempo.

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