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17/12/2014 07:12 CET | Actualizado 15/02/2015 11:12 CET

Carta a mi pastora lavandera por Navidad

Este año ya he escrito la carta y he pedido que un proyecto que voy a iniciar salga bien. Después de más de un año en paro y a una edad en que piensas que vas a vivir con cierta tranquilidad -no amuermada-, te encuentras que tienes que formar parte de los llamados emprendedores (que no jóvenes). Parece que la sociedad te castiga porque has cumplido los cincuenta y te hacen pensar que ya no vales para nada.

Hace muchos años decidí que en mi casa, la noche del 24 al 25 llegaba el pastor, no Papá Noel ni Santa Claus, que no me dicen nada. Cada uno elegimos -lo seguimos haciendo- un pastor y dejamos delante del elegido una carta en el que no pedimos regalos, sólo escribimos ilusiones, proyectos, deseos y agradecimientos. A cambio, al día siguiente recibimos un regalo y nuestras cartas desaparecen.

La imagen de la lavandera en el nacimiento de mi casa.

Este año ya he escrito la carta y, entre otras cosas, he pedido que un proyecto que voy a iniciar salga bien. Después de más de un año en paro y ya a una edad en que, en principio, piensas que vas a poder vivir con cierta tranquilidad -no amuermada-, te encuentras que tienes que formar parte de los llamados emprendedores (que no jóvenes). Parece que la sociedad te castiga porque has cumplido los cincuenta y te hacen pensar que ya no vales para nada, hasta que levantas el vuelo y decides que sí, que todavía puedes volar. Y en ese inicio de vuelo cuentas con el apoyo de los que te quieren, y también, cómo no, con aquellos que se empeñan en disparar a las alas. El agua del río, donde lava mi lavandera, baja turbia de desilusiones, tristezas y desamparo que muchas personas en el país sufren, y que deseo desaparezcan.

El secreto, la pluma y la presa son piezas de carne de cerdo, pequeñitas, escondidas pero muy sabrosas. Las encuentras en Happig.

Aún así, la vida sigue y la gastronomía navideña invade tiendas y redes sociales. Mis paseos por las calles de Madrid dan siempre resultado. En la calle Juan Bravo 52, en Happig, se encuentra el cerdo representado en todos sus despieces: embutidos, jamones, carne fresca, y a precios muy competitivos. Otro sitio que me gusta mucho es un pequeño local dedicado a los quesos, La casa de los quesos, situado en la calle O'Donnell, 34, muy cerca de Fernán González. Tienen una gran variedad de productos, y en el propio establecimiento te guiarán para elaborar la mejor tabla de quesos posible. En mi opinión, os recomiendo que elijáis un curado de leche de oveja puro, un cremoso, un ahumado y un queso de los llamados azules. Si podéis, acompañadlos con picos, nueces e incluso con orejones.

Así nos recibe La Chelo, coloquial y lejos de sofisticación. Nueva etapa de Iñaki Oyarbide.

Por otro lado, en lo que se ha convertido en la milla de oro del tapeo está el navarro Iñaki Oyarbide con La Chelo en la calle Menéndez Pelayo, 17. Llegó en septiembre con fuerzas renovadas y es sin duda un sitio que merece la pena visitar.

Cartel anunciador de la próxima cita en el Mercado de Productores de Madrid.

También muy recomendable es el Mercado de Productores de Madrid, que se celebra el último fin de semana de cada mes en Matadero, Paseo de la Chopera, 14. Este mes de diciembre, el sábado 27 (de 11 a 19h.) y el domingo 28 (de 11 a 17 h.), acuden productores de toda la Comunidad de Madrid con sus productos frescos y elaborados. Se puede comprar prácticamente de todo, en un ambiente de mercado festivo, y donde además se puede hacer un descanso y, por supuesto, picar algo.

Portada del libro El segundo cerebro de Miguel Ángel Almodóvar.

En cuanto a novedades literarias, mi amigo Miguel Ángel Almodóvar ha publicado hace muy poco El segundo cerebro. Se trata de un libro en el que se demuestra la importancia del estómago y el aparato digestivo en general como caja de resonancia de todas nuestras vivencias. Tengo mariposas en el estómago, se me ha hecho un nudo en el estómago, tengo el estómago, se me ha puesto el estómago en la boca.... Son todo expresiones figuradas, pero las sentimos como si fueran reales. Además, Almodóvar explica cómo la alimentación, una vez más, juega un papel fundamental en la prevención de enfermedades. Todo ello por menos de veinte euros y escrito con la amenidad y los amplios conocimientos en nutrición y gastronomía que caracterizan a su autor.

Llueve en Madrid y el agua corre por los bordes de las aceras mezclada con hojas secas. Me viene a la memoria el magnífico libro El río que nos lleva, de José Luis Sampedro. Llego a casa y mi lavandera sigue lavando.

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