Desde Australia hasta Asia, estas serpientes combinan toxicidad extrema y comportamientos que las convierten en un riesgo real, cuyo veneno puede matar en apenas unos minutos.
La australiana Erin Patterson puede ser condenada a cadena perpetua tras matar a tres allegados con 'amanita phalloides', también conocida como oronja verde, uno de los hongos más letales. Ella se declara inocente.