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06/09/2012 11:25 CEST | Actualizado 05/11/2012 11:12 CET

Olvido

Candidata al Poder fue una película del año 2000, en la que pudimos ver cómo la senadora Laine Hanson (Joan Allen, que fue nominada a un Oscar por el papel), tenía que enfrentarse a un juicio público centrado en su vida sexual y privada, con el objetivo de desacreditarla para el cargo de vicepresidenta de los Estados Unidos.

Aunque el objeto central de la acusación giraba en torno a un supuesto episodio sexual acontecido durante los años jóvenes de la protagonista, lo cierto es que a lo largo de toda la película se juega con la idea de que el poder de las mujeres se entiende como una anomalía del sistema. Pudimos ver a la protagonista enfrentándose a las más variopintas acusaciones de sus oponentes políticos, pero con la complicidad de los medios de comunicación, sobre su incapacidad e incompatibilidad con el ejercicio de tan alto cargo, incluso interrogándola sobre una supuesta maternidad o su posición personal sobre el aborto, y defendiéndose de diferentes acusaciones que tienen como único objetivo demostrar que el poder en las mujeres es un exceso de ambición y nada tiene que ver con el prestigio del poder masculino.

Desde luego y en relación con la sexualidad femenina, queda claro a lo largo de la película que una mujer sexualmente activa pierde puntos en la tabla de la credibilidad, llegando a insinuarse que tal interés y actividad sexual solo puede explicarse si se cobra por ello. En definitiva, una mujer sexualmente activa, que se niega a "defenderse" de las acusaciones de una vida licenciosa, no solo no es apta para un cargo público, sino que, además, solo puede ser una puta.

Me sorprendió la postura digna de la senadora, su certeza de estar no sólo frente a un ataque personal sino a un ataque a todas las mujeres, y a pesar de cierto simbolismo un tanto afectado, y algún que otro patinazo ideológico, no he podido olvidar el desenlace que si cabe refuerza y da mayor valor a la actitud de la candidata. Más por estos detalles argumentales que por la propia calidad de la peli la recuerdo, e incluso la vuelvo a ver cuando casualmente me la encuentro en la tele.

Tal vez también por eso, ha sido mi primera evocación cuando he leído las noticias relativas a la concejala Olvido Hormigos Carpio. Y aunque hay aspectos de la intimidad y de la vida personal de las mujeres y de los hombres que no pueden utilizarse para cuestionar su altura moral para el desempeño de cargo público o para su idoneidad profesional, es evidente que en el caso de las mujeres, estos episodios son especialmente penosos.

Desde luego nadie nos podemos poner en el lugar de nadie y lo que ella decida estará bien, pero le recomiendo que, una vez se harte de llorar, (lo digo porque es lo que yo haría) se vea la peli. Quizá encuentre en ella las explicaciones de quién y por qué han querido hacerle esto, que no puede ser nombrado de ninguna otra forma que como una canallada indecente.

Yo no creo que la concejala Olvido tenga que dimitir por esto. Quien piense que sí, que se lo haga mirar y busque su personaje en la peli, a ver si se gusta.

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