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14/02/2013 19:25 CET | Actualizado 27/10/2015 18:35 CET

El (presunto) acosador sexual de Canal 9. Parte II - Las periodistas

EFE

Puedes leer aquí la primera parte de este artículo

Es difícil hacer un relato que pueda englobar a las tres periodistas. Cada una llega a su calvario particular de una manera. Cada una tiene su forma personal de intentar zafarse. Pero hay algo, según cuenta su propio abogado, que podría definirlas a las tres: todos son confiadas, de carácter sosegado. Algunos amigos dicen además que siempre fueron afectuosas, divertidas... Da igual. También da igual cuáles eran sus ocupaciones en RTVV, da igual si gracias a Vicente Sanz medraron o no en sus carreras profesionales (algo que las persigue como un mantra). Da igual hasta qué punto fueron incautas, hasta qué punto consintieron demasiado.

Nadie merece esa condena, ese abuso de su cuerpo y de su mente, ese maltrato, esa humillación, esa intimidación.

Puede que un día se equivocaran aceptando una invitación que parecía inocente, no viéndolas venir, no midiendo las consecuencias de la risa y el compadreo. Puede. Pero quedarse en esa parte del relato es injusto.

1. Como empezó todo

Vicente Sanz descubría a las mujeres que podían interesarle pululando por la redacción, o por el bar... A ellas, a las tres protagonistas, también. Un día tiene información suficiente y le entra, por ejemplo, a una de ellas. Una sonrisa, una frase chispeante. Ella sonríe también. ¿Por qué no?

Los días pasan. Las bromas inocentes continúan. Pero la tela de araña se va tejiendo con una máxima: al principio les deja claro que tiene todo el poder, y con el tiempo les hace creer que se lo deben todo. De pronto surge una invitación a comer, una insinuación aparentemente inocua, un gesto ambiguo... Una reunión trampa. Cuando quisieron darse cuenta estaban a punto de caer para siempre en su pozo sin fondo.

2. Los detalles inofensivos

Cuando ya se había establecido una cierta relación de confianza sucedió lo siguiente. María, (nombre inventado), había tenido una historia sentimental con otro trabajador de la cadena. Cuando Sanz se enteró, parece que le dio algo así como un ataque de celos y "dijo que se lo iba a cargar". María no le dio mayor importancia hasta que un día supo que su ex había cesado en el cargo, para pasar a un rango menor. Sanz quiso celebrarlo con una invitación a comer. Aquí entran los personajes secundarios. ¿A quién le dio la orden de la defenestración Vicente Sanz? El que la recibió, ¿preguntó los motivos, se negó, le pareció justo, o cesó al compañero y ya está?

Decadencia moral, ¿quizá? Tenía poder, eso era indudable. Y sí, llevarle la contraria podía tener consecuencias fatales.

3. Los mensajes sexuales

Habían llegado en sms, en mails, en mensajes de voz. Sorpresa inicial. Más mensajes. Acoso. Más cal y arena. Eran eróticos, porno incluso. ¿Por qué ninguna de todas los paró? Otra vez el miedo. Las amenazas sutiles habían quebrado parte de la voluntad de estas tres mujeres universitarias, adultas, solventes. Llegó el momento en el que debían decirle siempre dónde estaban, qué hacían. Incluso darle las buenas noches. Llegó el día de la primera amenaza velada, del primer mordisco, de los primeros zarpazos. De la primera vez que se toca delante de ti en su despacho. Al otro lado del despacho, por cierto, está su secretaria, y una planta llena de personal del ente. Secretaria y trabajadores que ven entrar y salir a las tres chicas. Y a otras tantas. Porque esa es otra historia.

4. Las demás mujeres

Según relataron en el juicio las periodistas que le denunciaron, él se jactaba de que como ellas, había más. Más mujeres de la tele que habían accedido, que se habían doblegado. Y para demostrarlo, esta escena, que también forma parte del sumario: abría el cajón de su mesa y blandía la ropa interior que, según contaba, las chicas le habían dado, tras quitársela en su presencia. Y ahora la pregunta. ¿Cómo es que no salían huyendo? ¿Por qué aguantaron tanto? ¿Por qué no se lo contaron a nadie?

Visto desde fuera, así, en frío, una cree imposible que a una le pase. Yo, por ejemplo, estuve en ese despacho en más de una ocasión por razones profesionales. Y no, nunca se insinuó, y no, nunca me sentí intimidada. Pero tampoco me han maltratado nunca, ni física ni psíquicamente. Sencillamente, no doy el perfil. Lo que no puede, jamás, victimizar a las que sí lo dan. Esa es la clave.

5. Buscando salidas

Tras varios años (cada una de ellas tiene su propio tempo de locura), cuando ya la vida de las tres se había convertido en la No vida, en un lugar sin nada, sin nadie, sin sentido, llegaron los pensamientos suicidas. El acoso (presunto), el abuso (presunto) no cesaba. Se habían inventado enfermedades para zafarse, habían perdido a parejas, habían solicitado bajas por depresión, se habían sentido culpables, solas, sucias... Dos de ellas, que habían tenido que prestarse juntas (las dos a la vez, sí, para el solaz del sátiro), a la humillación (presunta), al abuso sexual (presunto), sacaron fuerzas de donde no tenían para un último intento.

6. Los hombres que no amaban a las mujeres

Stieg Larsson había creado a Lisbeth Salander. Y una de las periodistas la descubrió. Una de las escenas del libro cuenta cómo Lisbeth graba en vídeo los abusos, la violencia brutal de su tutor para demostrar la verdad después, por si nadie quería creerla. Y la periodista humillada ve en ello una salida. Se lo cuenta a su otra compañera, compran una cámara oculta y a partir de entonces lo registran todo.

Sanz había alegado en su defensa que las relaciones con dos de ellas sí habían tenido lugar (a una tercera la negó siempre) pero que habían sido consentidas. Afortunadamente para ellas, el material audiovisual, que ponen en poder del juez tras la denuncia, era tan escalofriante, tan incontestable, que el procesamiento contra Sanz se llevó a cabo sin remisión.

Las negativas, los llantos, las súplicas para que cese todo, y TODO lo demás está documentado y nadie puede negarlo. Los mails, los mensajes, las palabras soeces, las órdenes que violentaban, el sexo que violentaba. Todo se vuelca en el juicio.

7. Buscando ayuda

Pero antes de ese día purificador para las periodistas, habrían de pasar otros días negros, en los que las tres buscaron cómplices, apoyo, ayuda, antes de llevar a cabo la denuncia. Intentaron primero que las "otras" mujeres que, según les había dicho el propio Sanz, también habían estado en aquel despacho, se unieran a ellas. Pero aquellas, a la menor insinuación, huían horrorizadas, sin negar nada, pero sin brindar apoyo.

Llegó el turno de las más altas instancias de la cadena: Director General, López Jaraba. Directora de Canal, 9 Lola Johnson, (que fue consellera de Cultura poco después). A los dos les llega la historia, tras muchos intentos por parte de las periodistas. Era un terreno demasiado resbaladizo y ninguno de los dos lo afronta de cara. Ninguno de los dos las toma de su mano. Ninguno de los dos toma medidas drásticas. Evasivas, esquinazos, excusas para no recibirlas. Solo cuando la denuncia está presentada, y ellos son llamados a declarar como testigos, no tienen más remedio que admitir que lo supieron antes. Y quedó en evidencia que no hicieron lo que debían. Supongo que no debe ser fácil vivir con ese cargo de conciencia.

Al final, ni los de la cuerda de las chicas (se supone que estaban más cerca de los afines al PP, que de los "rojos", siendo reduccionistas), ni sus colegas, les echaron un cable. Recuerdan todos en esa casa cómo una de las mujeres del sindicato USO, (el sindicato amarillo creado por el propio Sanz) aseguró, cuando ellas insinuaron la historia: "Al que toque a Vicente Sanz, lo mato".

Tuvo que ser fundamentalmente la Intersindical Valenciana, ese nido de "progres", quien las sostuviera, judicial, laboral y psíquicamente, en los inicios del camino, aquel 23 de febrero de hace tres años, cuando interpusieron la denuncia.

8. Una cadena pública sin manual contra el acoso sexual

El PSOE, que fundó la tele, no lo creó. El PP, que la heredó seis años más tarde, tampoco. ¿Adivinan quién tenía que haber sido la persona encargada de impulsarlo cuando llegó el PP? Exacto, Vicente Sanz, como responsable de Recursos Humanos, y como secretario general. Solo después de que tuviera lugar la denuncia, el juicio y el procesamiento, la cadena se decidió a poner en marcha un protocolo. Tarde, muy tarde.

9. Recuperar la vida

Volvamos a las periodistas. Perdieron sus parejas (al marido de una de ellas no pareció gustarle que hiciera público aquello y no pudo soportar la historia), y han estado en tinieblas todo este tiempo. El día que entraron en el despacho del que hoy es su abogado (habían pasado antes por otro con el que no conectaron), eran tres cosas insignificantes y malbaratadas. Él supo que todo era cierto nada más verlas. Nadie, dice, puede fingir tanto dolor. Tras un apoyo fiel de sus familias, de algunos colegas, del abogado; tras la asistencia profesional y el paso del tiempo, las tres periodistas remontaron un poco. Han vuelto a organizar sus vidas, han vuelto a quererlas y ellas han vuelto a enamorarse incluso.

10. Fuera de la tele

Eso sí, las tres están en la calle. El ERE, tremendamente arbitrario, de la cadena pública se las ha llevado por delante, junto a más de mil compañeros. Hasta ahí normal. De no ser por un detalle. Al menos dos de los tres miembros que forman el comité que ha realizado la lista de los despedidos (comité del que nadie ha sabido explicarme cómo y quién decide su composición) son dos manos derechas del propio Sanz.

Javier Martínez Salcedo es uno de ellos. Jefe de Recursos materiales, fue aupado por Sanz a ese cargo y pasará a la historia como el hombre que le suministraba por correo electrónico material pornográfico, tal y como se constató en el sumario. Material con el que luego el procesado solía jugar. Manolo Sáiz es otro. Jefe de personal de Radio 9, entró en la casa de la mano de Sanz y le unía a él una estrecha amistad. Ambos han formado parte del comité que ha decidido que las tres periodistas que denunciaron al directivo todopoderoso se hayan quedado en la calle. Y qué casualidad, algunas de las mujeres que decidieron no denunciar, se quedan en la casa.

11. Lo que puede pasar

En marzo habrá nuevo juicio. Aunque la sentencia definitiva puede tardar un año aún. Caso de que fuera condenatoria, al acusado le podrían caer 10 años. Si su abogado recurre, pasará más tiempo. Para entonces tendrá 70 años y probablemente se libre de la cárcel. Tendrá que responder con dinero, eso sí. Y supongo que con pasar a la historia como lo que es. Uno de esos tipos despreciables que afean el mundo.

A las tres periodistas, y a todas las mujeres que son o han sido víctimas de cualquier tipo de violencia sexual les deseo que la vida sea grata con ellas.

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